Tangentes

10:47 p. m. | 6 Comments

Algunas personas pasan por tu vida como una aparición: llegan, están a tu lado, tocan tu presente, te dejan algo...luego...sencillamente se esfuman.
Si de algunas de esas gentes no tuviese un recuerdo compartido con otros, pensaría que los aluciné.
Nunca es predecible cuando o con quién podría pasar. Lo único que pude aprender en todo este tiempo es que esas presencias hacen su incursión tangencial porque así debe ser. Cumplen su parte, y con la simpleza de las cosas evidentes, se van.
Y lo aprendí con fiereza. Lo aprendí porque me tocó la misión de pasar por una vida como un cometa que se acerca, chispea, ilumina, genera movidas...y sabe que su elíptica carrera debe seguir en forma inexorable. Y que el período de giro hará que esas dos vidas que se rozaron, no vuelvan a hacerlo jamás.
Por ejemplo: no consigo recordar el rostro de la pareja de ancianos que retuvieron de la mano a mi hijo cuando, a los 5 años se perdió en la playa en pleno enero. Recuerdo que me sentí llena de gratitud hacia los dos, que la voz me traicionaba y apenas les habré dicho "muchas gracias" pero que pensé, por Dios, fueron ellos y no un desalmado quien detectó que Patito estaba perdido (él no pedía ayuda ni lloraba....hubiera sido presa de cualquier calamidad...)
Esa pareja, desinteresadamente, pacientemente, se portaron como unos abuelos recién adquiridos y para mí, fue un milagro. No los ví de nuevo. Si los viera...acaso los reconocería? Tal vez sí lo haga mi espíritu, que por esos quince minutos horrendos se me había soltado del cuerpo como un barrilete desesperado...

"Pan" es otra presencia que marcó mi vida. Fue el receptor atento y cariñoso de mis más contundentes cavilaciones. Se calzó la obligación de acompañarme, de pensar conmigo, de imitar mi insomnio, de soportar mis confesiones, mis idas y vueltas, mis lágrimas, mis febriles miedos.

Estaba loco y me pegó la belleza de su locura, esa que me hizo pararme frente a mí misma para decidir cuatro cosas, esa que quebró para siempre mi resignación y me pertrechó para aguantar lo que se me vino.

Él sobrevoló dos años, casi tres, dejando caer sobre mi camino, todo el tiempo, incandescencias dulces y ardientes, como gotas de un amor demasiado fuerte, que te provoca a curarte y te hiere a un tiempo. De su mano izquierda vi fluir con total claridad, por primera (y, por ahora, única) vez en la vida, una nubecita móvil de energía. Energía pura.

Me hizo estrenar emociones, cientos, tal vez miles de emociones excéntricas. Hubo una noche de cielo gigantesco con dos estrellas fugaces. Hubo un pájaro azul que habló a nuestro paso. Hubo un bolero, estratégico, casi mágico, que bailamos entre risas y miradas sorprendidas, en plena calla Lavalle. ¡Un vestido...! nadie nunca me había regalado un vestido así. Sabores. Perfumes. Lecciones escritas en la piel, que se volvía curiosamente nueva. Analogías, del color que me pidas. Un anotador que duró tres semanas y que cerró con "Uno se convierte en lo que ama", frase que, por cierto, en ese momento no alcancé a entender.
Se subió al avión con la promesa del retorno floreciendo en su mirada. Pero yo supe,
presagio maldito, que no sería así, que la misión se había cumplido. Me sentí presa de una sorda desesperanza, una punzada justo debajo del esternón, la presoledad, que anuncia negros amaneceres. Como un último regalo -porque, ahora estoy segura, él también supo que no volvería- tomó mis manos, hizo un gesto, su truco: me pasó una dosis de esa energía, como una descarga, que en pocos minutos -inexplicablemente- me sumió en un estado de aceptación y paz.

Se fue para siempre y también se quedó para siempre, más borrosa la imagen, más enraizadas las palabras y las lecciones aprendidas. Hoy, pero muy de cuando en cuando, un mail trae su nombre a mi bandeja de entrada: pero él es otra persona, y yo, claro está, también soy otra. Heráclito no lo hubiese representado mejor que nosotros dos.

Por un buen tiempo quise explicarme qué rayos había pasado. Qué salió mal, qué salió bien, que ecuación estaba mal redactada para un resultado tan desconcertante, tan imposible de describir a los demás.

Como a Pan le gustaban muchísimo las matemáticas y los números primos y el mejoramiento de la criba de Eratóstenes (no me pregunten qué es...JAMAS se lo entendí...jaja) se me ocurrió usar la imagen de una tangente para explicarlo: una recta, una flecha, un enviado, que toca en un punto una curva. Luego ambas partes siguen su camino. Aunque ya nada será igual. A estas personas las llamo mis tangentes. Como han sido tangentes, tan - gentes, y tangibles, es que creo que son reales.
Viajero: si se te llama a ser la línea recta, si es tu misión enseñar, ayudar, contener, no rechaces el trabajo. Si te corresponde ser la línea curvándose bajo el peso de una vida, y una tangente echa una bocanada de aire fresco,no te resistas por temor. Es así como se trenzan las vidas de todos. Merécete tu parte.

Ella se peina

12:22 a. m. | 11 Comments

Ahora paso todos los días por allí, menos los domingos. A veces un rato más temprano, a veces cuando el sol está alto ya y Buenos Aires se mueve, monstruosamente viva, bostezando humedades.
Es el cruce de Independencia y la 9 de Julio, a saber, "la avenida más ancha del mundo".
Allí, en la angosta plazoleta, unos metros antes de la esquina, hay uno de los muchos árboles de palo borracho que engalanan, a su tiempo, la calle eternamente transitada con sus flores magenta o con sus frutos algodonosos, como de nieve seca.
Bajo ese palo borracho, que para esta altura del año apenas ostenta unas hojas resecas y mezquinas y una panza verde-ocre tachonada de púas, duermen los tres. Un hombre viejo (o quién sabe, avejentado por las desgracias de la miseria), una mujer de edad indefinible y una nena. Duermen amontonados, cercados por el frío, nada de decoro ni confort, nada de abrazarse amorosamente, agotados y sucios, se desploman tapados con una frazadita de nada, con más agujeros que lana, sobre un pedazo de goma espuma sucia, en la que se adivinan las marcas y sudores de cuerpos de intemperie.

Cuando duermen se tapan hasta la cabeza, se esconden del mundo, el sueño -la pequeña muerte- debe ser un refugio. Dios, no les des pesadillas a ellos, que sueñen con manjares y calideces, que sueñen lindo, que pasen unas horas del día sin la mortificación de su desamparo...
Cuando el sol pasa su lengua blanca de luz por el piso, se levantan.

Las articulaciones doloridas. Las manos ateridas. El estómago crujiendo insolencias.

Los mayores enrollan sus cosas: el día es largo, no sé hacia dónde, pero se disponen a partir.
Ella está sentada sobre una mochilita que alguna vez fue rosa. Tiene zapatillas de lona, sin medias. Todo del mismo color : gris, gris, gris...
Ella mira la nada: tiene ojos negros y profundos, y la boca bien cerrada, como ajustada.
Se frota los ojos. Se frota la nariz. Varias veces. ("Parásitos" pienso)
Empieza un nuevo día, quien sabe si más penoso que el previo, quién sabe qué nueva crueldad tiene hoy la vida. Como sea, la feroz rutina de sobrevivir se reinicia.


Sólo está sentada, calladita, ahí. Ella no tiene muñecas, ni entradas de cine, ni vestidito nuevo.

Creo que sólo le queda, de nena,
una rudimentaria coquetería.

Día tras día,

día tras día,

al rayar el sol

como un único gesto

de prodigarse arreglo

- arreglo invisible a su belleza prematuramente destrozada -
ella

se peina

Ella se peina.

...

2:45 a. m. | 5 Comments

"Entonces le acomodé una piña.
Y ahora ya sé que soy cobarde."

