la única verdad

11:27 p. m. | 0 Comments

...es la realidad.


Así dicen los seguidores del viejo líder de las frases regias.
Así lo repiten los economistas, los dueños de verdulerías, los implacables números de los índices.

"La única verdad es la realidad"
Controvertida afirmación, porque uno ve la realidad con las gafas que le fue construyendo el lenguaje, la cultura, el corsé de muchos siglos de forcejeo contra los instintos.

¿Cuál es la Verdad, la Verdad con letra capital y rostro descubierto?
¿Qué faceta del cristal estoy mirando, qué sombra de la caverna me dicta una jaculatoria para nombrar lo que mis ojos quieren ver?
La realidad...dónde reside?
¿La realidad es el número que está impreso en mi ticket o es la fruta que sostiene mi mano?

La "voz" del amigo que a miles de kilómetros, por el puente magnífico de Internet, me dio ánimos y me describió esperanzas futuras...es menos real que el silencio de corderos de los que estaban al alcance de mi mano? ¿Menos real que la murmuración de la estupidez?

Y como se pone espinoso trazar la línea entre la verdad y la realidad... les cuento un caso.
Lunes por la tarde, día de trabajo en la oficina. Suaves susurros, clics de teclados, el ronroneo neumático del ascensor cada tanto. Cada uno en lo suyo. En su verdad. En su realidad.
De pronto, por la ventanita abierta del monitor, por la canilla goteante de datos de una web de noticias, el aviso: un incendio gigantesco, justo en este barrio.

Fue Denise, la de la eterna sonrisa, la que dio la noticia: "Dicen en TN que hay un incendio por acá!"
Increíblemente, la primera reacción de muchos (¡muchos!) de los que oimos fue...ingresar a la página de TN!!

Menos mal que nos quedaban ejemplares con sentido común (o curiosidad más urgente...) que corrieron a la ventana a ver...
Entonces los ojos confirmaron "la verdad" de las noticias: sí, en serio, mirá vos, un incendio.

Enseguida hubo quienes aconsejaron volver a cerrar la ventana porque entraba mucho olor a humo, y también entraba el humo propiamente dicho con sus hojuelas de cenizas oliendo a plástico chamuscado.
Cierren, cierren, volvamos a las PCs...

Cerramos. Volvimos: al silencio de los vidrios anti ruido, al frescor artificial del aire acondicionado, a esa tranquila realidad controlada donde no había 50 heridos ni dos pequeños casi asfixiados por el humo, ni gente llorando sus pérdidas ni peligro de derrumbe alguno.
El incendio siguió ardiendo durante veinte horas.

Pero aquí, en los rectángulos de nuestros escritorios, a tan solo dos cuadras del desastre contante y sonante , la realidad era la pantalla de TN, aquí las "cosas" se vuelven reales cuando aparecen ante nuestros ojos mediando una red electrónica que digitaliza imágenes, sonidos, datos, caras, recuerdos...

"La única verdad es la realidad"

Me queda por saber si existe una única realidad. Y si a ésta podemos asirla mediante palabras (palabras dibujadas, palabras sonoras, palabras de palabras)

Por algo decían, con anticipado terror los antiguos sofistas "res, non verba".

templanza

1:04 a. m. | 9 Comments

Templanza. Autodominio. Mantener la calma. No desistir al primer impulso.

Después, sólo se trata de seguir viviendo con la cicatriz.

Y con el tiempo, lo entenderás todo, lo perdonarás todo, te quedarás sólo con lo bueno, sentirás el dulce orgullo de tener heridas de amor.

El monstruito adorable que salió de mi panza hace 17 años me viene a buscar al trabajo para ir juntas a cenar.
Ella habla a borbotones, tira latiguillos, cuenta retazos de cosas que le pasan, de a ratos escucha lo que yo opino o intento opinar, de a ratos cruza en medio de ambas una barrera invisible que la blinda de cualquier influencia de mis palabras.
En un momento, yo le cuento que tengo la certeza, casi siempre, de que voy a estar bien, de que voy a superar cualquier obstáculo.No por omnipotencia (esa tentación te vuelve ciego) sino porque siento confianza en mis capacidades, y porque aprendí la lección de amar lo que uno posee.
Chechu deja el tenedor a un lado para poder ponerse ambas manos en las
mejillas -es corporalmente hiperexpresiva, vaya a saber de quién lo hereda, jeje- y después de asegurar que ella piensa lo mismo, suelta esta frase:
-Es como sentir que podés llegar caminando a cualquier parte.
Siguió a la feliz convicción una desordenada y querible explicación de todos los puntos a los que estaba segura de poder llegar.
Creo, no sé si me equivoco, incluyó el futuro, la eternidad increíble del amor, la luna. Mencionó también algunos destinos turísticos, clásicos y heterodoxos.
No diré que me abrumó el optimismo de mi niña, pues me tiene acostumbrada a su contundente autoestima. Sólo que, en medio de una sinfonía discordante de voces que replican día y noche todo lo que no se puede, su frase de llegar caminando me hechizó doblemente. Por la veracidad: que sea difícil no significa que sea imposible. Y por la fuerza de la simpleza con que lo expresó.
Yo sé que delante de sus inquietos ojos soñadores, todos los pasos inauguran caminos. Sé que por esos caminos empezará a andar muy pronto sin mi sombra pegadita a la suya. Si, claro que cuesta admitir que los hijos crecen...
Pero también sé de qué arcilla está amasada su sustancia.
Ella va a estar bien.
Va a llegar, caminado, a cualquier parte.




