Enormes cabezas de roca sólida. Enormes digo, y para tener una idea, pienso en esta habitación en la cual estoy sentada: aquí no cabría. Dos metros de alto, a veces tres, a veces cuatro. Otro tanto de ancho. Cabezas con caras talladas, casi todas con unos curiosos cascos -acaso ceremoniales, acaso indicadores de nobleza, no se ponen de acuerdo los arqueólogos con los perseguidores de ovnis- con gruesos labios y pómulos robustos. Pero cada cara es única: un retrato, un antepasado costoso de la fotografía de recuerdo.
El asunto es cómo llegaron a sus altares esas hipertróficas cabezotas. Algunas fueron halladas a casi 130 km de donde sería posible extraer ese tipo de roca, el basalto. Es evidente que hubo allí una voluntad humana y colectiva de erigir semejantes recordatorios. Transportaron los monumentales bloques a través de cientos y miles de metros de selvas, ríos, terrenos amigables u hostiles, valiéndose de quién sabe qué artilugios técnicos para multiplicar las pocas fuerzas que el bicho humano cuenta en su legado genético.

Los investigadores se arrancan los pelos calculando la enormidad de años que deben haber tardado para terminar cada cabeza. Claro, pero porque lo piensan como hombres modernos, a los que perder el tiempo en una obra de arte les parece un crimen de lesa humanidad.
Se vuelven a arrancar los pelos cuando calculan la fuerza de trabajo necesaria para el traslado, tallado y culminación de esos inexplicables rostros de sonrisas misteriosas y rasgos que se disputan los antropólogos como lobos eruditos.
No se dan cuenta, los señores investigadores, de que hoy como ayer el capital del desposeído es el tiempo. El pobre tiene tiempo: que espere. El esclavo tiene todo el tiempo de su vida para seguir cumpliendo las tareas que se le imponen. Y los grandes pueblos de la antigüedad disponían del tiempo de sus súbditos, vasallos, esclavos o simples convencidos para pasar a la inmortalidad, dejando su huella.

Curiosamente, no me enrosqué en las polémicas sobre la raza de gigantes negros, o asiáticos, o extraterrestres, sobre las especulaciones esotéricas que rodean a este pueblo.
Me puse a comparar mentalmente estas obras titánicas (los ídolos de Pascua, las pirámides, los templos monstruosos, los Budas en la roca viva...) con los torpes y vulgares esfuerzos de hacer "cosas grandes" del hombre siglo XXI. Nuestras construcciones mas inmensas son maravillas de la ingeniería y de las posibilidades técnicas de manipular cantidades megagrandes: toneladas y más toneladas de hierro, de cemento, de fibra, de metal fundido...
Las obras gigantescas del hombre moderno son más bien un muestrario de una feroz competencia que sume a los contrincantes en un aterrador juego de poder: a ver quién hace el edificio más grande, el puente más largo, el hotel más estrambótico. Esfuerzos atroces por figurar en esa vidriera de la estupidez que se llama Guiness.
Si hoy debiera explicarle a un olmeca a qué dios se le rinde pelitesía con semejantes construcciones, me vería obligada a recitar aquello de "Poderoso caballero es don dinero"
Las incomprensibles tallas de basalto de los olmecas, en cambio, me hablan de reyes y señores, de pueblos cohesionados en torno de una visión común, aunque más no fuera la visión de un horizonte donde los jaguares se comportaban como enviados divinos...
Octavio Paz dijo, buscando un significado a la enigmática risa de muchas estatuas olmecas: "El sol lo sabe y calla. Está en el secreto y no lo dice. O lo dice con palabras que no entiendo. He olvidado, si alguna vez lo supe, el lenguaje del sol”.

El pueblo olmeca desapareció mucho antes de la llegada de los europeos, les ahorraron el trabajito del exterminio. Qué lástima para la humanidad no poder tener memoria de las antiguas razas extintas.
Qué gran pena: yo también, al lenguaje del sol, lo he olvidado por completo...