Mi QR y yo

11:45 p. m. | 5 Comments

Esta alfombra de blancos y negros dice algo de mí.
Si te dan ganas de tener tu propia alfombrita con esta curiosa disposición, fijate aquí.
Si tuvieras en tu celular el software adecuado, que se consigue dando un para de vueltas por Internet, le podrías sacar una foto y luego procesar la imagen con tu soft (na...no duele, ni se nota, ni te das cuenta... apenas el escalofrío de saberte a merced de lo que tu máquina diga o calle).
El proceso duraría apenas segundos y el lector de códigos QR te daría toda la información extraída de ese miserable cuadradito que se contenta con la dupla "luz-no luz"
Y nada de esas insulsas informaciones de supermercado, que rezan: " codigo 1246 yogur descremado 200 gr $1,75" por ejemplo.
No, no, es que hoy día dentro de un QR te podrías topar con casi cualquier data: un resultado de la lotería, el numero de móvil de una persona hipersociable, la receta para una crema relajante, el sentido de la vida...
Epa bueno! no sé si tanto...
No es que sea difícil de explicar, es que otros lo han hecho mejor. De modo que si alguien quiere saber de verdad qué es el QR, pinche por aquí y lea a Julián (es el que más me gustó)

Estoy vaga... extraña...extrañada...me pasan cosas y se me escapan las ganas de pensar y escribir lindo. Sepan disculpar.
Algunas veces basta un solo soplo de brisa para que algo irremediable suceda: un castillo de naipes que se cae, una copa de cristal que se desintegra en cien mil gotas de dura transparencia.
Puede que una esté buscando a tientas el borde de algo conocido a qué aferrarse, a tientas porque no se ve nada, porque no se entiende nada, porque hay un furibundo tucutúm-tucutúm en el pecho que obnubila y tapa todas las demás sensaciones.

Entonces.
Una fracción de tiempo,
acaso menor a un segundo.

La luz, que rasga toda la oscuridad violentamente, de un solo impacto seco, sin permisos.
No dura casi nada, pero es suficiente para que veas, con la desmesura del miedo, todo el panorama.
No hay más que eso.
No se repite.
No genera una suave claridad que se vuelva amigable.

Ha sido sólo ese breve y venenoso mordisco de una boca con encías blancas, un sacudón a las neuronas, un cortante ¡silencio! al batir alocado del pecho. Que, efectivamente, quedamente, con el suave terror de una inocencia truncada, ahora está callado.



Soñé a mi abuelo diciéndome que la luz del relámpago no lastima, pero que, por las dudas, no la mire mucho. Y juro que no la miré mucho. Pero se impuso tanto y con tanta violencia sobre mi corta visión, que no pude evitar beberme...así...de un sólo golpe, toda la situación.

Abuelo: sabés qué. La luz del relámpago sí lastima.

A sugerencia -inconsciente- de Mr Solaris, el video y la letra del tema de Silvio. Enjoy.

Si fuera diez años más joven que feliz

y que descamisado el tono de decir

cada palabra desatando un temporal

y enloqueciendo la etiqueta ocasional.

Los años son pues mi mordaza, oh mujer

sé demasiado, me convierto en mi saber

quisiera haberte conocido años atrás

para sacar chispas del agua que me das

para empuñar la alevosía y el candor

y saber olvidar mejor...

Esta mujer me propone que salte y me estrelle

contra un muro de piedra que alza en el cielo

y como combustible me llena de anhelos

de besos sin promesas y sentencias sin leyes.

Esta mujer me propone un pacto que selle

la tierra con el viento, la luz con la sombra

invoca los misterios del tiempo y me nombra

esta mujer propone que salte y me estrelle.

Solo para verle, solo para amarle

solo para serle, solo y no olvidarle.

Con diez años de menos no habría esperado

por sus proposiciones yo hubiera corrido

como una fiera al lecho en que nos conocimos

impúdico y sangriento, divino y alado

con diez años de menos habría blasfemado

con savia de su cuerpo quemaría los templos

para que los cobardes tomaran ejemplo

con diez años de menos hubiera matado.

Solo para verle, solo para amarle

solo para serle, solo y no olvidarle.

Entonces, en medio de la disección de mi alma, que se dejaba autopsiar como en un sueño sin dolor, empezaron a aparecer las frases que hablaban de los años.
"Se te pasan los años" y "Cuántos años hace que".
"Si en todos estos años..." y "Ya no tenés veinticinco años"
Mientras uno repasa sus acciones entre amigos, no es extraño que aparezcan esos cotejos, estilo "durante ese año que yo hice tal cosa, vos en qué andabas?"
Las caras de los compañeros y enemigos, guardadas en el arcón de la juventud, se presentan en desorden: y resulta que ahora la flaquita que todos se querían comer cruda en el centro de estudiantes es una gorda medio "obse", que les limpia los mocos histéricamente a sus cuatro varoncitos. El seductor de pelo largo estilo sioux es un abogado marmota de barbita candado y pelo duro de gomina. El profe de Sociología es el ministro de Educación. El cantante sexy de nuestra adolescencia es fertilizante para narcisos. (*)
Nuestros padres, gente grande que hay que mirar con otros ojos, porque se empezaron a presentar la osteoporosis, los problemas de memoria, la intolerancia a un alimento...
Nosotros mismos, somos ya una manga de cuarentones. No, claro, obvio, ni qué hablar: estamos todos bárbaros.
Sólo que me pasan cosas como estas: Mi ex novio se casó el mes pasado con una mina que también tenía hijos grandes. Voy por la calle con mi hija y el mejor piropo que recibo es "sueeeeegra!".

Pero yo soy tan soberanamente tonta, que sigo aferrada a algunas fórmulas que me aseguraron (hasta hoy) la lozanía del alma. Me empeño en tener ocasiones de reir a carcajadas, me empeño (¡y cómo!) en enamorarme, me empeño en aprender cosas nuevas, aun cuando la seguridad de lo que ya conozco me tira sus garfios.
Me hago amiga de mis arrugas y las tolero con cierta dignidad (tampoco es verdad que nos gustan, no seamos hipócritas...)
Le pongo garra al día a día, decido que tengo más ganas de tener alegrías que melancolía.
Y les digo por qué...
Prefiero que un antiguo compañero de la Facu, un antiguo amigo, un primo olvidado, me cruce por la calle y piense "mierda! está grande... peroooo... está bien!" Eso solo se transmite si el alma no está enmohecida de desdichas.
Que dolor si Pablo Milanés me dedicara un tema que diga, como en "Hoy la ví":
"Hoy la vi,y tenía un rostro ajeno al que yo amaba;
el que dan unos años de no ser feliz."

Claro que a veces deseamos, amargamente, irremediablemente, tener menos años, volver un poco atrás, reparar el pasado, torcerlo, chistamos y nos autoculpamos "Si hubiera hecho y no lo otro" "Si me hubiera dado cuenta de tal cosa". Sabemos que es inútil, pero gastamos energía en ello de todas maneras.
O necesitamos tener diez años de menos, porque el espíritu aletea salvajemente preso de la carne, porque el corazón late con furia y pasión, pero el cerebro y las buenas costumbres dicen que yo estamos en edad para esas cosas. Rabia, impotencia, maldito Cronos, a los treinta y tres esto no se me había ocurrido y ahora que se me ocurre tengo esta gruesa decena de años de más?
No sé...yo a veces juro que elijo saltar y estrellarme.