Semillas de Chía, dice la señora, para la energía espiritual y la buena salud de las neuronas.
Té verde frío, aconseja la jovencita que me traduce el menú en medio de una colorada de farolitos de papel.
"Yo quiero ver kimonos" insistía la pequeña (que ya no es tan pequeña...ay!)
Hay que tocar al dragón rojo y dorado, para atraer la buena suerte.
Eso lo decían todos, para darse mutuamente paciencia de esperar que empezaran los fuegos artificiales, los petardos, las danzas de espadas alocadas y el paso convulsionado de los dragones cabezones de la buena estrella.
Nos compramos una sombrillita roja de papel, y un cristal tallado que tenía atrapado, en burbujas filigranadas y líneas como de agua, a una serpiente danzante.

Después nos fuimos a comer helado de dulce de leche, para sentirnos de nuevo en casa, lógicamente, bajo un argentinísimo cielo blanquiceleste, al amor del sol, tarde de domingo.
Lindo verla a La Pontiac, esa ráfaga de risa-llanto, siempre al borde filoso de su propio corazón.
Feliz año de la Rata, multitudes de la China.

Yo también creo que estrené el año ayer.
Pierre Lévy un conocido antropólogo tunecino que escribió (entre otras cosas)La inteligencia colectiva, nuestra mayor riqueza” me dio este mediodía de domingo un nuevo motivo de autoalegría que ribetea casi el onanismo.
Resulta que el caballero, profundamente estudioso de las filosofías y tradiciones intelectuales más diversas, traza una cartografía de la inteligencia colectiva posible en Internet usando como modelo las estructuras angélicas más antiguas de que se tenga memoria escrita.
Escrupulosamente, metódicamente, convincentemente -como buen antropólogo- fusiona las historias de querubines y cuerpos diáfanos con las bondades de la virtualidad y la democracia.
Suena disparatado, pero leyendo a
Lévy da gusto sentirse identificada con esa locura a medio camino entre la espiritualidad y la tecnología.
Ah...!
Qué gran placer leerlo, maestro.
Me ha reconciliado con mi Ángel inspirador.

Volvimos

10:58 p. m. | 2 Comments

Volvimos de los días plácidos de vacaciones. Cansados y alegres, como debe ser.
Estuve "fuera de Internet" todos estos días, pero observando mucho y clasificando mentalmente las emociones que me sugirieron temas de reflexión para el blog.
Tuve tiempo de observar mejor, con una nueva curiosidad relajada, a mis cachorros en acción, juntos.
Hasta tuve tiempo para tomar aire para mí, aire de verdad y en todos los sentidos: oxigenarme la cabeza y dejar que el procedimiento siguiera su curso hasta los rincones menos iluminados de ese misterio que llamamos emociones, afectos, corazón.
El oxígeno ventila y espanta los venenos, el viento del mar te despeja las ideas, el agua te despierta, el sol te energiza.
Aquí estamos, de vuelta al olor reconfortante del hogar.

Creo que voy a declarar nueva inauguración de mí misma: una toma decisiones inteligentes cuando se siente feliz.

Sorte, boa noite. Pra frente, veramarina.
Me llegaron muchos mensajes para las fiestas. Pot pourri: previsibles - superficiales - tiernos - inesperadísimos... Me llegó "el mensaje" de los que no me saludaron. Y entre la telaraña de corazones en penumbras, me llegó el mensaje de Charly:



De: Charly
Para: VeRa
Asunto: (sin asunto)


poco afecto a las salutaciones, siento de todas maneras que no puedo dejar de mandarte un beso grandote y que a pesar del silencio informático (de mi parte) siempre estás en mi corazón y espero que hayas encontrado una "sombra que en la tarde da una pared...".
Todo mi cariño grandote, grandote...



De: VeRa
Para: Charly
Asunto: Graciela


Gracias Charly
vos también estás en mis afectos.
El mundo es un sitio muy raro...y uno va a contrapelo de todo el 90% del tiempo.
No hay sombra que dé la pared, estoy a la intemperie con mi corazón y tratando de echar espinas como las xerófilas, a ver si pierdo menos líquido la próxima temporada...
Tampoco hay vino que ayude a calmar mi sed... por esas paradojas de los gustos, soy inconmoviblemente abstemia.
En algo me redimí y dejé de ser vegetariana. Es casi pecado en este país.
Así que ¿Quién sabe? probablemente todas las cosas que siempre fueron así...mañana sean asá.