Algunas imágenes (se pueden ampliar)
Otra vez la sigla, esta vez en Octubre. Síndrome de Fatiga Crónico: cada año llegas antes, voy a buscar en google la oficina para hacer la reclamación del caso.
Lleno los formularios, marco con puntitos primorosamente redondeados y pequeños, no es por femineidad exacerbada, no es por emular el puntillismo de Monsieur Monet: es que llenar cada huequito me produce un cóctel de autorreconocimiento y disgusto.
Vamos a ver:
¿Ha sentido dolores recurrentes de garganta?
Sí.
¿Dolores de cabeza diferentes a los normales, o difusos?
Sí. Primera vez en mis 43 añitos que me tomo uno de esos "mata-jaquecas"
¿Se siente agotado después de una jornada normal de trabajo?
¿Normal para quién? para el redactor del test que el sábado está jugando golf y tomando daiquiri? Bueno...sí.
¿Siente un deterioro sustancial de su memoria?
Perdón....qué me estaba diciendo. Jaja. No, eso no (Bingo!)
¿Ha padecido trastornos en el sueño?
A ver, como se lo explico: yo sueño que duermo, y Sigmund Freud dijo que el sueño es una manifestación de los deseos, asi que concluyo que DESEO dormir, pero más que nada deseo des-cansar.
Bueno pero...¿Ha padecido trastornos en el sueño?
¡Qué se yo! Cuando me encuentro con mis sabanitas, nos hacemos amigas en breves minutos y si no suena fuerte la radio no me despierto. Ok: no
¿Manifiesta intolerancia al frío y/o al calor?
Al frío! como siempre! Ahora que estamos en un símil del primer mundo me enfrento al frío del aire acondicionado, después salgo a la calle toda tibia de primavera y estornudo como un esclavo camboyano. No soy yo la intolerante, es el planeta.
¿Ha notado falta o excesivo apetito, hipoglucemia, pérdida de la adaptabilidad ?
Hey, hey, vamos de a una! Apetito: naaa... igual. Siento más bien otros apetitos sin saciar. (pero sí, sí, sí...entendí...no nos desviemos...!) Hipoglucemia: como me dijo un alumno el otro día "me ofendería si supiera lo que quiere decir"
Adaptabilidad: al contrario, me estoy metamorfoseando en camaleón, o en esquizofrénica, según se mire. Soy 200% adaptable últimamente.
¿Las situaciones de sobrecarga emocional lo llevan a períodos de ansiedad o episodios de quiebre emocional cargados de angustia?
A la pelotita... supongo que como a todo ser humano. Si me sobrecargan las emociones claro que me angustio! Mi petit probleme es que la sobrecarga llega cada vez más rápido. Siento un hilo trenzado firmemente entre el pecho y los lagrimales, no sé si será físico, químico o espiritual, pero sé como ejerce torsión cuando se tensa. Le puedo describir los síntomas -si es pertinente-, sé lo que siente el interior de una vela cuando arde su corazón para iluminar en derredor. Lo sé porque he vivido allí.
Ay, caramba...esta paciente delira poesía!! Por favor, es un test serio!! ¡¿La enfermedad persiste desde hace por lo menos 6 meses?!
¿Enfermedad? ¡Yo solo quiero vacaciones! Hace seis meses...déjeme pensar...en abril... No... no me pasaba nada que se me hubiera ocurrido asociar con esta sigla.
Che, lo mío no será simplemente que gano menos de lo que merezco, que trabajo más horas de las debidas, que vivo en una parte del mundo donde el trabajo intelectual vale menos -muchísimo menos- que la exposición de la estupidez frente a las cámaras de televisión?
¿Y no será que este airecito de flores en provocativa eclosión y estas nochecitas de estrellas blancas me empujan a ciertos goces que el invierno aletargaba?
A ver un alma generosa que invite con una velada de relax...
Estos son tres ejemplos de historias que escribí con ángeles.
Hace mucho. Años. Probablemente en la adolescencia o en ese limbo de los veintialgo. Nunca pude reescribirlas, y aunque las ideas me siguen gustando, el estilo literario era francamente malo.
Entonces se las cuento en formato blog, para sacudirles las pelusas, a modo de prueba de fuego, para ver si alguien hace un corto con el guión (algo copado que hicieron con una true story de Hernán Casciari, por ejemplo) o un videito para Youtube o un meme.

