Señor Intendente de Monte Grande:
entre las muchas cosas que NO HARÁ me permito sumar la idea de tener un curso de agua limpio en la zona.
Para ir a tomar aire, para sentarse a la orillita, para dejar que el alma se lave con el sonido del agua que discurre...
O una playita de arena, con una orilla linda y mansa, no digo un mar, no, no...pero un lago?
Yo digo que los pueblos que tienen un horizonte de agua se apegan menos a las cosas de la tierra. Que el agua los vuelve más alegres (y acaso más limpios?)
Mire qué lindo el jardín de mi vieja, si lindara con la lagunita municipal, a que sí?

Pero claro, los desfavorecidos con la naturaleza debemos contentarnos con la cultura.
La torsión

Mi firma es como un lacito que se desarma en el aire.
"Parece un perro corriendo, profe" me dijo una vez un alumno "pero es linda"
Yo tomé un curso de psicografología que me encendió en los ojos una golosa atención, incapaz de sustraerse a anticipar algo de la personalidad tras cada firma, tras cada letra angulosa, filiforme o henchida.
Curiosamente, y aunque traté de "sanarla", mi firma ostenta un rasgo típico del sufrimiento amoroso, que en grafología se conoce como "la torsión". Sólo que la he disimulado bastante, y entonces toma el aspecto como de cierto arte de la filigrana. Duele la torsión, pero parece danza...
Diría mi amigo chileno, que es una vez más mi capacidad de ser creativa con el dolor...

Las formas malditas
De verdad renunciaría con todo gusto a la creatividad de mis modestos dolores de amor. Pero por algo no lo consigo. Intuyo que una vez que las probamos,drogas adictivas, no somos capaces de despellejarnos las manos para quitarnos estas formas malditas del amor entregado.
Habrá quienes aprendan de los malos tragos y logren endurecerse antes del siguiente magullón.

Habrá quienes se amargan la saliva y deciden volverse más cínicos o mas pragmáticos.

Los que practicamos -en el amor- la torsión con un diminuto regusto de belleza solemos revolvernos en una suerte de morbo masoca que nos empuja ciegamente, dañosamente hacia el motivo de nuestras penas y lloros.

Esto se lo conté al chileno también: tuve un novio que había cometido la torpeza de compartir conmigo su correo electrónico. Cuando me dejó, le mandé esos mails negros... densos... profundos... llenos de dolor y sangrando mis heridas... La respuesta fue silencio, y silencio y un poco más, atronadoramente: silencio.

Entré a mirar...ejerciendo una vez más esas formas malditas contra mí misma. ¿Y qué hallé? Nada digno de ser recordado. Salvo, el siniestro destino de mis mensajes: todos, toditos, todos en la papelera.
Yo me había esmerado en apretar la torsión de mis fibras cardíacas, destilando lo mas puro y refinado de mi pena...y él simplemente lo echó en la basura!
No me sirvió de nada ver ese paisaje, pero alcanzó para añadir algo de sal en la cortadura, para sentirme miserable y sin valor.
Y uno se ve así: sabiendo que no hay nada bueno en ello, apretamos la soga que nos ahorca, nos adherimos a la peor parte de lo que nos ha quedado en el canasto de la ropa sucia...