Un abrazo, negrito

No pienses tanto, que te va a hacer mal




De: Charly
Para: VeRa
Asunto: Graciela no: Mario



El mundo es efectivamente un lugar muy raro. y en él estamos.
y estoy tentado de decirte que ojalá encuentres el camino pero no...viajá, tal vez no hay un destino sino solo trayectos.
hoy insolación, mañana remanso, después tormenta, cada instante sombrío, eterno. cada instante luminoso, solo eso, un instante.
Buena vida Vera Marina.
En lo que de Vos dependa, que puedas hacer una buena vida.
Lo demás, ya sabemos, los dioses son caprichosos y burlones....
te quiero mucho.
Carlos navegando con el Holandés Errante



De: VeRa
Para: Charly
Asunto: demasiado bonito


Es demasiado bonito para no compartirlo
No todos los días le desean a una que tenga una buena vida.
Seguramente también yo navegue con el Holandés Errante. No te das cuenta de estar a bordo, salvo por el pequeño detalle de no tocar jamás un puerto.
O quizás navego con el Caleuche, bailando con sus brujos sobre cubierta, salvando ahogados ingratos, mirando a lo profundo para descubrir ciudades fantásticas...
Hoy entendí un poco mejor por qué me gusta tanto navegar en Internet.
Neoarqueología de los seres humanos.

El cuarto de siglo de Blade Runner el año pasado, me pegó en la cabeza como un garrote .
Mi natural curiosidad por el género humano se revolvió con golosa ferocidad de predador. Curiosidad y melancolía. Mirada hambrienta pero piadosa. Carraspeo de garganta antes de pronunciar la sentencia: "qué bichos raros somos" Y conste que digo "somos" y no me lo creo.
Como corresponde, uno siempre mira con ojos de experto, se cree más allá, flota por encima.

Genial, les funciona a todos, nos funciona a todos.

Vuelvo, pulsión escópica a flor de piel, a la página de sexy o no (sí! vamos! ríanse! ) y esta vez presto especial atención a las palabras usadas en las escuetas presentaciones.La web dice no más de 250 caracteres, uno debe resumir sus prioridades o urgencias, seleccionar el rasgo más atractivo o menos peligroso y colgarse del cuello -virtual- el sambenito de por qué estoy aquí viendo si los demás creen que soy sexy...

Al más puro estilo de esos estrambóticos arqueólogos de la basura reciente, que escarban con el palito de sus teorías la bolsa que sacas tres minutos antes de que pase el camión recolector, ando pispeando sin revolverlo mucho, sacando conclusiones pseudo científicas.

Paseo de una declaración de soledad a la siguiente, de un solapado atorrante que la va de librepensador a otro, de un alma triste a una insatisfecha. Todos pasan, volátiles y sedosos, maraña de chispas de arena, fugacidad, cortaduración, caras con y sin nombres, poses estudiadas o casuales, y su colofón de dos o tres renglones lapidarios. No más de 250 caracteres. La autoridad de la web calificadora es inflexible con el máximo.


También lo es con un mínimo, pero no sabrás cuánto es, ni cuál es la coloratura de palabras que se entienden como "aceptables" (Por ejemplo, yo me registré diciendo "Sólo vine a reirme" y me llegó un email muy formal donde se me comunicaba que esas palabras no eran aceptables como perfil. Hube de rehacer, claro está!)

Me aburre silenciosamente la tarea, y estoy a punto de abandonarla sin culpa.

Y es allí cuando ocurre: un hueso de dinosaurio? un arma de sílice? un cuero grabado con símbolos que tal vez contengan una sabiduría inenarrable?
Pero no, eso sería propio de un arqueólogo hecho y derecho, lo mío es buscar baratijas en una feria polaca del cuarto inframundo.

Entonces se presentan ante mis impávidos ojos las fotos de tres "galanes" que conozco, a saber: 1. un poco, 2. bien y 3. MUY bien.

Cada uno ha escrito una frase que yo diría que corresponde a otro. Uno dice que su carácter es jovial y amigable, una mentira flagrante y portentosa: es uno de los tipos más amargos y cara-de-nada que tuve el displacer de conocer. El más joven de los tres se autocataloga como "un viejo de 35". El que dice no estar en la búsqueda declara sin más: "Busco a alguien especial"

¡Por la falsía del Santo Sudario y las piedritas del muro de Berlín! Mis anteriores especulaciones sufren un principio de sismo trascendental que les quiebra la espina. Entonces...donde leí "dulce y solitario" tal vez se esconda un lascivo violento, donde se sobreentiende que ama a las mascotas quizás haya que interpretar una fobia a los congéneres humanos. El "pobre-de-mí-style" acaso sea un borrachín divertido y afecto a gastarse el aguinaldo en tinto barato...

Y a lo mejor el chico lindo es gay.

Juego de palabras imposible de gozar por escrito.
Favor de léerselo a alguien con la entonación adecuada.

-Me tengo que comprar una malla para ahora, para las vacaciones y vi unas re buenas...
(Chechu) -¿Por acá?
-No, en un mayorista
(Pato) -Claro, por eso vende "mallas"...porque es "mayorista"
-Entonces está mal: debería vender "mayos"
-Cierto...el negocio que vos viste seguramente era un "mayarista", mamá
-También hay que ver si en enero venden mallas...quizás solo las venden en mayo
-Si...típico... los eneristas venden eneros...Al mes siguiente vienen los febreristas...
-Y los que son mas conocidos son los de marzo, los marxistas. A esos sí que los conoce todo el mundo.
-No sé si venden, pero arman unos bardos...
- Después de las revoluciones que se mandan los marxistas, para cuando llegan los mayoristas nadie entiende nada...venden mayos, mallas, es todo una mezcla, a nadie le importa...
- Claro
- Obvio

Claro. Obvio.
Mis dos hijos están locos. Pero son super ocurrentes, a que si?