Digo, que se yo, insuflarles aire fresco. Como son de ángeles, en una de esas vuelan y todo.
HISTORIA 1 Se llamaba originalmente "Cuento con ángeles" (Arrancamos con la onda evidencia vulgar)
Fue un error, una mala jugada del Señor de Arriba, algo así: se le olvidó guardar sus criaturitas al despuntar el sol y la ciudad amaneció plagada de ángeles. Reacciones diversas: admiración, temor, penitencia, tranquila sorpresa o alegría. Hacia la tarde se avivó el Señor, los mandó llamar a todos, subieron en tropel formando una nube gigantescamente blanca. Al día siguiente todo el mundo se esforzó por olvidar el extraño suceso, y se esforzaron tanto que lo borraron de las noticias, limpiaron las pecas de luz dispersas, se quitó de la memoria colectiva, como una vergüenza. Yo lo supe porque un ángel se sentó al lado mío mientras escribía y me relató todo. Cuando me terminó de contar, se le plegaron las alas, se oscureció su piel y su pelo...se fue caminando, y a metros de mi ventana ya era un pibe como cualquier otro.

HISTORIA 2 Se llamaba ...¡creo! "Reverente Mente"

Esta venía de truculencia y locura. Era una nenita que iba al colegio con su hermano menor de la mano y para llegar, de ida y de vuelta, cruzaban por el cementerio. Lo tomaban como un paseo -exótico, si los hay- y a esta nena le empezó a carcomer la cabeza una imagen de un angel con figura femenina sobre una vieja tumba. Empezó a "ocuparse" de la estatua, un día limpiando el musgo, otro día llevándole flores... De a poco lo transformó en un ritual obsesivo, de manera que terminó desembarazándose del hermanito (al que mandaba a casa por delante) para postrarse ante el ángel de mármol, besarle los pies y hablarle con sometimiento. Así, bastante escalofriante.

Un buen día el intendente municipal decide una reforma del cementerio, así que entran los morochos con picos y palas a dar vuelta el sector "viejo", desmontando de su pedestal enclenque a la angelota en cuestión. Por supuesto la nena entra en pánico, trata de evitar que los obreros toquen "al ángel que le habla" y en el momento en que uno de la cuadrilla intenta acercarse, los labios blancos de la estatua se tornan rojos, se mueven, dicen una frase barroca pero que en pocas letras es algo así como "gracias por defenderme, me liberaste de esta prisión, me vuelvo al cielo". La figura completa se descascara, como un huevo atroz y de exomundo, y del interior sale un ángel idéntico, pero etéreo, que en tres aleteos gana la altura de los primero cirros.
No me acuerdo qué final tenía. ¿La niña enmudecía para siempre? ¿Se levantaba allí un templo?¿Se demonizaba la parcela?
Bueno, el que ventile esta historia, póngase a pensar un buen remate.

HISTORIA 3 Esta se llamó "El Ángel de Belén" (quise ser heavy, calculo, jajaja)

Transcurre en el campo de Don Ángel, un campo asolado por la sequía. Don Ángel anda medio pirado, y todos temen que pierda definitivamente los estribos (además de las cosechas, el respeto del pueblo y la mujer). A propósito de ella: se llama Belén, una vieja medio viborona, que intriga un poco, que prepara menjunjes y coquetea con la fortuna del marido.
Esa noche, se escucha a Don Ángel bramar enloquecido y andar a los saltos entre el polvo. Al otro día, llueve torrencialmente. Se salva todo lo que estaba a punto de perderse; fiesta, regocijo, morfi y vino (que se trata de argentinos, claro está). Pero falta Ángel: Belén les explica a todos que la sequía, la angustia, la sed de los días previos era todo consecuencia de una maldición que pesaba sobre Don Ángel. Si él no se iba para siempre del campo, no hubiese llovido jamás. Nadie objeta la historia, a todos les conviene. Se teje un relato juglaresco en el que Don Ángel ocupa el puesto del maldito por el Altísimo que se sacrifica para mitigar la sequía.
Tiempo después (no sé si dije meses, si dije años, qué mas da) en una ronda de tardecita en el campo aparece un viejo contrahecho, señalando a Belén con un índice acusador "mentirosa, ladrona" solloza el viejo "me diste de beber tus venenos... me hiciste arrastrar por mi propio tobiano... pero ya ves que sobreviví...para que todos sepan la verdad: que yo te anuncié la lluvia y tu avaricia hizo todo lo demás". Todos se avergüenzan, pero Belén intenta desesperadamente sostener su coartada. Perjura "que me muera si he mentido, Ángel".
Y ahí nomás, como fulminada por una descarga celestial, ñacate, cae muerta ante el estupor de todos. Listo, cumplido, Don Ángel se lleva de allí los restos de su humanidad hechos un nudo repugnante.

