El título es una afirmación de Henry Thoreau, el que se volvió ermitaño como una experiencia acerca de la posibilidad humana de vivir con lo mínimo, de reducir el lujo a cero, de explorar la moral y la naturaleza de los hombres, volviendo a los bosques, volviendo a la esencia de lo humano.

"Debemos aprender a volvernos a despertar, y a mantenernos despiertos, no con ayuda mecánica, sino por medio de una infinita espera de la aurora, que no nos abandone en nuestro sueño más profundo." dice Thoreau

Escuché por primera vez el nombre de este escritor en boca de un maestro muy querido para mí, Eduardo.
Cuando me dí cuenta un poco de cómo era su estilo, encontré dos puntos fuertes: Eduardo amaba la música y los lenguajes constructivos en la computadora. Fue la segunda persona que me enseñó a "pensar en Logo".

Daba sus clases con una amarga convicción: nadie heredaría el fuego de su pasión.

Tenía entre sus alumnos de esos años a personas de edades y clases muy diferentes entre sí. Algunas estaban allí por snobismo, otros porque pensaban obtener beneficios económicos relativamente rápidos, otros (como yo) movidos por una curiosidad insoportable.

Eduardo explicaba con un tono de voz grave y relajado, pero se apuraba con los ejemplos, se impacientaba con los que hacían trampa, pero se detenía a veces en un remate original, en una vuelta de tuerca inesperada, disfrutando cuando sentía que el logro del alumno tenía una clara inspiración en las sugerencias del maestro.

De Eduardo aprendí mucho más que a programar en Logo. Lo que supe hacer de programación, en todo caso, me ha servido luego de "colchón" para aprender a pensar y resolver cuestiones de la más variada índole. Pero sin duda alguna, han sido otras las enseñanzas que me hacen recordar a Eduardo como un referente importante.

Recuerdo cómo preparó una pieza musical para ejecutarla "a dúo" con un programa de computadora y su flauta traversa. Recuerdo cómo defendió su derecho a tocar la pieza completa en el auditorio de un congreso, mientras un locutor mala onda y eficientista decía por los parlantes que el tiempo se había agotado.

Recuerdo haber cruzado con él alguna mirada de complicidad en medio de un grupo de mujeres presumidas. Ninguno de los dos juzgaba, pero sé bien lo que sus ojos decían. Sé que no me medía a mí con la misma vara.

Recuerdo que le costaba mucho ser cariñoso con los alumnos, (supongo, no lo sé, que la proximidad física lo hacía sentir incómodo). No obstante eso, un día, al finalizar un curso, accedió a ponerse mi collar de flores de papel, mientras decía "vos sos...una perla dorada"
Rarísimo...una perla dorada... Creo que quiso decirme que era una alumna especial, ese granito de arena que incomoda pero termina nacarándose y volviéndose algo bonito.

Recuerdo que por Eduardo conocí a Thoreau, y que fue leyendo Walden cuando comprendí de una manera más profunda la retórica de su pregunta "Hemos perfeccionado los medios. ¿Pero acaso también perfeccionamos los fines?"

Yo no fui tan drástica, no necesité irme a los bosques, no hube de reducir a tres las sillas de mi casa, como lo hizo él. Pero sí que quise -quiero- vivir mi vida deliberadamente, con plena consciencia.
Aprendí que honrar los buenos recuerdos es una manera interesante y gratuita de revivir. Volver a despertar, vivir despiertos, lúcidos, reverentes.

Estar ahí cuando sale el sol.

Gracias, Eduardo, por las cosas pequeñas que me enseñaste hace tantos años. Gracias por esa frase, por haber pensado bien de mí. Nobleza obliga. De nada, che.

3 comentaron esto...:

Nico dijo...

que lindo. me agarro nostalgia. El lenguaje LOGO, la tortuguita, AD 40. Hermosas épocas cuando hacía frío de verdad.

VeRa dijo...

Oia Nico....vos también aprendiste LOGO?

Cuanto camuflado termino descubriendo...!! jaja

Anónimo dijo...

Yo conocí a Thoreau por casualidad, desde que supe que existía me di cuenta de que siempre algo de él había estado presente en mi vida, él me motivo a tomar grandes decisiones, es sin duda uno de los hombres mas grandes en la historia de la humanidad.
gracias mentor.

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