Cero ganas

2:53 a. m. | 0 Comments

Así dicen los chicos, para justificarse cuando no quieren leer mucho, escribir mucho, pensar mucho.
No es tanto así, pero ando volcado demasiados litros de mi combustible vital en el nuevo trabajo. Está bueno, menos mal y me gusta, y todos los etcéteras. Pero me deja poco tiempo para leer tonterías, para dormir bien, para salir a ver el sol.
Ya va siendo hora de que el 2007 amaine...

Te lo digo con fotos: el 2007 se va así:
Uf, pasó cerca, se lleva mi camiseta como trofeo


Y el 2008 quiero que empiece así:

Sí! Olas y arena y criaturas inteligentes y divertidas. Les deseo lo mismo (o casi)
El juego de palabras no es mío -aclaro-sino de Les Luthiers. Y daaaaaaaaale,....está bieeeeen! Son días de jolgorios un poco injustificados, pero para no ser menos, me sumo al festejo: Ho, ho. ho! Feliiiiiiz Navidaaaaad!

Hay un proverbio muy antiguo que advierte "El demonio está en los detalles"

No sé si entiendo bien la referencia, pero siempre me dio la impresión de que los buenos actúan de manera mas espontánea y sin medir consecuencias, y en cambio, las malas jugadas, las agachadas, las trampas, exigen una dosis extra de planificación, y por ende, de ajuste a los detalles.


También, aunque suene paradojal, es típico de ciertos ególatras el perderse de vista algunos detalles. Bah, ellos son la estrella luminosa...quién habrá de mirar más allá?


Mi ojo es verdugo en los detalles, en toda clase de detalles: una falta de ortografía en un e-mail puede revolcar el chamuyo del más pintado, unas medias blancas con los mocasines náuticos dan un vuelco irretornable a una decisión laboral, la confesión tal vez demasiado temprana de que la lectura del horóscopo acompaña el desayuno pone punto final a mis cavilaciones mentales acerca de si contarle o no contarle tal cosa de mi vida a esa persona.
Sí, soy lapidaria, y vaya a saber si cometo injusticias por esa manía de capturar las particularidades, a simple vista, más ínfimas.


Súmenle a esa extravagancia el plus de manejar algún que otro dato pseudo científico, como varios años de estudiar psicologías y análisis de humanos, haber tomado un curso de grafología aplicada, llevar un minucioso recuerdo de los símbolos más clásicos de los sueños según Freud.


Entonces, cuando alguien firma o garabatea unas líneas enfrente de mí, cuando relata inocentemente una pesadilla, cuando usa un chiste que lo deja al descubierto en alguna tipología identificable...¡tin! suena la campanilla interior de mi adorable demonio, un demonio de entrecasa sin ningún atributo de temer: el demonio de los detalles.


Pruebas al canto, vamos a jugar:
Una conocida me incluye en una lista de mails (supongo, sin reparar en ello) avisando que subió su foto a uno de esos mercados de carne donde usuarios famélicos de contacto o aprobación ponen su "mejor foto" y esperan que les digan, mediante una mustia escala numérica, si se mantienen apetecibles en el escaparate impúdico del siglo XXI.


El asunto es triste y simple: ves la foto, pulsás sobre el número de 0 a 10, el susodicho recibe la puntuación, y con sucesivos votos se va formando un promedio. El índice que marca, sin derecho a réplica, si el dueño de la foto es "Sexy o no". Bueno, miren...en lugar de observar si son sexys...o no...yo me fijo en otros pormenores, cosas que han salido en la foto por casualidad o destino.


Por ejemplo:(piadosos abstenerse, me voy a poner ácida...pero es sólo bromeando!)
Empecemos con el muchacho en cueros. Bueno, está orgulloso de lo que consigue en el gym..
Pero... entonces por qué esa cara?
Esa cara de ...
1: Estas sandalias berretas si no se ven, mejor
2: Vivo en un barrio cualunque
3: La camioneta de mi vecino es mucho más cool que mi auto modelo 79
4: Shit! Salieron los malvones de mamá en la foto!


Foto de la señora antes de irse a bailar música de los ochenta con "las chicas"
Detalles:
1: Antes de dejarme, el Cacho me hizo plastificar los pisos, por lo menos
2: Y terminó el bajomesada de roble, con manijitas torneadas
3: El sillón símil cebra me lo regaló mi hermana. Divino.
4: Sacate el saquito para la foto!!!! mostrá lo que tenés, nena!






Foto del dolape que se hace el intelectual y distraido, tipo "sacame una foto que parezca que leo en serio"
1: ¿Qué lee? ¿Un manual de la secundaria??
2: Él quizás se esfuerza por dar una imagen de tipo rudo e independiente, pero la hermanita menor pega posters de chicos de la tele al lado de las penosas reproducciones -sin marco- de Diego Rivera, pone muñequitos arriba de la PC y en una de esas hasta eligió el fondo de pantalla.
3: El caballero FUMA mientras chatea y BEBE ídem
4: Se hace el tecnológico mostrando la PC pero no sabe sacarle la fecha a la cámara digital.


