Jardín de infantes: así, poéticamente, llamamos en Argentina al nivel de educación inicial.


Jardín japonés: al parque primorosamente construido sobre las bases del diseño "humano" de los imperiales paisajistas: los caminos se hacen después de que los paseantes los marcan con su recorrido.


Jardín botánico: un milagroso retazo de verde en medio de la ciudad de Buenos Aires, más famoso por sus gatos que por sus especies vegetales.


Jardines cerrados: una metáfora que escuché en una conferencia de Hugo Pardo. Walled gardens, los llamó, que eso del sinónimo anglosajón da mucho brillo. Pero, eso: jardines cerrados.


Jardines de la victoria: una metáfora que usó David Perkins en su libro "La escuela inteligente" con una bella modificación: Jardines de la victoria para revitalizar la educación, dijo David.


Es que los jardines de la victoria "originales" fueron un emprendimiento de algunos países durante las grandes guerras. Estos alentaban a los ciudadados a cultivar, en pequeñas parcelas (tan pequeñas como sus magros jardines) hortalizas o legumbres para paliar los efectos del desabastecimiento y subir la moral ciudadana al sentir que todos colaboraban en algo.


Perkins llevó la imagen más allá, al hablar de aquellas iniciativas de algunos educadores, en algunas escuelas, en algunas aulas, en algunos países...iniciativas que pueden parecer insignificantes y aisladas, pero que marcan la diferencia, cuando menos, para aquellos que las viven.


Este modelo es tan fácilmente criticable que no me detendré a defenderlo. No termina una de explicar la idea y ya se oyen los murmullos críticos acerca de estas ideas individualistas, ingenuas, poco estructurales, que cargan el peso en los hombros de los enseñantes y se olvidan del papel que el Estado abandona.... Y BLA.


Bla.


Bla.


Antes de escuchar todo eso, aviso: (el que avisa, no es traidor) entiendo perfectamente que las pequeñas alternativas no producen (ni siquiera sumadas) las grandes transformaciones que son necesarias y justas.


PERO


También entiendo que son respetables y dignas. Que dejan su huella. Que trazan una distancia entre no hacer nada y hacer algo con corazón y con ra zón.


Y un profesor que intenta hacer de su aula, de su cátedra, de su tiempo de la palabra, un modesto y perfumado jardín de la victoria, hace mas que cien profesores que se quejan sentados en sus tristes escritorios, aunque se quejen con buenos argumentos y con palabras bonitas.

Tal vez se necesitan millones y por ahora solo tengamos mil.

Pero todo sueño colectivo se puede nutrir de los mil que empiezan 

Sí: que florezcan mil flores, aquí, allá, hoy, mañana...que florezcan mil flores en nuestros jardines de la victoria.



Karma

10:38 a. m. | 2 Comments

Karma: en sánscrito "acción"
Todo se transforma, como dice la canción. "Cada uno da lo que recibe, y luego recibe lo que da"

Es un equilibrio sutil, sutilísimo, delgado. No es simultáneo, y por eso a nosotros, criaturas del presente, nos resulta tan difícil de aceptar.
Quién sabe cuándo y cómo, y provenientes de quién, he de recibir las retribuciones que merecen mis buenas acciones de hoy.Y cuándo, cómo y de quién me llegarán, infalibles e impiadosas, las facturas de las cuentas a saldar.

Digo yo: ¿dónde tiene sus oficinas el Karma? ¿Atenderá en Buenos Aires, como Dios?
Si tuviera ese dato de mi parte, qué feliz...y qué descamisado el tono de decir... (¿verdad, Silvio?)

Que si tuviera ese dato, ya te digo, yo me iría sin dudarlo a gestionar mis acciones: que me pase ahora todas las malas (me las aguanto), que me deje para el final del camino todas las buenas.





También para vos,A.
Y para mí, claro que sí.
Este post es una reescritura de una entrada antigua, antes llamada "Fantasmas del malquerer". Lo reescribo para vos, A.


Tomo lecciones de casi todo lo que leo, incluidas mis amadas historias de Ciencia Ficción.