(*) Una expresion del profe en "La sociedad de los poetas muertos"
Sueño, sueño, sueño... Abro los ojos para espantar las imágenes que se apoderan de mi cabeza. Vuelvo a dormirme, vuelvo a soñar.
Incomprensible, perturbadora, la pesadilla se repite. "La mato y aparece una mayor", como dice Silvio.
Nunca duermo tantas horas, entonces se lo adjudico a eso. Pero las ideas que se suceden siempre representan lo mismo: un viaje, destino incierto. Y un sentimiento que duele, duele, duele.
Es un viaje que no me decido a emprender, que me causa pena, que me agobia. Un viaje que en mi sueño me empeño en evitar o demorar. Mi hijo es mi hermano, o mi hermano es mi hijo, no sé, me desespera saber qué edad tengo en ese sueño, necesito saber si soy la madre o la hermana, ya que según ese dato, tendré poder de decisión (o no).
Escucho voces que me envuelven, me aconsejan, repiten frases sueltas de la sobremesa de anoche. Muchas nombran ese sentimiento que duele.Muchas empiezan con "deberías" o con "no deberías".
El potencial simple me estremece de terror. No quiero viajar, no quiero ir ahí. No sé si ese viajar implica volver, no sé si implica llegar a un sitio nuevo. Sé que, aun cuando no lo estoy provocando, voy por las veredas de la pesadilla con las manos cargadas de incertidumbres, causando estragos.
Es un sueño barroco, es una trampa de mi cabeza apaleada, no se deja interpretar así nomás. Estoy siendo juzgada y al mismo tiempo comprendida. Me siento en el banquillo de los acusados, esto debe ser un mal sueño, porque no puedo emitir palabra para justificarme, soy incapaz de contradecir a mis potenciales verdugos, tengo sed, esto es una inmensa injusticia, y sí, tienen razón: hice todo lo que están enumerando pero los motivos son tan profundos que cómo podría explicárselos en una sola madrugada... Soy la buena de la peli, qué flaco consuelo, porque a las buenas les toca la parte aburrida, o la parte del esfuerzo, en cuanto se pone divertido aparecen las malas, las malas viajan sin culpa y sin reparos, las malas disfrutan, las malas obtienen livianamente aquello que el destino pone siempre en la lejana línea dorada de mi horizonte...

Me duermo una vez más, esta vez el momento del viaje es inevitable: me esperan, las puertas abiertas del auto. Miro bien: el auto de mi viejo, uno que tuvo hace mucho. Lleno, cargado, repleto, el espacio que me dejan es ínfimo, siempre esa puta costumbre de no hacerme lugar, pienso. Pienso también muchas variantes de insultos clásicos, algunos hasta graciosos (¿me río dormida?) mentalmente le contesto a mi amiga que se equivoca, que se recontra equivoca, que gracias por los consejos pero necesito mi propio tiempo para decidir, mi propio sentido de que el camino es este, que la persona es esta o aquella, que me beneficio o me perjudico o vaya a saber qué.
Lo sobrenatural es común en los relatos oníricos, pero aun asi, mi reacción es sorprendente, hasta hilarante. "Me voy caminando" digo mientras cierro la puerta del auto que me iba a llevar a no sé donde "Me voy, los veo allá"
Murmuran, desaprueban, opinan, argumentan. No me convencen, pero me incomodan.
Me incomodan al punto de hacerme llorar. Lloro en sueños, me despierto con una horrible sensación de pérdida, miro el reloj, y después el calendario, porque se me cruzó por la mente aturdida, como una gasa ensangrentada, la idea de que había pasado mucho, muchísimo tiempo en la cama. No: es domingo, el domingo que debía ser.
Pero entonces decido no volver a dormir. En un papel anoto, para que no se me olviden, las cosas buenas que sé hacer. Lo pliego, una pajarita de papel rosado. Lo usaré como sortilegio, se me ocurre. Si vuelvo a soñar con serpientes, les daré de comer la paloma de mi bien: y que así se envenenen, y estallen...
Ah!
Morfeo, un favor especial, sólo por hoy:
dame un sueño con vista al mar, playita soleada, y amanecer con besos. Y si acaso los sueños llevan música de fondo, que sea Cold Play.
No sé..uds se van a algun lado el finde? porque yo...me quedo en casa.
Y bueno...me divierto buscando cosas como esta... les gusta?



Que lo parió, qué manera de ser patrióticos por este lado del mundo, che!
1ǝ ouıǝɹ 1ǝp sǝʌǝR


1ǝ opunɯ ɐʇsǝ opɐɔoʌınbǝ


sɐʇɐd ɐɹɐd ɐqıɹɹɐ


ǝp ɐzǝqɐɔ...


Lo ví en Microsiervos.
Si no ven el chiste, o lo ven raro, o ven cuadraditos en lugar de las letras... sorry. Es algo que falta en sus PC...después averiguo.
¿Dónde vive la consciencia? ¿Qué sutil instante, qué discreto clic es el que marca el inicio de la vida consciente? ¿Qué fatal muesca en las tablillas de Madame La Mort indica su final irreversible? La delgada línea -roja, o violeta o índigo- que separa consciencia de inconsciencia es una señal débil y huidiza, como una vaga reminiscencia de humo.
Temas intrincados y espinosos, donde se mezclan la filosofía y las ciencias duras, las preguntas atinadas y las vacilaciones emotivas. Hace tiempo largo que me persiguen esas dudas jugosas, y cuanto más averiguo, más me resta por saber...
Miren, hace años, cuando Internet empezaba a ser una linda fábula sobre la comunicación, encaré este trabajo con un grupo de chicos de séptimo grado, que se llamó, pomposamente "El cerebro, los sueños y a locura"
Recuerdo que hubo dispares repercusiones dobre el tema elegido.

En lo que a mí respecta, fue un momento fundacional e irreversible. No pude dejar de interesarme en el tema, como simple curiosa. Y me pasa hoy día algo inquietante, cuando leo ciertas hipótesis que tocan el tema "mente / cerebro / vida consciente", que es la sensación de familiaridad con ciertos discursos de las neurociencias o de la filogenética.

Confieso que largar en la sobremesa de un asado una frase taxativa como "Bueh!! Total que el cerebro no tiene sensibilidad propia y cortarlo no genera dolor" como colofón al diálogo en torno a las trepanaciones de cráneo de los cirujanos aztecas me suele dejar posicionada como una sabihonda o una mentirosa (y no encajo en ninguna de las dos clases)
Pero...¿qué le voy a hacer? ¿Cómo evitarlo? Lo he aprendido en alguna parte, algo me asegura que es así...!

Les expliqué a mis propios hijos en incontables ocasiones, los fundamentos que sirven para explicar que un animalito que convive con nosotros (por ejemplo, nuestra gata Mili) es también una persona. No humana, es claro. Pero sí persona.

Hemos charlado acerca del extraño proceso de la circunstanciación, esa operación que determinaría que las experiencias que se asomaron a suceder en mi cerebro hace más de 43 años, hicieron que mi mente fuera mi mente en este cuerpo y no en otro cualquiera. (sí! cualquiera!). Hipótesis que sostienen que las mentes, los psiquismos, son globos que estallan y se van conformando según su circunstancia (tiempo y lugar, principalmente).
Que son eclosiones, no procesos. Que siempre pasa eso ya sea que se encuentren circunstanciados al cuerpo de una “víbora ciega” taladrando sus subterráneos, o bien al cuerpo de quien lee ahora estas líneas.

Lleva un tiempo considerable asumir estas ideas, y se constituyen en vastísimos temas de debate. Y no se cierran jamás. Y aparecen nuevas y renovadas justificaciones para reabrir la polémica, amable o encarnizada, acerca de la consciencia y la mente.

Uf...:! y cómo agobia a veces esa cordura irrenunciable... Y cómo aguijonean las ganas de no saber, de no desear saber... Maldita consciencia.


Dios me habló!!! Dios me habló!!! Si!!! Aunque Ud. no lo crea! Algún día tenía que suceder...después de tanto entrar a leer devotamente el blog de Dios (aqui) finalmente, en el post "All you need is love" viene una breve y emotiva réplica del Altísimo a mis humildes conceptos.

Se los copio aquí, suenen campanas:


Lo ha dicho VeRa a las 06.43 del 22 de Junio:

Dios habla de veras a través del ingenio y la alegría. Créanlo, corderitos, en este blog se respira a dios...
Dicen que los más sabios son también los más alegres. Y, aunque a veces (muchas, en verdad) el Amor me hizo llorar, ha traído tantos soles a mi vida que sería antinatural no sospechar que existe un dios, y ese dios es el Amor.
Me encantó tu consejo por allá arriba, a quien dijo "recibí mucho amor" y le contestas "reparte"
Pregunto: ¿cuanto más reparta, más lugar haré para seguir el intercambio?