Jovencita intentando dar el look "chica buena pero divertida". Se concentró en su cara, se olvidó que la cámara fotografía todo lo de alrededor también.

1: ¿Justo elegiste amarillo? Se nota el push up así! Y como solo se concentró en la carita...no se acordó de pararse en una pose más femenina...
2: Esta niña se saca las ojotas a golpe de pata, y NO las guarda. Tampoco ordena la ropa que se estuvo probando. Y miren el perchero!! Hay cosas colgadas desde que renovó el DNI a los 8 años, mas o menos...
3: Esas paredes tienen humedad, papáaaaaaaaa


Jovencita que se saca la esperable foto inclinada, recurso que luego usarán sin asco los estudiantes de diseño gráfico (cuando quieren subvertir algo, simplemente lo inclinan entre 30 y 45 grados). Quema la foto, pero no importa, porque puede sacar 174,893 más con la cámara nueva que le regalaron para los 15.
Detalles:
1: Cuidado que es mentirosa...declaró tener más de 18 para ingresar al grupo "sexy o no" pero ahí se ve su foto de salita celeste...y no pasó suficiente tiempo como para renovarla. Una criaturita. Ojo.
2: Incluso está la foto de los nonnos!! Acompañada de un pisapapeles con frases memorables.
3: En los estantes se ven colecciones dudosamente "parejas", las típicas compras masivas de libros estilo "Guía visual del planeta tierra" o "Grandes nombres de la literatura universal". Ergo: los padres de esta nena no leen en serio. Ponen libros porque queda bien.
4: Ya aprendió a hacer el gesto inequívoco de las lolitas que quieren provocar: frunce los labios mientras entorna los ojos como al descuido.
Danger! Danger! El demonio está en los detalles!

Hay cientos, hay miles y cientos de miles... chicos que fuerzan una cara seria (¿alguien les habrá dicho que es más sexy quien menos se ríe?) y salen patéticos, o que ponen una mirada lasciva y de fondo se ve el calzoncillo secándose en la manija de la ducha, o frases que revelan abiertamente una mala escuela primaria, una idea horrorosa acerca de la poesía, o una incapacidad manifiesta de ser honestos. ( Palabras de presentación: "Soy divertido, sincero, me gustan las cosas de frente" Foto: gorra, lentes negros, foto tomada de arriba para disimular la panza...¿y el sincero? ¿salió a la vereda a fumar?)
Y así voy: en una colección de fotos, donde hay que mirar caras yo miro fondos, en un menú donde hay que elegir un plato yo encuentro los errores de tipeo, y desde el interior de la librería me detengo a ver cuántos de los transeúntes miran los libros y cuántos su propio reflejo en el escaparate...

Y bueno, para finalizar la revista:
él es un chico lindo (ah, sí, claro, por eso lo puse!) que no deja que nadie le diga qué usar y qué no.
Que no se esfuerza mucho por poner "cara de foto": él YA TIENE CARA DE FOTO y no necesita simulacros.
Para mí que es buen tipo y tiene un poco de angustia porque se va a quedar pelado pronto.
Su detalle: reloj con malla violeta.
Too much.
No sé cuál será su nombre. (El nombre de la rosa)
-I-

Una canción de cuna, que me devuelve a un olor tibio y azul del alcohol de quemar, a unas noches íntimas y borrosas. Mi vieja me cantaba, con una voz muy joven. "Duerme, duerme, negrito....que tu máma está en campo, negrito"
Era hermosa y triste, una mamá luchadora, y trabajadora y joven, una mamá que era en casi todo igual a la mía, terca y agotada, dándome palmaditas desde el borde de la cuna. Ella no cantaba bonito, pero yo me quería dormir porque era lo mínimo que podía ofrecerle. Mi mamá me acunaba y se dormía ella...estaba tan cansada...
Las canciones de cuna eran eso, siguieron siendo eso: pedidos amorosos de descanso.

-II-

Chechu escucha todo el día a Serrat, un poco de Sabina, un poco de Sui Géneris. Estamos como invertidas, yo soy la que pone algo de música electrónica, una pizca de Estelares, algo más digerible para el alma.
No entiendo de dónde le viene a mi hijita ese gusto en estilo boomerang. Juro que no hago nada en ese sentido.
Entonces suena "Para la libertad" y ella pregunta, no sé, que por qué habla de los hospitales, qué cuál es el sentido, qué quiso decir Serrat... yo respondo vagamente que Serrat nada, que es un poema de Miguel Hernández, ese pastor de cabras que se enseñó solo, que se volvió librepensador y por eso fue encarcelado por el franquismo. Que escribió ese poema en la cárcel, asegurando que para la libertad era que se mantenía vivo. Ella abrió los ojos como soles.
A todos los adolescentes les simpatizan los héroes libertarios.
- Y qué más escribió?
- Bueno..."Las nanas de la cebolla" no lo escuchaste...? (canto un pedacito, ese que dice que al octavo mes ríe con cinco azahares, con cinco diminutas ferocidades)
Abre más los ojos. Se sienta en la PC, tac, tac, tac a las teclas y al rato suenan los acordes de las nanas. La lee completa en voz alta. "Es hermosa,... y es triste..." dice, como decía -como pensaba- yo, cuando mamá me acunaba.