Ahora cada vez que se produce una sequía prolongada, la gente de la región otea el horizonte y reza casi: "ahí va el Ángel" . Y nada más. Hermetismo. Los jóvenes dicen que ya no saben si se refieren a un anciano llamado Ángel, del que se cuenta una borrosa y contradictoria historia, o a un ser espiritual como Dios manda, implorando la lluvia, un milagro que en esas tierras sólo un ángel podría conseguir.

...Y ahí están contadas, servidas, las tres historias con ángeles, pobres los ángeles urgentes, pobres de los que no creen en ellos, y pobres de los que son ángeles, y no enteran jamás.
Tremendo cartel, pasacalles, firuleteando al viento con un anuncio digno del hombre feliz: COMPRO FRACASOS, dice mi cerebro que se leía en el cartel.
A la pucha! -pensé- entonces existe un tipo suficientemente exitoso como para darse el lujo de andar por la vida comprando fracasos ajenos.

Acto seguido se formó una imagen en mi mente, que relato en primera persona:

-Hola buenas tardes...usted compra fracasos?
- Así es, mi amiga. ¿En qué le puedo servir?
-Bueno, vea, tengo una serie de fracasos sucesivos, a cual más portentoso, que quizás esté interesado en adquirir.
- ¿Son originales? - pregunta el fulano, enarcando la ceja izquierda. (Ah, ladino, ya empezamos con las objeciones para el regateo)
- Mire, originales, lo que se dice originales...no son. Tengo un fracaso matrimonial importante, pero el resultado final yo diría que es aceptable. Un fracaso como tenista y dos como poeta. Y uno como bricoleur, pero con esas cajas del demonio que te venden en el Easy, diría que es casi un empate, más que un fracaso.
- Mmm...me temo que es usted la vendedora estándar...Clásica, típica... si fuese una vieja, estaría vendiendo sus oros en la calle Tucumán... ¿Y qué espera obtener de la venta, vamos a ver? ¿Qué tenía en mente?
- Upa!...Estemm......no lo sé. ¿Algo de dinero...? (Sonrojo evidente. Odio a los capilares sanguíneos y su vasodilatación involuntaria)
- ¡¿ALGO?! de! dinero!...? -exclama, pregunta, carraspea, no sé cómo hizo para conseguir ese tono extraño en tres palabras- ¿Cuatro fracasos por cien pesos dice usted? Un trueque relativamente mundano, si le estoy entendiendo bien? Ni siquiera se le pasó por la cabeza que un sujeto tan poderoso como para comprarle a usted un fracaso podría a cambio proporcionarle...digamos... un éxito? ¿Un éxito diminuto o modesto, cuando menos?
-Caramba, lo siento... no...no lo había pensado...
- ¡¡No lo había pensado!! ¡La respuesta típíca de los perdedores!
Empiezo a retroceder hasta la puerta, con un susto de padre y señor mío, cuando ésta se cierra con estrépito de película de Stephen King. Miro de reojo por detrás del mostrador, porque ahora supongo con horror que estoy en las puertas del Averno, una puerta ha de tener el averno en Monte Grande, y qué puntería la mía, me he metido por ella en busca de un negocio de lo más delirante e imposible. ¿Tendrá cola terminada en punta el supuesto exitoso? ¿Aliento de azufre?
- ¡Por Dios y la Virgen desatanudos! - brama el dueño de casa. Ah, no, entonces no es Lucifer, suspiro, no sé de qué me alivio, pero mi mente aturdida sólo alcanza a dicriminar que Satán no invocaría jamás a Dios.
- ¡Y la Virgen de Itatí y las llagas de San Roque! - sigue vociferando.
Ahora sí que estoy fregada: no sólo no era el Malo, sino que parece que es la competencia. Y con éste no hay mucho que negociar, te pesca en cualquier renuncio, te sabe los secretos, estoy perdida.
-Creo que me retiro, le pido disculpas por la confusión... -balbuceo con un hilito de voz tan fino que parece que se va a cortar como una hebra de seda añeja.
-¡Eso! ¡Confusión! ¡Ya es la quinta persona en la misma tarde que entra con ese discursito! ¡Qué país generoso! Pero me hacés el favor queriddda (dice apoyando la lengua contra los incisivos al mejor estilo H.H.) y lees BIEN el cartel de la entrada!!
Salgo. Retrocedo. Leo. O intento, porque el furibundo comprador me espeta, sin darme tiempo:
-FRASCOS es lo que compro, muchachita! ¡FRASCOS! Para fracaso ya tengo el de mi propia empresa de perfumes...te queda claro ahora?
Se veía pálido y despeinado, las dos cejas tan altas que parecían perdersele en la frente magra. Me dio pena, a pesar de su arranque de ira injustificada.
-Si hubiera un tipo capaz de comprar fracasos, tenga por seguro que sería un flor de hijo de puta- aseveró, volviendo a tratarme de usted, retornando a su silla, a su mesita berreta, a su miserable búsqueda de envases originales donde capturar el tufillo del éxito que nunca fue.