Responde Dios: Claro. Y al no dejarlo quieto, no cría musgo.


Qué Dios tan mundano y simpático, che, que lo parió. (En el logo de su blog se lee: "Escucha atentamente la palabra del Señor. A Él no le gusta repetir las cosas." Ja!)
Del libro "El lector". Un pasaje que me impresionó. Se supone que no es de los más significativos de la historia que he leido. Pero, vamos, a cada uno el zapato le lastima allí donde tiene la herida del calzado anterior.

Y dice:

"Fue entonces cuando empecé a traicionarla.
No es que fuera por ahí contando sus secretos o poniéndola en evidencia. No revelé nada que debiera mantener oculto. Al contrario: mantuve oculto lo que debería haber revelado. Me negué a admitir su existencia.
Sé que negar a alguien es un tipo más bien inofensivo de traición. Desde fuera no se aprecia si uno está negando a alguien o simplemente pretende ser discreto o considerado o sólo intenta evitar situaciones delicadas o molestas.
Pero el que niega a otro sabe muy bien lo que hace. Y negar una relación es una manera de socavarla tan grave como otras formas de traición más espectaculares"

Esto es un dedo en la llaga. Descarna y muestra algo que duele, pero que no está anatemizado moralmente como, bien dice Herr Bernhard Schlink, otras maneras de traición más visuales, más impúdicas, mas turbias, quizás. La traición, cuando aparece un tercero, es fácilmente condenable. Nadie puede servir a dos amos, diría la sabiduria popular. Y el espíritu humano se complace en encontrar justificaciones a sus flaquezas.

Más tarde o más temprano, la tensión entre dos sentimientos cede a la presión mayor de uno de ellos. Es casi natural, casi una ley de la física, casi inexorable. Pasado, cierto tiempo, las aguas se aquietan y la traición de esta calaña pasa a engrosar la lista de pecados que se emparejan con una tanda de buenas acciones a lo largo de la vida, y terminan granjeándole al portador un pasaje al Purgatorio, cuando menos. (O algo así!... que está por verse, porque ahora parece que el purgatorio ya no existe, según el gótico razonamiento de Ratzinger...ese hombre se va a cargar las migajas del catolicismo y se las va a desayunar sin más ni más...)

La otra traición, la del desconocimiento, la del ocultamiento, es menos grave de cara a la sociedad. Bien se podría decir que se trata tan sólo de prudencia. Y a los prudentes no se los acusa. Ni siquiera de ser tibios. Estamos plantados hasta las manos en un entorno que pregona a gritos que lo mejor es el término medio. (Me vino a la memoria una frase de Khalil Gibrán...)

Bien dice el autor de este libro que "desde fuera no se aprecia" pero "el que niega a otro sabe muy bien lo que hace".

Probablemente por eso, cuando se toma consciencia de la negación, aparece claramente la amargura. La de saberse objeto de una traición, de un ocultamiento, la de saberse objeto de una vergüenza. Se siente autocompasión y sentido de la injusticia.

No recuerdo haber negado un afecto, pero la constatación de haberlo hecho supongo que también conlleva su propio dolor.

Aún conservo la intensa emoción que me causaba, de chica, la escena de "Rey de Reyes" en la que Pedro, un torturado Pedro que se moría de miedo y de curiosidad por el destino de su Maestro, negaba ante los soldados romanos conocer a Jesús. No una vez, no dos: tres veces antes del canto del gallo. Y se cumplía en medio de la noche cerrada el brutal vaticinio "Me negarás tres veces". Pedro se cubría la cara con las manos porque se sabía víctima de su pequeñez, y lloraba amargamente. Ese llanto, el llanto de un hombre fuerte, me consternaba.

Ahora entiendo por qué: era una mezcla indistinguible de piedad y condenación. A Pedro lo perdonamos, a Judas, no. Judas elige las monedas: traiciona porque elige "otro amo" (y no se redime ni siquiera ahorcándose, ni siquiera provocando que la Historia se cumpla tal como se esperaba...Judas es la imagen del traidor artero, aunque en el fondo haya sido el único que realmente creía en ese Salvador...) Pedro es el que niega. Niega y traiciona, pero tendemos a perdonarlo en nombre del temor por su vida, de la evasión de un destino cruel...


Pero... vuelvo, vuelvo: (las historias bíblicas ya tienen sus propios cientos y miles de revisores).
Vuelvo al estremecimiento. Soy miedosa del desamor, por eso aviso. "El que avisa no es traidor", reza otro refrán, un poco turro, es cierto.
Aviso para que sepan los que bien me quieren, aviso para que ni se les ocurra a los que empiezan a conocerme: miren, no vayan a desconocerme. No me mantengan oculta cuando deban revelar que formo parte de sus vidas.
Si lo hacen, me niegan existencia.
No permitan, si pueden, que yo haga algo así con alguien que conozco. A menos que medie el odio o su forma más abyecta y lastimadora, el desprecio.
Si hay algo de amor, o si lo hubo, o si algún buen sentimiento ligó nuestras vidas...no me niegues, no dejes que yo te niegue.
Gracias a Gabi, por prestarme el libro. ;)
El sueño, el simple sueño del cansancio me pisa los talones. Me despido en el MSN, y cierro sesión y todo, y me digo a mí misma que no es sano dormir tan pocas horas, y que bueno, por eso las seis de la tarde me agarran con esos bajones y por eso no puedo leer demasiado rato sin que me entre el sopor del sueño.
(ah...quisiera regular este proceso...quisiera no necesitar dormir...o dormir menos y estar bien...)

Pero me vence el sueño.
Me derrota estrepitosamente. Me gana por goleada. Me pasea.
Antes de caer en brazos de Morfeo, como solía decir mi mamá, hago un esfuerzo y pienso un tema para postear, algo del día a día, algo que me llamó la atención o me hizo pensar.
Mi tiempo pasa lento, denso, viscoso, tardo tanto en elegir, que el sueño ya llega de nuevo a golpear en mis párpados. Oigo el murmullo apagado de sus grises terciopelos, es como una entrada lenta y triunfal, sus pasos menudos en la alfombra raída del cansancio...
Pienso: ¿por qué este empeño en querer hacer una cosa más?
Y respondo: es que quiero ser elegante y ocurrente una vez más. En el momento en que escribo esta frase, me percato de que sólo se trata (¡de nuevo!) de absurda vanidad. De querer mantenerme en el podio de las minas que hacen setecientas cosas y aún les queda resto para bloggear.

Bueno, es tardísimo, firmo la rendición, depongo las armas, bajo la cabeza (hasta la almohada) y me ubico en las filas de las que se van a la camita, con frío, con dolor de cabeza, con mufa, a entregarse a un sueño sin sueños, a darle revancha al cuerpo por pocas horas.
Bien, finalmente, no soy la super VeRa. Siempre fui menos que mi reputación.

Visite Oslo

12:23 a. m. | 2 Comments


¿Qué se transmitirán de frente a frente, estos amantes de piedra del parque Vigeland?
(Sí, una de ellas es la que usé en el post anterior... y si no pueden visitar Oslo, entonces miren más sobre las esculturas de Gustav Vigelanda aquí. Disfrutenlo)