-III-

-El jueves la tía Lala va al recital de Serrat y Sabina- les cuento.
Va sola, y dice que mejor así, porque se va a emocionar mucho y eso...es incordioso de explicar en medio de un recital. Se va a emocionar por qué. Porque las canciones de Serrat le van a recordar a su mamá, la "Abu Ana", que ya no está. Ah. Claro. A Abu Ana le gustaba Serrat. Sí. Mucho. Mirá vos.

Flashback: ¿Fue Ana la que me contó a mí la historia de Hernández y las nanas de la cebolla? Sí, seguro que sí. Creo que cuando supe a qué venía eso de amamantarse con sangre de cebolla, la canción me sonó más dulcemente bella, más trágicamente amante.
De pronto y sin necesidad de simplificarlo más, el nudo del tejido cerró su borla alrededor de la cáscara blandita de mi corazón: pegó un tirón, enlazó con un doble bucle y siguió tejiendo...la vida...la vida... sigue urdiendo la trama, y en ella las hebras, las lanitas, los flecos, nos vamos acomodando lo mejor que podemos a los vaivenes de las agujas que nos entrelazan.

-IV-

Aquí un Joan Manuel inmaduro y rebelde, pelilargo y tierno, les canta, cómo no, con todo gusto... "Las nanas de la cebolla"


Miguel Hernández, poeta español, 1910, 1942. Escribió "Las nanas de la cebolla" tras recibir una carta de su mujer, en la que ésta la contaba la extrema pobreza en que se hallaba junto a su segundo hijo (el primero había fallecido el año anterior). Miguel le dice a su esposa en una carta, con fecha septiembre de 1939: "Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche." Ese sufrimiento interior se transformó en una poesía de una ternura y melancolía magníficas. Miguel murió en la enfermería de la cárcel, a los 31 años, tres años después.

  Un día atípico: dormir hasta tarde, ir a Palermo, tomar una clase de origami, jugar a la pelota debajo de unos árboles gigantes mientras la lluvia amenazaba, comprobar teorías completamente inútiles sobre los peces koi y las masas japonesas.
  De regreso a casita, surgió el tema de los tatuajes y piercings, de cómo están presentes en el ojo cotidiano, de cómo ya no llaman la atención. Hay tatuados y perforados de todas las capas sociales. Enchufados y localizables, lo mismo. Personas a las que se les adivina una vida que roza la miseria, pero que de pronto vibran como serpientes de cascabel, y segundos después, están aturdiendo a todo el vagón con sus ringtones de Shakira.

Íbamos observando el fenómeno como quien se percata de repente de lo que realmente pasa, como quien se despierta en medio del sueño pacífico del resto de la familia. Yo recordé los vaticinios de algunos autores de ciencia ficción que trazaban la cartografía de un mundo contaminado y violento, en el que abundaban los humanos trastocados por los efectos radiactivos de una última (o anteúltima) guerra. Sujetos con más dedos de los esperables, con una boca de más, un pie surgiendo de la rodilla, una frente protuberante dando sombra a ojos empequeñecidos y vacuos... un embrutecimiento del espíritu venía de la mano con este amargo porvenir de los cuerpos mutantes.
El cóctel de la raza se completaba casi siempre con robots, y por cierto, con esos puzzles cuasi frankesteinianos, cyborgs mas logrados.


En algún relato de ciencia ficción que he leído (creo, espero no errar, era en "A través del mar de soles") se narraba un ambiente en el cual los cuerpos se transformaban alegremente en campos de manipulación: hombres que ostentaban crestas de pelo como crines, que cubrían las espaldas, mujeres con parches epidérmicos que variaban a voluntad su coloración, cambios de sexo reversibles, redistribución de fluidos, de glándulas, de cartílagos...

En la comprobación empírica de que TODOS los cuerpos que estábamos mirando tenían rasgos de haber sido modificados encaja bien la asociación entre mis lecturas de CF y la realidad. Cabellos teñidos, perforaciones varias, ajustes de contornos para calzar en la ropa, uñas limadas con formas antinaturales, y los tatoos...muchos, muchísimos, tantísimos tatoos aquí y allá. 
Y, pegados a las orejas o a los dedos pulgares, los celulares. Como un anexo. Como una extensión del yo.
Por cierto, tanto mi hija como yo entrábamos en la misma clasificación.
Hemos pasado juntas la experiencia -terrible- de un cuerpo vital que se deja masacrar por los dictámenes de una posmodernidad hipócrita que vocifera a favor de la ecología y la salud, pero fuerza los cuerpos normales hacia delgadeces que conducen a la androginia, cuerpos que no parecen de hombres, ni de mujeres, ni de personas reales, cuerpos de clavículas salientes y ojeras violetas. Perforarse con una lanceta de acero es menos agresivo que soportar día y noche la violencia simbólica de sentir que tu cuerpo "no encaja" en el discurso del 90% de tus congéneres (pues hasta los que padecen el estigma de la imperfección beben de sus aguas: sienten vergüenza de sus redondeces, suspiran por tener piernas brillosas y perfectas como las de Araceli en las publicidades de ropa interior, se sienten feos, se sienten acaso menos humanos...)
A veces un tatuaje es una manera de ingresar. A veces unas zapatillas carísimas. A veces una bolita negra bajo el labio. Pequeños estadios intermedios. Alcanzables.