Dedicado a Juan, que leyó en el cartel lo mismo que yo, y me inspiró esta delirante historia.
Cito la cita de Savater, que me llegó vía el comentario de Leuma:

"Ten confianza en tí mismo. En la inteligencia que te permitirá ser mejor de lo que ya eres y en el instinto de tu amor, que te abrirá a merecer la buena compañía"

Lapidario y sin muchas vueltas, el consejo no sólo me asigna buen puntaje en inteligencia e instinto, sino que me obliga casi, a obtener buenos resultados en consecuencia.

Tener confianza es tener fe. Y la fe es un bálsamo exótico, una cualidad con pocos matices: se tiene, o no se tiene, sin grises. Entonces confiar en uno mismo, en sus instintos o inclinaciones, tendrá también ese talante blanco/negro.
Hasta lo de la inteligencia íbamos bien. Ya lo otro se me hace más espinoso.

Entonces, cuando la compañía que encuentro no es tan merecedora...será que no he seguido el instinto de mi amor? ¿O será que, al seguirlo, encontré justamente la compañía que me merecía, y que finalmente no es "tan buena"?

Me causa espanto esa posibilidad.

Cuando empecé a escarbar en la complejidad de estos asertos, de inmediato recordé la fábula de la rana y el escorpión. Ambos confían, ambos se arriesgan...ambos se ahogan.

Me parece escuchar razonar a la rana,cuando el escorpión le pide transbordo:
"¿Me crees loca o tonta? Te conozco bastante para saber que actuarás de un modo irracional y me envenenarás en cuanto la ocasión te sea propicia."
El escorpión argumenta a su vez: "No me conoces tanto! Confía en mi..! Necesito cruzar el río, y el agua me aterroriza... no te picaré! No soy suicida!"

Bueno, parece que el instinto de amor de la generosa rana le hizo merecer una compañía que aniquiló su propia vida. Aquí es la parte en que todos decimos que el escorpión fue un ingrato y un estúpido, y que la rana se pasó de ingenua. Pero dejamos la cosa ahí (¡total! que se ahogaron los dos!) y es justamente en ese punto donde deberíamos empezar a pensar: será que algunos actuamos siempre -ciegamente, románticamente- como crédulas ranas y otros lo hacen siempre como escorpiones ventajeros? ¿Cuánto de responsabilidad le toca a la rana por haber depositado su confianza en quien no la merecía?¿Cuánto al escorpión por no haber advertido que "su naturaleza" lo haría actuar de manera kamikaze? ¿Se podría pensar otro final para estos inevitables cruces de ríos?