No me creen

6:10 p. m. | 6 Comments

No sólo una persona: hay unos cuantos y cuantas.
Que no creen que escribo acá sin editar y sin retoques. Bueno, sí: retoco a veces mientras va saliendo, como para no repetir tres veces la misma palabra. Además, como suelo volver sobre los mismos temas, hay algunas que surgen una y otra vez. Les pienso un adjetivo, o quizás, una metáfora simple, que me permita eludir el eterno retorno.
Pero, che, más allá de eso, no edito. Ni siquiera escribo primero en un procesador de textos para hacer luego la consabida maniobra del copy-paste.
¿Y por qué será?
Me imagino que para evitar el acartonamiento, para escapar de mis propias sombras: mi deseo de agradar, mi erudición enmascarada, mi dificultad para organizarme en las frases cortas.
También para ser fiel a mi promesa de "no escribir más".
Si me siento con una lapicera azul frente a un cuaderno Arte, la cabeza pega un tirón para atrás en el tiempo, me trae a la boca un sabor agrio. Dije una vez que renunciaba a ser poeta por este motivo y el de más allá, porque dolía el mundo si decía de mí misma "escribo". No importan los motivos: si por gusto o por amor, o por desolación.
Hubo, además, un momento preciso en el que la poesía de la vida se me presentaba a cada paso de una manera tan brutal e insuperable, que presenté humildemente mis armas y me rendí.
Y entonces este blog es apenas despuntar un vicio.
Es terapia de exposición, como me dijo malamente y con dolorosa puntería el psicólogo que finalmente nunca me atendió.
Este blog es también, como lo es para muchos otros bloggers, un puente, una ventanita iluminada con su tenue resplandor naranja en medio de un mundo que duerme su apacible noche azul, fría de estrellas parpadeantes. Yo me siento con los dedos en el teclado, escuchando a Silvio o a Dido, o Los Cafres o a Queen. Con el mate o el capuchino, con veintiocho ventanas más abiertas o concentradísima sólo aquí. Nada más: escribo, como quien tira su moneda a la fuente porque la fuente está allí, sin una certera esperanza de que nuestro deseo ha de cumplirse.
Pero bueno, hay quien no me cree.
O quizás me tienen una fe desmesurada, por eso insisten en que yo debería "Escribir", así, con mayúsculas y negritas, con más ahínco, o más disciplina o más ventaja, escribir como para publicar un libro o algo del estilo.

Voy a poner un espejo en este post, porque yo soy la que cree que son muchos los que deberían sentarse a escribir con disciplina, y desenrollar todo el hilo que hay en el carretel de su experiencia, largar el rollo, poner en Arial 12 las cosas que tienen para contar y enseñar, y publicarlas.
Yo sé que el resultado sería algo original. Positivo. No puedo asegurar que sería un éxito (las razones del mercado son caminos inexpugnables, como los del Señor).
Pero bueno, que no me creen.

Lindo

6:00 p. m. | 0 Comments

"...pero es demasiado tarde y ella le da un beso
de esos que humillan a la soledad..."

Neolengua

11:13 p. m. | 13 Comments

Me sorprendí usando una palabra totalmente inédita (para mí).
Suena a pecado, casi. Uno corre a pensarse la etimología y nada, che: es como buscarle etimología al euskara. Palabreja ingrata, rara, como encendida. Sin embargo indica justo lo que vengo haciendo con el blog: procastinación.

Voy a escribir sobre los sueños...mañana (...o pasado)
Tengo pensado un post sobre el Lactobacillus GG (ya lo haré)
Ando juntando material y evidencia para mi notas sobre el origen de la consciencia
Átomos: si... pronto escribo sobre átomos y briznas de hierba
Hazaras y pastunes: ya va

Voy amontonando pendientes sobre pendientes, se me pasa el punto, el momento, alguien más lo publica por ahí (¡shit!).

Bueno, eso, en esta neolengua que bate furiosamente idiomas y te los sirve en copa, se llama PROCASTINACIÓN.

Yo procastino, tú procastinas, todos procastinamos. Clarín dice que se trata de un mal hábito. Los chicos de Microsiervos son más tolerantes. Ya vendran posteos mejores. Sigo procastinando... que lo parió.
Sí, ellos.
Los que ríen con sólo media risa.
Los que se contonean como pavos a la vista de sus ocasionales "amigos".
Los que aplauden frenéticamente cualquier manifestación que pueda ser potencialmente una ganancia para ellos (y para nadie más).
Los sepulcros blanqueados.
Los hipócritas.
Los oportunistas, travestidos de camaradas. Patéticos. Desagradables. Una ligera capa de empapelado vistoso, cubriendo una pared de boñiga seca.
He visto brillar sus pupilas dilatándose ante la posibilidad de aumentar su tajada.
He percibido el acre aroma de su aliento, escapado de risotadas obscenas, que se camuflan de simpatía y comprensión.
Los reconozco por su modo de andar: se agachan serviles, mientras marchan al lado de su presa, se encogen deliberadamente para hacerle creer que no es la presa, sino el predador. Saben que en el momento de la traición, o del abandono, o de la trastada, se erguirán a su tamaño normal, pareciendo así, grandes personas.

Llegado el caso, se portarán como carroñeros sin pudor: se pelearán entre ellos, cometerán nuevas traiciones, transarán con el mejor postor. Da igual. Puestos a elegir, eligen siempre y sin que les tiemble el pulso, la opción que les reditúa el mejor negocio. Y si esa opción implica clavar un puñal al anterior "amigo", quedarse con sus tripas, con su vivienda, con lo que quede de su familia y de sus afectos reales, así lo harán.

Ay, lo que sucede es que... ¡los oportunistas son tan buenos compañeros de disfrute! Son tan alegres y joviales, tan adrenalínicos, tan astutos y compinches, tan entendidos...

Ellos parecen los únicos amigos que nos entienden y aprueban. Los rostros adustos del pasado no lo hacen. Las voces de advertencia nos suenan tan egoístas y apocalípticas que preferimos no escucharlas. Mejor seguir de risa y vinos con estos nuevos amigos que dicen que todo lo que hacemos está perfectísimo y nos merecemos el goce, aunque sea un goce prohibido, peligroso, que podría salpicar y herir a quienes menos quisiéramos...

No sé como romper el hechizo de los que ríen con sólo media risa, los delimitadores de las primaveras.
Apenas sé reconocerlos por algunas de sus actitudes retorcidas, por ejemplo:
  • Hablan siempre en presente, pero no al estilo de los budistas, que se centran en el aquí y ahora de la consciencia. Los oportunistas solo miran donde pisan. No tienen esperanzas de futuro.
  • Son voraces. Tienden a disimularlo compartiendo contigo la voracidad.
  • Tienen la carcajada demasiado fácil. Acabas por no distinguir cuando se ríen con ganas, y cuando por festejar tu chiste estúpido.
  • Averiguan materialmente de qué va tu vida: cuanto estás ganando, cuánta plata entra o sale de tu casa, qué ropa te compraste últimamente (por cierto: toda tu ropa es super cool)
  • Les importa un bledo tus afectos anteriores. Los califican livianamente de superficiales. Se suman a tus críticas de la familia, aun sin saber nada de ella.
En resumen, como bien dicen en su canción "Las pastillas del Abuelo": "Son los oportunistas de la desesperanza mientras más les das, menos les alcanza"
¿Librarse de ellos? ¿Cómo? Ojalá hubiera un único modo. Ojalá lo supiera...
Pero si por algún motivo, alguien que me escucha (que me lee) se viera retratado, sépase qué se hace con ese destino. Cualquier reclamación, que sea sin membrete.

En mi caso: Otra mañana de viernes BIEN aprovechada. Que les vaya lindo el finde.

E - volución

11:30 a. m. | 8 Comments

¿Quién de nosotros, adultos alfabetizados, no ha calculado en su tierna infancia la edad que tendría en el año 2000?
Los vaticinios optimistas decían que ibamos a movernos en silenciosos autos voladores, o que la comida en micropíldoras a todo sabor harían crecer telarañas en las cocinas.
Los autores de comics negros dibujaban un porvenir de peligrosos mutantes degradados a subhumanos por efecto de la contaminación ambiental.
Pero en ambos extremos, la tecnología aparecía omnipresente, indiscutible, metida por abajo de la piel, controlando, haciéndose cargo...
El caso es que llegó el 2000 y en los barrios de la India se seguían muriendo de lepra, y los talibanes enfundaban a sus mujeres en burkas asfixiantes y en La Caba, acá a metros de los lujosos edificios de Buenos Aires, los pendejos se reventaban los pulmones aspirando pegamento y tenían escuelas sin vidrios donde los maestros sin promesas de futuro escribían en pizarrones sin pintura las letras de tizas berretas que garrapateaban días sin esperanzas de robots, ni de autos voladores, ni de computadoras para todos.
La revolución de las máquinas no llegó para el 2000, Odisea del Espacio no sucedió en 2001, y el capicúa 2002 tampoco trajo las maravillas prometidas.
A estas alturas, mediando el 2007, el mundo está muy lejos, muy, muy lejos de los prodigios tecnológicos que harían más agradable y fácil nuestra vida. Para algunos, una minoría flagrante, el confort es un caldo continuo en el que se mueven con cautela. Ambientes climatizados, vehículos con GPS, zapatillas con aireación, medicina de alta complejidad, saturación de información bombardeando los cinco sentidos todo el tiempo. Si hay humanos que nunca viajaron en avión, o no conocen Internet, esta casta de freaks sobrealimentados no se entera.
Los oscuros niños del hambre son apenas noticias: tapas de la National Geographic , fotos que podrían ganar un Pullitzer.
Como quiera que sea, el hombre se ha extendido sobre la superficie del maltratado planeta, ha construido redes y tabiques, ha minado la armonía hombre/mundo que la naturaleza parecía poder mantener mediante estratégicos golpes de timón.