Placeres mínimos y la tecla Suprimir

Entonces...dónde empiezan los consejos? Aquí mismo, para mí misma: este es el año en que me propuse trabajar menos y tener efectivamente -realmente- tiempo libre.
Y no hablo de tiempo para aturdir la cabeza, para sentir un vértigo rabioso de "fin de semana". Sólo...tiempo de libertad: para hacer panqueques con mis hijos, para ir a tomar mate a la placita, para mirar libros en Corrientes, para dormir 14 horas si me lo pide el cuerpo, para el platito de empanadas con los amigos...
Para sentarme a escribir, por puro placer hedonista...
Para pasear por Internet, pero solo para divertirme...
Para emocionarme leyendo (o re leyendo) los mensajes de gente querida...Como dijo el mago Gandalf "no todas las lágrimas son amargas" y muchas veces es una forma de consuelo y humanizante alivio eso de soltar unas lágrimas por un sentimiento noble...
El otro sanísimo consejo es borrar las huellas que nos atan a las formas malditas del amor. Huellas digitales, claro, que las hay: las fotos, los mensajes, las muescas de sus sombras en la pantalla. Borrarlas, borrarlas sin demora, borrar los accesos directos que nos transportan a ese pasado, aunque nos lleven a un pasado feliz, porque en la línea siguiente reconoceremos el anticipo de la sombra que no supimos vislumbrar.Borra, arranca, elimina, desmaleza: duele pero purifica.
Quemar los puentes, porque por ellos sólo nosotros deseamos transitar. Los que nos dejaron se han ido hace ya tiempo y lo que allí queda para nosotros es solo el autoflagelo y la compasión de los idiotas.
He descubierto que las personas que no se atreven a amar con pasión y entrega, por mas que sean buenas gentes, terminan portándose mal con aquellos que los rodean y en especial -¡siempre sucede!- mucho peor con aquellos que los aman. Analizándolos mucho concluyo que la causa de esta conducta loca suele ser el miedo.
Miedo a involucrarse, miedo al esfuerzo de tener que "remar" para que la relación crezca, miedo a aburrirse, miedo a engañar, miedo a ser engañados....miedo ...miedo...miedo...
Y contra el miedo del otro no hay mucho por hacer. Sólo ponerle nombre. Y acaso ubicarlo en el estante que le corresponde: vos tuviste miedo, mientras tanto, yo me tiré al agua. Y bue..

La natación de los náufragos

Hay algo que no entiendo bien: por qué cuando uno sube un avión le explican todo lo que pasaría si el avión se cae? Eso por que no te lo enseñan al sacar el pasaje? Uno sube a un bote de paseo y el capitán insiste en que todos nos pongamos los chalecos salvavidas y fijemos la vista en los botes de emergencia, mientras replican la pantomima del hombre al agua buscando el silbato en su chaleco para pedir ayuda. Eso solo sirve para ponernos en pensar en la muerte, en lo feo, en la posibilidad del dolor inminente.
Estrategia civilizatoria al fin: el miedo te atornilla a tu asiento mejor que el cinturón de seguridad.
Los viejos marineros, los más sabios, repiten en cambio este refrán "No luches contra la mar, únete a ella"
Creo que si se le puede dar un consejo tranquilizador a un náufrago es que acepte su condición tratando de no desesperar, y se deje fluir. De nada servirán justo ahora, justo en el momento de la pérdida, del barco hundido, de lo irremediable, los pataleos e intentos de reflotar la nave.
El estilo más adecuado de natación de los náufragos es el menos elegante: hacer la plancha, flotar...calmarse para encontrar la aceptación. Titanic o canoa de astillas, pero hundido al fin ¿a qué sumar más llantos?
Mejor empezara practicar la alquimia, transformar el esfuerzo doliente, la frustración, la bronca, en una tranquilidad que nos energice. Para arrancar de nuevo. Si no hay tranquilidad no hay creatividad posible.
Al menos eso dice Krishnamurti.
Ese es todo mi secreto, querido amigo. Soy una maga rebelde con el gremio, que revela sus trucos y los comparte cuanto puede.
Si yo puedo sacar de mis dolores bellos párrafos o fuerzas sobrenaturales, todos pueden. Incluso usted, usted amable lector, usted fidelísima lectora, usted, de los ojos escrutadores.
Paradoja final
Para dejar de sufrir hay que sufrir un poco.
Es una extraña paradoja, pero curiosamente funciona.
Y para entender el amor, primero hay que entender el amor.

Si no se entiende a la primera vez, intentas una más.
Y una más.
Y una más.

Y así, hasta el final de tus días.

Epitafios

11:57 p. m. | 15 Comments

Cuando era una niña-poeta, se me había ocurrido que todo poeta debe pensarse un buen epitafio. Una frase que cause un último estremecimiento en quienes te han conocido, que encienda la imaginación de los que no lo hicieron.
Un epitafio que se precie necesitará ser breve y contundente. Si adorna una tumba no demasiado sombría, probablemente surta mejor efecto.
No sé...luego, con el tiempo, empezó a preocuparme la tarea ineludible de vivir y abandoné definitivamente la búsqueda de un epitafio. Que escriban lo que quieran o que no escriban nada.