En un cuento de Samuel Delany, Halcón, un prestigioso personaje en un mundo que muta de contraseña cada tantos días, va a subir a un medio de transporte. 
El empleado lo reconoce y le hace el gesto para que pase. Halcón le da las gracias con gesto de sorpresa, como si nunca recibiera estos favores.
Su acompañante se impresiona por el modo en que un sujeto tan distinguido, lleva su notoriedad,y entonces Halcón le explica su punto:
"Tan pronto como parezca que lo estoy esperando, dejará de suceder"

Realmente pienso igual que Halcón, el "cantante" de esta historia.

El mundo del querer me ha paseado con exquisita minuciosidad por casi todas los climas del afecto: el cariño, el desprecio, la mera simpatía, la pasión, la intolerancia, la compasión, la amistad, el olvido, el desamor, la fría venganza, la mansedumbre, los celos...

Después de mucho zarandeo del espíritu, una comienza a comportarse a veces como esos animalitos que han sido apaleados sin motivo, y por tanto, ante una presencia similar a la anterior, entrecierran los ojos y entumecen los músculos, porque el golpe puede llegar en cualquier momento.
Esperamos sufrir.
Porque antes, ya sufrimos.
Y si el golpe no llega, entonces la desconfianza o el recelo aumenta... ¿Cuándo sucederá? ¿cuánto se me permitirá esta apacible sensación?

Algunas veces la cosa cambia y es entonces cuando, sustituyendo al sacudón del desamor llega el bálsamo del buen trato.
La consideración. La caricia. El comentario que entibia el espíritu.

Y...ay! es tan fácil acostumbrarse a lo bueno... ¡Peligrosamente fácil!
(¿será que el destino verdadero es la felicidad y no aquello del valle de lágrimas?)

Cuando estás en un estado que se parece a la felicidad es increíble como se agitan ciertos fantasmas. Vamos a ponerles nombres, porque me enseñaron que hay que ponerle nombre a las cosas que deseamos entender...

Fantasmas entonces, que se llaman: Pasado, Envidias, Frustración, Miedo.

Fantasmas que susurran: "Cuidado! porque todo esto puede ser sólo una breve presoledad....!"

Fantasmas infelices... ¡No los quiero en mi presente! Ustedes sólo son buenos para los apaleados masoquistas, que esperan tanto el futuro golpe que finalmente lo reciben, como una siniestra autoprofecía cumplida...

Ante la avanzada de las sombras, me alegra comprobar que sigo siendo una aprendiz... 

Ando transitando los días en busca de ideas que alimenten mi curiosidad. Es por ello que ya tengo el truco con el cual se amortiguan los fantasmas y se goza mejor de lo bueno: voy a bautizarlo el truco de Halcón de Delany.


Y es así de simple:

SIEMPRE AGRADECE LOS BUENOS TRATOS. 
No los esperes. 
Asombrate cada vez que sucedan. 
No dejes de esforzarte para darle a los que amas, buenos momentos. No grandes momentos, sólo buenos: plenos de signos de amor.

Y cada tanto, ejercita la memoria. Para no olvidar que lo bueno persiste cuando es recíproco.

Entonces, cada agitación de los fantasmas es solo una brisa (no alcanza para enfriar el tizón que se ha encendido) y cada gota dulce es aún mas dulce.


A la salud de los que saben bienamar.


Tengo estos síntomas:

ardo
mi mente arde
mi corazón se despedaza en astillas de luz líquida

sonrío sin motivos
toda la gente me parece merecedora de consideración y buen trato
se me ocurren ideas brillantes
mordisqueo sabrosos triunfos en mis trabajos

¡me salen las recetas de cocina!

no me alcanza el tiempo para nada
pero qué importa
ardo
me consumo
me veo bien en el espejo
(él también me ve bien, los ojos tienen voluntad propia...)

Llego a la conclusión, sin lugar para las sombras: me enamoré
Me enamoré, sin dudas.
Esta dulce confusión de alegría
esta íntima confianza de ser buena,
de ser digna de lo bueno...qué otra cosa podría ser
sino Amor?

Me siento locamente capaz
de amar a todo el planeta
de amar a todas las criaturas...
una revolución de amor alzada en armas
irrefrenable, rabiosa de alegría, susurrando alaridos,
dulcemente amarga,
oximorónica,
igual que yo...


Claro, me enamoré.
Ese apetito de sus palabras es amor
Ese fríito en las yemas de los dedos es amor
Ese esperar mirando fijamente...es amor

Algunas veces el azar hace justicia


Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio... y coincidir!





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