Cuando el etólogo Richard Dawkins publicó en 1976 su teoría de que los genes son las verdaderas «unidades» centrales de la evolución, en vez de los individuos, puso descarnadamente al desnudo la naturaleza ciega y automática del desarrollo humano: somos como cucarachas, en el fondo: nos replicamos porque los genes persiguen desesperadamente esa meta sin un porqué (¿o con él?)
Somos algo así como los portadores de un mensaje que no entendemos, y que sigue una única regla: la perpetuación. ¿A qué precio? Al que sea.
Nuestros cuerpos, nuestros ciclos, nuestros órganos y tejidos, nuestras diferencias de piel, de vello corporal, de estatura... no le importan demasiado a los genes. La diferencia la hemos establecido en base a otros parámetros que incluyen la arquitectura sobre el medio ambiente, sobre nuestro propio modelo autoportante de homo sapiens: mediante el desarrollo de la cultura, para decirlo en términos amplios.
Ahí es donde "el envase de los genes" empieza a irse de pista, creo yo.
Construimos templos gigantescos sacrificando para ellos las vidas de cientos de seres humanos (tanto en la construcción misma, como en nombre de la ideología que lo erige como válido). Pero no hemos podido resolver, como especie, el problema de cuidar bien de nuestras infancias . De todas.
Hemos taladrado las fosas mas profundas de las cuevas subterráneas y alcanzado alturas siderales inimaginables. Pero no hemos sido capaces, como especie, de evitar las guerras masivas, ni las domésticas, ni la violencia injustificada, ni el horroroso deleite de la tortura.
Fue el matemático Von Neumann uno de los primeros en apuntar que una máquina creada por el hombre para procesar datos y producir resultados, bien podría adiestrarse para producir copias de sí mismas.
(Ah...léanlo...es escalofriante e interesantisimo: aqui...y aqui)
Una máquina que después de cierto entrenamiento y siguiendo determinadas pautas, se copia a sí misma, y sigue haciendo su trabajo. Esparce el "gen" -si se me permite- de la autorreplicación.
No me da el "ancho de banda" de mis zarandeadas neuronas para imaginar cuál es el punto en que la autorreplicación podría detenerse (¿fallas técnicas? ¿fatiga de los materiales?). Tampoco me puedo hacer una idea del modo en que este proceso se retroalimente y "aprende" de sí mismo, de manera que evita los problemas y alienta las ventajas... Ciertamente, existen hoy en día sistemas informáticos que funcionan sobre la base de esa premisa, palabras más, palabras menos..

Dios! Así enunciado se parece tanto a la definición de Evolución... que presa de un pánico de espíritus antiguos, y a sugerencia de mi hija que rezonga "uy..! nos van a dominar! nos van a dominar!"entre sonoras carcajadas ... abandono el tema.
Aqui dejo un video: una pila de cubos "inteligentes" se replica teniendo los materiales a mano. (Pero nada: Lo consideraré evolucion el día que repliquen el alimento para los que se mueren de hambre, el abrigo para los que se mueren de frío, el beso para los que se mueren de desamor...)





Horror Vacui

11:33 p. m. | 9 Comments

En un librito que leí de Isaac Asimov, me enteré de que en la antigüedad, una buena parte del mundo "cultivado" sostenía que la Naturaleza se comportaba según una premisa que dieron en llamar "horror al vacío".
En efecto, la Madre Natura no podía tolerar que se generase un espacio vacío, y cuando esto sucedía, alguno de los elementos disponibles corría a llenarlo con premura. El agua sube, el lodo se derrama, el humo se apura a dirigirse hacia el agujero: nada debe quedar vacío. El vacío, la nada, la no-naturaleza... cuestiones impensables y casi impúdicas.
El simpático de Aristóteles sostenía firmemente esta concepción. El agua sube por un tubo porque la Naturaleza aborrece el vacío. Miren ustedes qué facil era asignarle a una entidad superior una especie de fobia general que servía para explicar fenónemos físicos complicados (ya lo he dicho...el tipo tuvo la suerte de empezar a filosofar en una época donde todo estaba por verse...)
La expresión "Horror Vacui" se aplicó también al arte, sobre todo a determinadas manifestaciones que parece que no pueden descansar hasta que no ven la superficie de su obra maestra totalmente recubierta de lo que sea: trazos, líneas, figuras, letras, manchas...lo que sea menos el vacío.

Las teselaciones enigmáticas de M. Escher son un buen ejemplo al paso. Las figuras enlazadas en geométrica belleza del arte islámico, otro.
Más aun! He leido por aqui que ese afán casi enfermo de todo ambiente "culturizado" de tener un fondo musical no es otra cosa que una cara más del Horror Vacui, esta vez frente a la contundencia rabiosa del silencio.
Asi también los poetas, periodistas, escritores variopintos y acaso los recién llegados bloggers describen un sentimiento ciertamente emparentado con el Horror Vacui frente a la página en blanco.

C´mon: mueve los dedos, escribe algo, sé ingenioso, ingeniosa, echa mano de tus recuerdos de infancia (qué importa que a nadie le resulten interesantes, es una manera de destilar tu alma en lento goteo de exposición infame). Si nada de esto funciona: a copiar y pegar. Para eso hay millones de usuarios derrochando sus horas en la Red. Ellos te pueden dar la inspiración, la pista, la foto conmovedora, la cita que andabas buscando para tu glosa.
Y que tenga una justa medida. Muy largo: desalienta a los comentaristas (o lectores, o fieles)
Muy breve: será juzgado por los ojos censores de los que buscan aplicar la vara del adagio "lo bueno, si breve, dos veces bueno".
Sin fotos: aburre. Solo fotos: superfluo.
Con alusiones personales: críptico. Sin alusiones personales: falto de compromiso.

Che...con tantas pretensiones creo que termino sintiendo un tierno candor por el vacío. Le busco explicaciones, le encuentro utilidades. Lo siento en su trono, le acomodo la coronita de nada, le doy el espacio que se merece (¡caracho! ¡que endemoniada paradoja!)

¡Pero si es totalmente cierto! Me lo explicó -mediatizado por una revista infantil- el admirable Leonardo Moledo. Él dijo que para imaginarnos un átomo, la pieza más chiquita entre las chiquiteces que nos permite pensar la ciencia, usáramos la metáfora de una cancha de fútbol.
Pongamos, por caso: la cancha de Boca. Toda la Bombonera es un sólo átomo: el núcleo del átomo tendría el tamaño de una nuez, en el centro de la cancha. Perdida, ahí. Los electrones, en comparación medirían como finísimos granitos de sal (¡de sal fina!) desperdigados por las butacas de la tercera bandeja.

¿Y el resto?