Pero hace unos días, un mensaje de correo, mi querido amigo Juan, que está volviéndose experto en padecer y no revelarlo...ay, ay, Juan...

Él me decía que acaso en su epitafio se lea la frase "Su vida fue una eterna promesa"

Y si bien suena hasta bonito, destila mucha tristeza...La tristeza nunca amadrina futuras alegrías, se basta a sí misma, se da de comer como puede y engorda a costa de nuestras flaquezas.
Mejor un epitafio que diga algo irreverente, Juan. Como el que hizo escribir,
con sorna postmortem
Miguel de Unamuno: "Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo."
O con la displicencia y el desapego de las pompas fúnebres que tuvo Diógenes, el cínico, el perro, el filósofo furioso y peleón.
Al morir echénme a los lobos. Ya estoy acostumbrado.
(Y, en cuanto releo el párrafo: que frío golpeteo de dientes eso de "pompas fúnebres"... se me representa en el fondo de la imaginación un cielo negro cuajado de pompas jabonosas que se dejan llevar por un viento oscuro...pompas de luto...pompas nihilistas...)
Y los poetas, los auténticos poetas muertos, ésos sí que han sabido pergeñar el milagroso haiku de su epitafio. Las ocho, diez palabras justas. La frase buen_remate, la frase final_con_beso.

Mi admirado y doliente Juan Ramón Jiménez profetiza:

"..y cuando me vaya quedarán los pájaros cantando..."
En espejo caleidoscópico con el espíritu libre del Mayo Francés, que aseguraba que había arena de playa bajo los sucios adoquines, el poeta chileno Vicente Huidobro hizo escribir en su epitafio:"Abrid esta tumba: al fondo se ve el mar"


En la lápida de Borges, junto a un grabado con siete guerreros, se lee, en inglés antiguo: "And ne forhtedon na", una frase que pertenece a un poema épico y que se traduce como "Y que no temieran".
Es un fragmento brevísimo y críptico del relato de una escena de guerra, en la cual un jefe que lleva a sus valientes a una muerte segura, los instruye y alienta, les da consejos para posicionarse en el campo de batalla, que sostuvieran bien firmes sus escudos, y que no temieran...

Los guerreros de Borges me llevaron a recordar la dedicatoria del guerrero argentino por excelencia, a la joven y frágil madre de su única hija, muerta de tuberculosis y de pena, a sus cortísimos 23 años:
"Aquí descansa Remedios Escalada, esposa y amiga del general San Martín".

¿Se escriben epitafios para quienes no tienen tumbas? A algunos les toca la nada como tumba, a otros el mundo entero, a Camilo Cienfuegos le tocó el mar. Cada año, el 28 de octubre, se llena de flores el mar...se renueva esa rara tradición de llevar flores a quien nunca las verá...
Para Camilo, tal vez sería un buen epitafio los versos de Guillén:

Duerme, descansa en paz -dice la mansa
costumbre de las flores-, la que olvida
que un muerto nunca descansa
cuando es un muerto lleno de vida.


Quizás si los epitafios no se escribieran con las manos del dolor, serían retazos de poesía viva, serían lo mejor de cada uno, serían el recuerdo más precioso, el rostro más amado y más amador, el gesto más noble de todos, la virtud más límpida y brillante.
Nunca relatarían aquello en que fallamos. Dirían algo humano y accesible, nos pintarían de una sola pincelada como lo que fuimos: seres imperfectos tratando de ser felices.