Navegando por la red me encontré una interesante explicación a la conducta de los dos animalejos (está aquí)

También vino a mi mente el recuerdo de ese juego de la infancia que llamábamos "el muñeco de goma". Dejarse empujar, dejarse llevar, dejarse caer, confiar: ese era el truco para la diversión.

Si uno sentía miedo, trastabillaba y pum: se terminaba el juego.

Era lo mismo, ya veo.

Uno aprende todas las grandes lecciones en la infancia, pero solo puede entenderlas con el paso de los años.
Ética, didáctica, política... me han contado que todas las palabras terminadas en "ica" llevan en su sentido original la idea de una acción. Se manifiestan mediante la acción.
No discurso, no palabrita florida, no reflexión culturosa: acción.

Inspirada por la enseñante y amorosa lectura del libro Etica para Amador, que le compré de regalo a Chechu (porque insiste, y se va afirmando en ello, que va a estudiar filosofía) me senté por fin frente a mi propia PC conectada a la Red a ponerle palabras a esta idea.

Mis hijos son como los hijos de toda madre: preciosos y llenos de talentos, vivos, divertidos, casi perfectos. No es que lo diga yo, que soy la madre que los parió, no no no, qué va: lo dice cuanto ser humano los conoce. Y si no lo dice, entonces es que lo piensa. Da lo mismo. Jajajaja...

En resumen, y tratando de ser un poquitín mas neutral, debo decir que mi vida se ha vuelto totalmente plena de sentido desde que tengo comprensión de que mis dos hijos son dos personas complejas, alegres y libres.
Tengo fresco el recuerdo de pensar con cierta ambigüedad acerca de mi capacidad de madre. No soy buena ama de casa, si me lo preguntan. No me destaco por hacer tortas, ni berenjenas en escabeche, ni por zurcir la ropa, ni por pulir los vidrios. Me gusta el orden más bien ascético y la decoración reducida al mínimo.
No obstante, con mi mochila de desaciertos pesando al hombro, me reconozco feliz con mi tarea como mamá. Pato y Chechu son criaturas capaces de comprenderme y hacerme reír. Se adaptan a mis magras vacaciones y disfrutan a más no poder. Se las arreglan para soportar mis largas jornadas de trabajo, y me hacen gratos los momentos en que estamos juntos. Confían en mí, y yo en ellos, cada uno en la medida de sus secretos y libertades.
Mi jactancia no es la de los intelectuales, porque no es la duda, sino la dulzura de la certeza.
Se ve que tuve la buena fortuna de transmitirles algunas ideas que me parecen fundantes.
Se ve que ambos han tenido la capacidad de asimilar esas ideas, pero encajándolas en sus esquemas. Eso me encanta de mis hijos: siento que cada uno elige, dentro de la idea de "obrar bien" el estilo que más le cuadra.
Por ejemplo, Chechu es una típica adolescente carcajeante un...digamos... 90% de su tiempo.
Pero aún en la risa burlona ella dice siempre lo que piensa, aunque vaya en contra de lo que yo le aseguro que creo: a ella le cae bien la gente extraña y se ha vuelto completamente atea, así que chicanea a la profesora de catequesis y pone a prueba a la de filosofía, casi como un deporte.
Pato me da la razón en eso de que hay que leer más y que debería mejorar la letra, me da la razón cabeceando tranquilamente mientras hace la tarea sobre la cama (y la letra sale ahora calamitosa que es un espanto) y tiene encendida la tele y el MP4. Y claro, pero cuando le pregunto tiene todo más o menos claro y el boletín es un campo de ochos, y nueves, y dieces.
Cuando se ponen de acuerdo, así sea en la repetición de una frase de un cómic, pueden sostener el estado de cuasi estornudo durante toda la cena y el postre, y paran de tentarse cuando finalmente se duermen.
Se dicen mutuamente "tarado" y "deforme" pero se dan un beso antes de irse a dormir y cuando se reencuentran al volver del colegio.