El resto....vacío, mis queridos. Un átomo es, ante todo, un enorme espacio vacío. De esos globos llenos de nada con nueces lejanas y motitas de sal fina flotando a muchísima distancia, están hechas todas las cosas, todas.
Por eso es tan aterrador pensar en un arma que desguace cada átomo concentrando sus diminutas partes en un miserable montoncito. No sé qué podría pasar si de golpe, la cancha de Boca se comprimiera al tamaño de una nuez. (aparte del festejo de las gallinas, digo, se me caen en cascadas las terribles consecuencias, las arrasadoras consecuencias de compresiones tales)
La Naturaleza no ostenta ningún horror al vacío, es el hombre quien teme. Y porque teme, siembra confusión.
Ay, si el señor Moledo pudiera plantarse en cadena nacional y explicarles a todos el por qué es necesario el vacío del átomo...y el cómo todas pero todísimas las cosas están "llenas de vacío"....
Y cuando digo todas pienso: Incluso la uña de mi índice que golpea la tecla Enter. Incluso la tecla Enter. Incluso el humito de mi té de menta.

Incluso tus ojos, lector impío, que han llegado por ventura hasta este punto, para enterarse por fin que el Horror Vacui es una tremenda paparruchada.
Cuando la inspiración de las palabras huye cobardemente, no hay nada tan placentero para un domingo de frío como juguetear con chirimbolos tecnológicos. Bah, bueno...cada uno se divierte a solas con lo que tiene más a mano. (Dios! Me hace falta un buen libro!! Necesito recomendaciones y/o préstamos de gente confiable..)






Algún día se hará justicia en el mundo y las maestras de primaria serán sentenciadas a realizar ellas mismas las tareas descabelladas que a veces les imponen a sus alumnos.

Recortar las letritas inmundas de los diarios y formar ¡quince! palabras con tal regla ortográfica.
Escribir secuencias numéricas interminables, para adelante, para atrás, de 2 en 2, de 4 en 4...
Hacer maquetas del sistema solar, del ciclo del agua, de la plaza del barrio, del volcán...
En resumen: que en un buen número de casos, somos las madres quienes terminamos resolviendo los intrincados vericuetos de los deseos de las "seños", para ayudar a nuestros retoños a llevar hecho aquello que las docentes habrán imaginado o fabulado.

En ese plan, ayudo a Pato quien, en equipo con su amigo Dimas, preparan unas láminas con la vida de San Martín. Recortamos, pegamos, bajamos de Internet, pintamos uniformes de granaderos, armamos un mapa enorme de Sudamerica sobre telgopor, a fin de que sea más "visual" el recorrido de Don José por los protopaises de aquellos días.

A la hora de irse a dormir, Pato se sincera, y casi pidiendome disculpas, afirma: "Má...sabés qué? Yo mañana no voy a llevar al cole el trabajo de San Martín..."
Me sorprende la idea, después de una tarde entera de domingo dedicada a ello. Le pregunto por qué, sin atinar a imaginarme un motivo.
Y dice: "Mi amigo tiene problemas para estudiar cosas largas. Me dijo que para mañana él no va a llegar a estudiar todo esto. Si no llevamos el trabajo, nos pueden dar un día más..."
"Pero -intervengo, aun sin entender por completo- si no lo llevan, también corren el riesgo de sacarse los dos una mala nota, por no cumplir..."
"Y bueno" dice. Espera que yo entienda. Como no entiendo, añade:
"Si nos sacamos los dos mala nota...mala suerte. Pero si trabajamos en equipo... el equipo se tiene que ayudar."

Me dieron ganas de inaugurarle un boletín sui generis donde poner las calificaciones por sus buenas ideas, por sus buenos sentimientos. Pensé qué tanto mejor sería el mundo, el trabajo, la política...si entendiéramos algo tan simple como que es más importante bancar a un amigo en problemas que rasguñar una aprobación sobre la base del egoísmo y el sálvese quien pueda.

Juan lee mi blog

11:32 p. m. | 5 Comments

...Y dice que se deprime!
Seré tan escalofriantemente melanco?
Será que me salen mas poéticos los momentos tristes, y en los alegres me dedico a gozar sin tanto preambulo?

Bueno, como sea: para que esboce una sonrisa al entrar a mi blog, va una linda señorita.
Bueno, no tal linda.
Tiene una cara que facilmente competiría para el casting de Rocky XXVIII:

Pero nadie le mira la cara sino EL BOLSO ...me equivoqué?.

A su salud, colega. Enjoy.
Allá lejos, lejos en el tiempo, los mayores nos decían que teníamos angeles de la guarda.
Que los invocáramos cuando sintiéramos temor o angustia, que pidiéramos su protección en las oraciones de la noche. Que si algún peligro acechaba recitáramos como una letanía eso de "Angel de la Guarda, / dulce compañía, / no me desampares /ni de noche ni de día"

Yo lo hacía. Seguí haciéndolo por mucho tiempo, aun cuando las sombras de la razón habían roído las comisuras de la inocencia. Me trepaba a esa música sin cadencia, a esa repetición acompasada, a esa necia hipnosis. Angel de la Guarda, dulce compañía... Angel de la Guarda, dulce compañía... los cuatro versos enlazados me mecían en un sopor sin pensamientos.

Después, una se olvida. Los fantasmas son otros, los miedos se renuevan. Ya no se trata de calles en sombras, ni de agrios presentimientos, ni de penas adolescentes. Los dolores encarnan, asumen formas más concretas.

O tal vez aprendemos, como todo. Los reconocemos antes de que maduren, los vemos venir, los esperamos a la vuelta de una acción determinada. Sabemos dónde encontrarlos. Sabemos dónde recalan, por cuánto tiempo, con qué otros sentimientos de mayor o menor valía se suelen asociar, los muy astutos.

Sabiendo todo eso, no nos cuidamos mejor de algunas penas y pesares. Sabiendo casi el mapa de ruta y el itinerario de algunos errores frecuentes, volvemos a cometerlos. Bastaría cambiar ciertas fechas, algún que otro nombre, y la historia se vería peligrosamente reiterada.

Por suerte, a veces, aparece mi Angel de la Guarda camuflado. Usa las bocas de los amigos para mandarme una señal. Usa sus brazos para abrazarme. Usa sus suéters para abrigarme cuando el viento cambia inesperadamente y se vuelve helado. Usa las risas de mis hijos para sacudir el polvillo de mi mente y lanzar un picante "¡despertate!"

Yo sé que mi Angel de la Guarda es incansable, callejero, piola, no tan angelical en ocasiones. Mañero e irreverente, inexplicable... un espíritu libre.

Y si será metido que ayer mismo, cuando Charly me saludaba se interpuso, se adueñó del saludo, le hizo decir la frase del inicio: "Chau, Angelito...cuidamela bien a Vera"

El título es una afirmación de Henry Thoreau, el que se volvió ermitaño como una experiencia acerca de la posibilidad humana de vivir con lo mínimo, de reducir el lujo a cero, de explorar la moral y la naturaleza de los hombres, volviendo a los bosques, volviendo a la esencia de lo humano.

"Debemos aprender a volvernos a despertar, y a mantenernos despiertos, no con ayuda mecánica, sino por medio de una infinita espera de la aurora, que no nos abandone en nuestro sueño más profundo." dice Thoreau

Escuché por primera vez el nombre de este escritor en boca de un maestro muy querido para mí, Eduardo.
Cuando me dí cuenta un poco de cómo era su estilo, encontré dos puntos fuertes: Eduardo amaba la música y los lenguajes constructivos en la computadora. Fue la segunda persona que me enseñó a "pensar en Logo".

Daba sus clases con una amarga convicción: nadie heredaría el fuego de su pasión.

Tenía entre sus alumnos de esos años a personas de edades y clases muy diferentes entre sí. Algunas estaban allí por snobismo, otros porque pensaban obtener beneficios económicos relativamente rápidos, otros (como yo) movidos por una curiosidad insoportable.

Eduardo explicaba con un tono de voz grave y relajado, pero se apuraba con los ejemplos, se impacientaba con los que hacían trampa, pero se detenía a veces en un remate original, en una vuelta de tuerca inesperada, disfrutando cuando sentía que el logro del alumno tenía una clara inspiración en las sugerencias del maestro.

De Eduardo aprendí mucho más que a programar en Logo. Lo que supe hacer de programación, en todo caso, me ha servido luego de "colchón" para aprender a pensar y resolver cuestiones de la más variada índole. Pero sin duda alguna, han sido otras las enseñanzas que me hacen recordar a Eduardo como un referente importante.

