Se viene Septiembre... Septiembre mon amour.

(Invierno no te aguanto maaaasssss)

"Todo vivir humano ocurre en conversaciones
y es en ese espacio donde se crea la realidad en que vivimos. "

Humberto Maturana
¿Cómo es posible que a veces me sienta mejor comprendida por Mer, que vive en Puerto Rico, a quien nunca vi en persona, con quien no pasé un cumpleaños, una navidad? ¿Por qué puedo esperarla online por horas para intercambiar solo tres cosas nimias, y quedarme tranquila? ¿De dónde sale ese hilo manso y perdurable de confianza que me une a sus palabras? De haber conversado mucho. Mucho. Muchísimo. De haber puesto en palabras el desamor, y el divorcio, y los sinsabores de los triunfos-fracasos del postmatrimonio, y los desvelos por la enfermedad que casi me arranca el alma, y su embarazo y el nacimiento del niño, y el fallido viaje al pais de los putos yanquis , ...y las noches en blanco... y las charlas "como los locos"...
En las conversaciones se me revelan las personas, las intenciones, las conexiones entre lecturas y mundo, las pequitas blancas que está sembrando el futuro en mis neuronas.
Conversando con Beto es que lloré tupido y parejo un par de veces, él allá en el frío y el viento, yo acá (¿acá? donde es "aca" si estábamos tan cerca...) mientras él remataba con "dale, zanguanga, no llorés". Y ni siquiera habia mic...pura comunicación alma/alma .
Conversando con Pan entendí la verdadera dimensión de la locura y el potencial de mi valentía, que esperaba en las gateras.
Me valido y me reconstruyo día a día en esa trama de charlas que me atraviesan...
¿Pero cómo es que se tienden y entrecruzan los hilos de las conversaciones en Internet?
¿Será que tengo un insólito talento, una varita de tres puntas virtual que indica el sitio donde podría abrevar su sed mi espíritu conversador, soliloquero, expresivo por las suyas?
Algo de eso intuyo.
Uno tiene innumerables oportunidades de relacionarse con personas, personas reales y virtuales (son las mismas, tonti, son de verdad también....) y entre ese manojo de brillantes puntos luminosos, como monstruoso ramo de flores de fibra óptica, yo miro a unos sí...a otros cientos no...
Voy rápido así que no puedo fiarme de ningún método de análisis serio: elijo conversar con alguna gente porque sí, porque me piace... Normalmente elijo bien, o eso vivo creyendo.
Uso etiquetas para recordarme a mí misma algunas categorías que ordenen mínimamente el bello caos de las palabras. Una suerte de autoalzheimer.
Ahí es donde fallo a menudo. Etiqueto erradamente, soy una blogger renegada y obtusa cuando median las emociones.
Hoy, recién, hace un momento, recibí esta advertencia en una conversación que me dejó pensando (como siempre) en unas doscientas cosas que me gustaría profundizar. La tomo, porque vienen de un profesor que se ha esforzado por explicarme cuántos pares son tres botas, si uno quisiera ponerle calzado al corazón, para que se clave menos espinitas, para que se ande con mas cuidado, caramba.
"Ojo con el tagging sentimental" dice, en algún punto.momento.resquicio de la conversación.
Que compasión y con-pasión son dos humores idénticamente motivadores -para mí- pero con resultados sentimentales bien contrapuestos. Que cuidado con los remedios y las curaciones, que en griego veneno se dice pharmakon...
Algo de eso debe haber, concedo.
Y en el espacio donde converso, la realidad aparece, borboteando, rebalsando de su olla tiznada que nunca estará al final del arcoiris.
¿Me creerán ahora, cuando a la pregunta "dónde vivís" respondo "aquí, en la red" ?
Hola, señora mamá
Aquí nuevamente con usted, para acercarle una caterva de consejos imposibles de seguir.
Pero no importa, todos lo hacen, predican lo que no cumplen, después del "haz lo que yo digo, más no lo que yo hago" evangélico, cualquier pelandrún se siente con derecho a impartir lecciones de moralidad.
Así que hoy, señora mamá, le quiero hablar de las vacunas. Ay...si si si: las vacunas! Esas cositas pinchudas que nos libran de todo mal, que nos evitan morir como convulsos de tos ferina, que nos guardan de las caras deformes de la parotiditis, que nos evitan echar espuma por la boca, como perros hidrofóbicos.