A mí me da placer contarles casos y cuentos, escuchan con interés o con deseos de burlarse, pero escuchan y opinan y lo mastican. Lo sé porque a veces, meses o incluso años después, lo sacan a relucir en sus propios relatos, o me lo recuerdan en situaciones inoportunas (lo que se llama usar las palabras como un arma de doble filo).
Bonitas las reflexiones de don Savater para su hijo adolescente, super didáctico, super sencillo, explicándole que uno no es libre de elegir lo que le pasa, pero sí es libre para responder a lo que le pasa. Y que elegir lo más conveniente, lo que más nos acerca al bien, es un síntoma preclaro de cordura, de moral, de una ética bien entendida. Yo creo que nunca lo había desmenuzado tanto así, pero por cierto me veo reflejada en ese cristal.
Si hoy tuviera que escribir un consejo para mis hijos, replicaría para ellos la única consigna de la Orden fundada por el gigante Gargantúa "HAZ LO QUE QUIERAS"
Concedo: se equivocarían un poco, aunque de buena fe. Pero acertarían bastante. Fabricarían momentos felices y sabrían encontrar risas en las simples cosas. Tratarían de no ser jodidos, ni crueles, ni egoístas. Esa es la ética que deseo para Chechu y Pato.
Res, non verba, mis adorados pichones.
Y a la cama, joder, que se hizo tardísimo.
Durante 22 largos, muy largos, larguísimos días vengo arrastrando mi ira por la falta de teléfono y de internet. Me han atendido una infinidad de operadores, sin apellido todos ellos claro está, sin número de legajo, sin rostro, sólo voces en la caverna de la resignación repitiendo como unos posesos: "su pedido será resuelto en los plazos establecidossss"
Rabia, frustración, luego desazón o angustia por los plazos que se vencían, por los trabajos pendientes (uno recién se da cuenta de cuán profundo cala Internet en nuestra vida en estos miserables días de espera-desespera) por los breves instantes de recreo mental que uno se permite desde la soledad de su casa rozando la medianoche...
Hoy me avisaron que todo se debía a un simple, llano, común, vulgar, berreta...cable cortado.
Que todo estaba bien, que esta noche cuando llegue a casa tendré teléfono contante y sonante, Internet funcionando, y motivo para alegrarme.

Bueno, vamos a ver.
Por las dudas posteo desde otra PC. Por las dudas cruzo los dedos y no canto victoria.
Y aviso, para que sepan.
El que avisa no es traidor.
Qué triste es la mirada turbia del que sabe que se portó mal con uno. Que sabe, y no le alcanza el largo del vestido para cubrir su trasero sucio.
Portarse mal con los colegas es como taparse a sabiendas las vergüenzas con una frazada demasiado corta: te tapa de un lado, te desnuda del otro.
Buscar culpas o consecuentes es una labor completamente estéril: no te devuelve la inocencia, y no te sirve para la próxima agachada de los que prefieren vender su dignidad por una sonrisita de complacencia.
Me parece que tengo un deja vu con este tema... que ya los caractericé como "los delimitadores de las primaveras". Que en ese momento en los comments, mi hermana pensó -erradamente en ese entonces- que mi descripción se ajustaba a esos personajes que eternamente siguen a flote en dependencias oficiales. Se ve que la definición de estos oportunistas, travestidos de camaradas le caía como pintada a más de uno (o de una...jejeje)
Silvio siempre me da letra, así que sigo citándolo impunemente. Esta vez en su canción "Alabanzas" cuando dice:


Quien ayer me daba un beso
ahora me trata de usted.
Yo no quiero aprender eso,
yo no quiero aprender eso
ni al derecho ni al revés.


Y sí, como dije al inicio del post: esto es triste, muy triste. Más deprimente que enojoso... una situación que causa ese sentimiento gris: tristeza.

Pero como me queda la dignidad de elegir, elijo no aprender a actuar así. Para los que llenan sus arcas con palmaditas en el hombro a cambio de relamidas obsecuentes, mi postura será ridícula y les servirá para explicarse mi bajo nivel de ganancias en los negocios.
Bah...qué me importa el juicio del necio,"que confunde valor y precio."

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