Y digo: no es el futuro apocalíptico y nihilista de algunos presagiadores del horror, no veo un presente de sujetos tuneados en exceso, por ahora siguen siendo la excepción los infortunados que se agujerean las mejillas y se tajean los brazos y se meten cuernos de acero bajo la piel del cráneo tan sólo para provocar...
Pero sí veo -y lo veo claramente, parafraseando a Silvio- que los cuerpos se convierten en un escenario de la cultura, y que esa cultura se transfunde más allá de los estratos sociales, y también más allá de las barreras geográficas o históricas. Fenómenos hasta hace muy poco impensables como la idea de implantar un chip bajo la piel para que tenga una utilidad social, hoy no causa tanto asombro.
Hace un par de días en el blog de Microsiervos, Alvy escribió este post:
"Si alguien quisiera, podría utilizar un virus para insertar una copia de cualquier texto codificado, por ejemplo Los viajes de Gulliver, en su genoma. Lo más curioso es que se convervaría sin apenas errores durante generaciones y generaciones."
Cómo diría el célebre Mendieta: qué lo parió.

O sea que es técnicamente posible que una buena parte del patrimonio escrito por la Humanidad se resguardara en forma de virus transmisibles que copiarían (sin el menor esfuerzo) una carga monstruosa de datos de padres a hijos. Claro que yo podría estar inoculada con el virus que portara, digamos, el Kamasutra y eso no me convertiría en una buena amante.
O podrían haberle encargado a mi descendencia llevar en sus genes las letras de las obras de Lin Yutang, y ellos las transmitirían a sus vástagos sin entender una puñetera palabra.


Los cuerpos serían vehículos de los datos. Portadores de mensajes codificados. Información. Bueno, MÁS información.


Señores extraterrestres: he aquí una humilde perlita de la sabiduría humana,
diría de mí misma en ese caso, si me abducen para examinarme.
Hace días que me da vueltas por la cabeza esta idea de las pestes y las plagas, de los males generalizados o los castigos bíblicos.


Serán estos días zarandeadores de noviembre: uno de mucho frío, el siguiente de calor tropical, el mediodía para minifalda, la medianoche para botas de caña alta. Lo dicen los remiseros (segundos en el ránking de hablar del "tiempo loco", el primer puesto lo tienen los porteros de edificio) que el clima está muy raro, que el planeta se toma su venganza, que claro, que la empezamos a pagar por tanta contaminación y tanto desconche de la naturaleza.
Y flota, en medio de las empatías compartidas por los fenómenos meteorológicos, esa sensación culposa de la plaga...


Cruzan la historia, desde el Diluvio y las siete plagas de Egipto, hasta las horrendas mortandades de la peste bubónica a fines del siglo XVII.


traje de un medico epoca de la peste negraEsa peste que empezó en la India, y fue llevada primero a Asia y más tarde a Europa.


Esa vez recibió el nombre de "peste negra" porque las ratas que transportaban la pulga del delito (la pulga era la infectada, realmente) eran esas ratas de pelo negro y brillante que pululaban por las apestosas callejuelas del mundo humano por entonces. Millares morían sin remedio, los pueblos hedían de cadáveres, y como refieren algunas crónicas no alcanzaban los vivos para enterrar a los muertos.


Se supuso que los gatos transmitían la peste negra, y entonces se los pesriguió y exterminó, aumentando así la expansión de las ratas, y en consecuencia, de la pandemia.


Un prejuicio tuvo más fuerza que la ciencia o el simple análisis... 25 millones murieron víctimas de la peste negra, que se detuvo cuando ya no tuvo donde anidar...


Otro color de la peste, más romántico, si se me permite, es el dado a la tuberculosis o tisis, a la que se conoció como "peste blanca". Dicen, que por el aspecto megapálido de los afectados. Motivo de vergüenza o escarnio privado en la antigüedad, de vergüenzas públicas en los albores de nuestro siglo XXI, en el que algo así como ¡la tercera parte! de la población del mundo está afectada de tuberculosis: la peste blanca, la peste de los pobres, la peste de la miseria y el desamparo, la peste de la incapacidad de los que gobiernan y deciden.


Nos ha tocado asistir a más de un blogger (lector o posteador, da igual) a la metamorfosis del Sida, que comenzó embanderado con el mote doblemente descalificador de ser "la peste rosa". Era una enfermedad, terrible, violenta, veloz, sanguinaria, una peste sin duda, un dedo acusador señalando los descarriados caminos del sexo. Era, además, rosa. Cosa de putos. De mariquitas. De hombres pervertidos y desviados. Bah, ahí tienen su peste rosa, que se jodan: se lo tenían merecido.