Recuerdo cómo preparó una pieza musical para ejecutarla "a dúo" con un programa de computadora y su flauta traversa. Recuerdo cómo defendió su derecho a tocar la pieza completa en el auditorio de un congreso, mientras un locutor mala onda y eficientista decía por los parlantes que el tiempo se había agotado.

Recuerdo haber cruzado con él alguna mirada de complicidad en medio de un grupo de mujeres presumidas. Ninguno de los dos juzgaba, pero sé bien lo que sus ojos decían. Sé que no me medía a mí con la misma vara.

Recuerdo que le costaba mucho ser cariñoso con los alumnos, (supongo, no lo sé, que la proximidad física lo hacía sentir incómodo). No obstante eso, un día, al finalizar un curso, accedió a ponerse mi collar de flores de papel, mientras decía "vos sos...una perla dorada"
Rarísimo...una perla dorada... Creo que quiso decirme que era una alumna especial, ese granito de arena que incomoda pero termina nacarándose y volviéndose algo bonito.

Recuerdo que por Eduardo conocí a Thoreau, y que fue leyendo Walden cuando comprendí de una manera más profunda la retórica de su pregunta "Hemos perfeccionado los medios. ¿Pero acaso también perfeccionamos los fines?"

Yo no fui tan drástica, no necesité irme a los bosques, no hube de reducir a tres las sillas de mi casa, como lo hizo él. Pero sí que quise -quiero- vivir mi vida deliberadamente, con plena consciencia.
Aprendí que honrar los buenos recuerdos es una manera interesante y gratuita de revivir. Volver a despertar, vivir despiertos, lúcidos, reverentes.

Estar ahí cuando sale el sol.

Gracias, Eduardo, por las cosas pequeñas que me enseñaste hace tantos años. Gracias por esa frase, por haber pensado bien de mí. Nobleza obliga. De nada, che.

Cayó helada

12:53 a. m. | 2 Comments

El piso crujía cuando salí para mi trabajo hoy. El aire estaba claro, los rayos del sol del amanecer alumbraban sin calentar. Desde chica, me fascina y me produce una rara sensación doble ver un manto blanco de escarcha sobre los pastitos, las veredas, los alambres.
Froté mis manos, dentro de mis guantes, dentro de mis bolsillos, mientras dejaba escapar una bocanada de aliento tibio, que la mañana contorneó de blanco.
Millones de mosaicos de hielo, un campito brillante e inmaculado de escarcha, se quebraba en bajo mis pasos, con un ruido a caramelo de confitura. La parte linda.

Después, a poco de andar, ví también bajo la copa de un árbol casi sin hojas, a un mendigo tratando de calentarse las manos en un fueguito de nada. Se frotaba, se cruzaba de brazos, se ponía en cuclilllas, se volvía a frotar. "Encima cayó helada" repetía.
La parte que dolió.

Con un mundo tan grande, tan variado, tan abundante... es inconcebible, irracional, suicida que haya seres humanos que padezcan algo tan evitable como la falta de abrigo.
Escarcha...hiela... caen cristales de agua helada sobre la consciencia de la Humanidad.
Se lo robé al sr Lexo de su blog.
Ya que fue afortunado de encontrarlo, espero que no se moleste porque le copio la onda.
A gozar.



Como está en inglés y subtitulado en portugués, yo le hice un translation feroz del portugués al "argentino". Era medio largo, lo subí en otro lado. Pero si lo quieren leer tranquis, está aquí mismo.

  • El portero del edificio donde trabajo hace 6 días se sabe mi nombre.
  • En el bolsillo de atrás del jean, un billete lavadito de $10.
  • El reloj adelantaba 5 minutos: ah, me los quedo en la cama calentita...
  • Llego a casa y el mate ya está listo, esperandome..
  • Mercedes me autoriza a comer chocolate, sin culpa. Un pequeño orgasmo, asegura.
  • Julio me lee uno de sus textos que más me encanta. Se le patina la "r", disculpenlo, demasiados inviernos en París.
  • La cama limpia, fragante, tibia: quiero dormir sin interrupciones, quiero abrazarla. Ella crea el clima para que yo sueñe.
"El hombre construye casas porque está vivo, pero escribe libros porque se sabe mortal."

Como suele suceder -al menos, a mí me pasa- cuando uno busca una cosa en la Red acaba encontrando otras. Parecidas, emparentadas, diametralmente opuestas, qué se yo.
El caso es que me topé con el decálogo de los derechos del lector de Daniel Pennac. Luego con fragmentos de su libro "Como una novela". Lindos fragmentos.

Me detuve a pensar en las emociones que a veces me suscita una buena lectura, ese momento de acomodar las almohadas, la luz brillante, el libro abierto en la página marcada, el reencuentro con la historia, con los personajes, con la trama que quedó suspendida...
Hace unos días hablando con Chechu, no se de dónde, llegamos al punto en que ella me decía que en la prehistoria las imágenes no se usaban en el mismo sentido de la escritura, que fue mucho después, que marcó esa tendencia que señala Pennac, la certeza de saberse mortal,y por tanto, la necesidad de dejar un testimonio de uno mismo. Las imágenes de las cavernas, esas conmovedoras pinturas de cacerías, de rituales, esos retazos atrapados de vida cotidiana de esos remotos tiempos de sobrevivir para contarlo al día siguiente...fueron desesperados intentos, creo yo, de capturar lo sagrado, de plasmar lo efímero de la vida humana, su precariedad, su peligroso destino...

Un individuo sometido a la presión de tener que sobrevivir a un mundo efectivamente hostil me imagino que no encontraba tiempo concreto para inventar tan siquiera la escritura.

Daniel lo describe bellamente cuando aclara:

"El tiempo de leer, como el tiempo de amar, expanden el tiempo de vivir.
Si tuviésemos que enfrentar el amor desde el punto de vista de nuestra agenda, ¿quién se arriesgaría a ello? ¿Quién tiene tiempo para estar enamorado? Y sin embargo, ¿alguien ha visto alguna vez a un enamorado que no se tome el tiempo de amar?
Yo nunca he tenido tiempo para leer, pero nada, jamás, ha podido impedirme terminar una novela que amara."

Aunque contradice mi hipótesis cuando nos previene:

"La lectura no tiene que ver con la organización social del tiempo; es una manera de ser, como el amor."

También sé que hay quienes afirman que uno escribe porque ha leido, tal como afirmó el mismo Jorge Luis: "Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído".
No me considero una buena lectora, me he salteado los clásicos más hiperclásicos con total desparpajo, y en cambio, cuando sopló el viento, me puse a leer cualquier papel que cayó en mis manos (o en mi escritorio...cualquiera de los dos...).

Me reconcilia con la literatura el decálogo del Sr Pennac (el comandante Torta Frita argumentaría que porque soy irremediablemente afrancesada) y me excusa de no haber leido a Tolstoi y de no haber disfrutado al Mio Cid.

Me dio un nuevo sentido para seguir, tozudamente, tercamente, con este modesto blog.
Escribo porque soy mortal.
Cuando yo ya no esté, en el cyberespacio estarán algunas de mis torpes huellas, en una mesa lejana, una hoja con mis letras impresas, en la etiqueta de un regalo, una combinación de frases que tipeé desde este mismo teclado, con estos dedos que tiemblan, con este corazón que desborda.
la tierra desde la luna. NASA


"Subiré al cielo,
le pondré gatillo a la Luna
y desde arriba fusilaré
al mundo,
suavemente,

para que esto cambie de una vez"


(Causa escalofríos saberse en la mira)

Alternativas

1:39 a. m. | 4 Comments

Son dos cosas que se pueden hacer con el Amor:

El Amor se puede DAR o RECIBIR.

Bueno, tres: dar, recibir, dar y recibir.


Es bastante fácil: o lo das o te lo dan a vos.

Si te lo piden, ya no es Amor.

Si lo tenés que mendigar, ya no es Amor.


(Es otra cosa, todavía no descubrí cómo llamarla...)

About