Yo, quizás pondría como epitafio para Juan:
"Leyó mucho. Amó en exceso. Contó demasiados chistes de humor negro. Así le fue"
El viernes hubo reunión de profesores en mi Instituto.
Hablamos de las prácticas docentes, de la historia reciente y de la antigua, del nuevo modelo de la geografía crítica, de temarios, de papeles, de libros, de mapas, de fechas.
Hablamos de Internet, cuco y semidiós para las ciencias sociales.
Después de la reunión académica -como buenos argentinos- nos fuimos a casa de Dianita a comer un asado, que se prolongó en chistes y risas hasta las tres de la madrugada.
Yo madrugué el sábado y mucho me temo que mis alumnos acusaron recibo de mi estado de somnolencia porque uno de ellos sugirió, a media mañana "profe: quiere que cortemos y se toma un café?"
Me quedó un sabor dulce al recordar que la noche anterior, aún en medio de la fiesta de las palabras doblesentido y los asaltos etílicos del inconsciente, hubo acuerdo entre los profes con los que trabajo en el sentimiento de estar haciendo algo que puede provocar un buen cambio.
No la revolución. No el cisma del siglo XXI.
El goce sin precio de estar haciendo algo bueno, de estar sembrando futuro, de estar regando esperanzas. Me hubiera gustado que los alumnos de estos profes, futuros docentes ellos, hubieran podido visitar, invisibles, la mesa de ese asado para sentir -o para confirmar- que su formación está en buenas manos.
Que vivan los buenos maestros
Gracias a alguno de ellos llegaste a leer este post hasta aquí. ;)
Nací un lunes.
Llegué precipitadamente, aunque ya era pasado el mediodía. Dicen que mi mamá sufrió un momento de angustia cuando fue a buscar el dinero guardado para el momento del parto y no lo encontró (años más tarde me enteré que fue destinado a la compra de unas redes de tenis, que es un deporte que no me gusta ni en videojuegos...)
Que ese día estaba en el puesto nro 1 de Estados Unidos el tema "I Want to Hold Your Hand" de los Beatles y ese año se llevó el Nobel el señor Jean Paul Sartre, que en ese momento no imaginaba -calculo- que cuatro años más tarde, estudiantes rebeldes de La Sorbona usarían sus frases como adoquinados argumentos en el Mayo Francés.
Que la luna estaba colgada del cielo con un perfil flaquito de cuarto creciente.
Que nací el mismo día que Bobby Fisher (pero él 20 años antes) y que Yuri Gagarin (él, 30!)

Nací por aquí, bien al sur del mundo. Pero, de haber nacido en Marte, estaría cumpliendo 23 años nomás. Y apenas 0,177 si me hubiera tocado en ¿suerte? nacer en Plutón. Sería una noble anciana de 182 años mercúricos y mi próxima velita habría de soplarla allí, en ese calcinado planeta fuego, el 5 de Abril. No, paso: no me alcanzaría el presupuesto para tanta torta...
Y me sentiría como el farolero del cuento del Principito (aunque dudo que yo fuese tan celosa del cumplimiento del deber, la presión del tiempo que corre mataría mi gusto...)

Puestos a evocar números, se dice que ya pasé por 16.072 días de existencia. Pondré más atención al derrochar el siguiente, no parecen tantos comparados con otras magnitudes...
Increíblemente uno puede narrar su vida en pocas frases, bastan una modesta colección de verbos en pasado simple y un puñadito escaso de conjugados en presente, y tu vida es apenas eso: cosas que has hecho, y punto.

Crecí con mis tres hermanos, y la remembranza dice que era una buena vida. Yo era una nena de rostro frecuentemente tiznado de melancolía, no seré ingrata, no había de qué sufrir, mi recuerdo simplemente indica que me emocionaba demasiado, tal vez. Fui una adolescente tímida y convencida de estar parada en la vereda de los lusers, entonces se desarrolló mi veta intelectual (es una vulgaridad, siempre sucede). Me apasioné por enseñar, en eso me va la vida todavía.
Me enamoré, me casé, tuve dos hijos, dos soles encendidos. Me desenamoré, me divorcié.
Trabajé mucho siempre, ahora trabajo más. También me río más y disfruto más lo que tengo. Una gran pena que, paralelamente, sigo sufriendo por los bamboleos del corazón. Bueno, la verdad es que siento, que también -maldita sea- sufro más.

No sé... cuarenta y cuatro ¿es una buena edad para ponerle puntos a algunas íes? ¿Es buena para barajar y dar de nuevo? ¿Para cambiar de planes? ¿Para volver a confiar?
Yo quiero hacer la prueba.



Llueve...llueve... en todos lados llueve...
La monotonía del canto de la lluvia no hace más que remitirme al viejo tema de Silvio.
Llueve otra vez
donde no hay más conmigo
que fieros animales,
que tiernos enemigos.

Quiero que salga el sol, aunque sea un sol que despide el verano, aunque sea un solcito blanco mediopelo. Quiero que ya no llueva...¿cómo se conjura al cielo para que deje de llorar ?

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