Y hay vacunas de todas las calañas:

  • vacunas para pobres, (esas las tienen casi todos, porque te obligan en el hospital, y bueno, ya que nació otro crío, al menos que le pongan algo que le aliviane la vida a la que llega
  • vacunas para ricos (esas que se pagan en cuatro cuotas y cada año te enterás de que te cubrían sólo la versión C-31 de la citada peste....ahora van cuatro cuotas más para protegerse de la cepa C-32... la puta, parecen marcas de celulares las enfermedades modernas!!
  • vacunas para mascotas (más baratas, más espaciadas, gracias a Dios...)
  • vacunas para viejos (antes los viejos de 80 se morían de gripe o pulmonía sin decir agua va... ahora se vacunan los pobres, y así tiran... otro invierno de soledady hastío...)
  • vacunas para viajeros (esas son dolorosas pero suelen ser muy top: "me vacuné porque tuve que visitar la zona de las pirámides, viste?")

Ahora mire usted, señora mamá. No existen las vacunas que protejan a nuestros hijos de los peores males. Nadie inventó la vacuna contra el abuso, contra la explotación infantil, contra la ignorancia premeditada. No hay vacuna contra la pedofilia. Ni tampoco remedio para las bestias que la padecen y desparraman...

Yo creo, mire, qué quiere que le diga, señora mamá... creo que ya es buen tiempo de agarrar la manija de la superindustria vacunocéntrica y empezar a generar algunas vacunas nuevas que valgan la pena. O valgan la alegría. Sí, mejor.


Mientras tanto, como siempre! va la lista de remedios caseros:

  • Vacune a sus hijos contra la mediocridad: aléjelos del masaje electrónico de la tv (¿qué? acaso no leyó nada sobre la plasticidad del cerebro?) al menos unas horas por día y enfrásquese con ellos en diálogos absurdos. No se preocupe, señora mamá: no se volverán locos y mucho menos absurdos ellos mismo. Usted pruebe. Pruebe y sostenga.

  • Vacune a sus hijos contra la hipocresía: déles la oportunidad de ver que usted le dice lo mismo sobre un tema controvertido, a dos personas diferentes, el mismo día.

  • Vacune a sus hijos contra la infancia fingida: no los trate como a idiotitas, aunque sean peques. No durará más tiempo su infancia (la de ellos) ni su juventud (la de usted) por tener en casa un papanatas de 5 años que habla como bebé. Ibidem: cuando crezcan un poco, no pretenda que sigan creyendo en el ratón Perez o papá Noel solo por darle el gusto a usted. Permítales creer, y también permítales dejar de creer.

  • Vacune a sus hijos contra la violencia: simplemente no les pegue jamás. No ejerza violencia física sobre ellos jamás. No hace falta para nada. No, para nada. Y punto.

  • Vacune a sus hijos contra la rutina: muéstreles que algunas cosas se pueden hacer, a veces, de maneras innovadoras.

  • Vacune a sus hijos contra la vulgaridad: habléles con palabras sustitutas. Eso es! con sinónimos! Úselos ud misma con confianza y fluidez, de manera que se sientan cómodos de hablar con términos comprensibles -aunque no sean tan usuales-, y no se vean como unos frikis culturosos.

  • Vacune a sus hijos contra la tristeza y la desidia: trabaje con ellos sobre el valor de las pequeñas ventajas de leer, conversar, usar Internet, oir música, saber juegos, historias, poseer ingenio... Haga que se sientan dichosos por lo que tienen, y capaces de progresar o alcanzar mejores metas si se siguen esforzando.

En fin... la lista podría convertirse en una sucesión in eternum de buenos reemplazos de las vacunas que aun faltan. Seguro, alguna de estas, fallará en sus resultados, o tendrá alguna que otra consecuencia emergente no deseada. Anótela, por favor,señora mamá, en la lista de efectos colaterales, y pase después por caja que le devolvemos el tiempo invertido.

Pero, mientras tanto, mientras la vida sigue a toda marcha, mientras los chicos se vuelven gigantes en miniatura, podemos ir probando, señora mamá, como hemos hecho forever y sin permiso: medicina de entrecasa, que le dicen, remedios para todos los males.


Vacune a sus hijos, señora mamá.

Es un mensaje del Futuro Inmediato, para su total satisfacción.
Así es, así debe ser: la buena vida se vive en este valle de lágrimas. Es que soy de modestos pareceres, y me doy unos gustos gasoleros. Entrar a esa confitería todo maderas y luces naranjas, pedir esas tortas pantagruélicas de chocolate, crema, nueces, frutillas....todo... mirar cómo la tarde helada se vuelve nochecita violeta, reírse de los mismos viejos chistes...

Sí, señores, sí, señoras: yo tengo una buena vida.

Pongo a todos los ángeles de testigos Ellos no me dejan mentir.

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