Los curas (algunos, bueno) se restregaban las manos dando sermones, los militares argentinos hicieron un payasesco intento de instituir una nueva marca de deshonra y degradación, al proponer que a los 43 pibes a los que se les detectó el virus en el ingreso al servicio militar, les fuera puesto un sello en rojo en el DNI donde se leyera "SIDA".
La campanilla para los leprosos ya estaba inventada desde la época de Jesús, por eso no se lo arrogaron como brillante método de identificación.


Pero la peste rosa muy pronto dejó de ser rosa, y la expansión teñida de vértigo se empezó a cobrar víctimas entre los pequeños, entre mujeres, entre ilustres ciudadanos y ciudadanas, hijos predilectos, artistas reconocidos, peones de talleres, adolescentes desconcertados...


Ya no cuadraba el discurso del castigo moral. No había rey impoluto que desde su manto de armiño nos concediera el permiso de borrar a los apestados, para preservar a los sanos y puros.


Y, batido en este cóctel vomitivo, -peste negra, peste blanca, peste rosa- me resulta imposible no rememorar el lúgubre relato de Edgar Allan Poe "La máscara de la muerte roja". Qué manía de ponerle colores a los tormentos, che...!


Ultimamente la ciencia ha asumido un caracter pedagógico inusualmente fuerte: nos explica todo. Le pone razón a los mitos, ilumina los recovecos de los miedos, tira abajo con un manojo de argumentos incontrovertibles toda una construcción mágica o sobrenatural en un santiamén. Y nos gusta ese afán de entenderlo todo. Creo, es una extensión de la pulsión que sentimos por dominar.


Entonces enciendo la tele y me desayuno de la farsa de las apariciones fantasmagóricas. Me explican y me siento hasta piadosa comprendiendo a otras mentes primitivas. Me dicen que la muerte de los primogénitos de Egipto no fue ninguna advertencia del dios de Israel, sino una consecuencia más (una nube baja de CO2) que formó parte de una catástrofe ecológica, de una sucesión de "desgracias" bien aprovechadas (el agua-sangre, los mosquitos, las ranas....en fin! todo eso!)


La ciencia me explica tanto que me acorrala: ya no queda lugar para mi asombro. Ya ni Fox Mulder me convence. Y aunque sigo sintiendo a mi alrededor esas presencias, esas espirituales compañías, la ciencia me dice que el psiquismo, que el superyo y el ello, que el sujeto barrado y que la mar en coche. Cada tanto me gana y me dejo llevar por sus frescos brazos del raciocinio. Y me gusta saber cosas, lo admito, soy curiosa.


No obstante, no dejo de cultivar una parcela de mi espíritu con una dosis fuerte de misterio, de ciega fe; me relamo los labios y paladeo el sabor antiguo de la superstición o la alquimia.


Si un todopoderoso quisiera oír mis ruegos, yo pediría una plaga incolora (o cuando mucho, plateada): ¡la plaga de los dedos pulgares!


Que caiga sobre todos los dueños de celulares que viajan conmigo día a día...por favor!
A ver,un dios, el que sea: una plaga como ésta, de cuarta categoría, debería ser un pedido fácil.
Para más detalles, espere el próximo post.


Aquí el link al video "El éxodo descifrado" Es largo, una peli. Pero, para quien guste..
Estas dos semanas trabajé mucho (pero MUCHO) con mis compañeras Gabi y Susana organizando y dando vida a un Seminario Virtual para profes de Nivel Superior de todo el país.
Además de haber aprendido una enormidad de cosas -supongo, en parte, por la práctica forzada e inevitable de tener que estar a toda hora entrando y saliendo del campus, arreglando y acomodando detalles- tuve oportunidad de "leer" a gente que vive, trabaja, enseña a cientos, y en algunos casos miles de kilómetros de mí.
Me tocó en gracia establecer contacto con los cuatro especialistas que escribieron sus ponencias para la ocasión. Todos, un lujo. Todos, un gran placer.

Pero de los cuatro -ninguno lee mi blog, así que ninguno se enojará...- quien más me enseñó en estos escasos días fue Daniel Prieto Castillo, un educador mendocino, como gusta definirse.
Se podría decir que hizo que renovara mis votos con la tarea de educar y ratificara mi decisión de humanizar la tecnología, pasito a paso, momento a momento, palabra a palabra.

Daniel dice en su mensaje de saludo final al foro, esta frase:

"No creo en irrupciones tecnológicas en nuestros espacios de docencia (y mucho menos de docencia para formar docentes), si en ellos no se viven experiencias profundas que dan sentido a todo, tecnologías incluidas. No creo en redes tecnológicas no sostenidas por redes humanas entretejidas como aquella trama que quería una compañera de ustedes: cada hebra un ser bien parado sobre la vida y la totalidad del tejido como una red de seres humanos. "

Me emocionó, me hizo sentir bien, me felicité y me puse un muy bien diez por haber elegido esta carrera de educar. Sí, soy una hebra de la red: sostengo a otros, otros me sostienen.
Tengo una deuda insalvable con toda la Historia que me trajo hasta aquí. Y a mi me gusta saldar mis deudas.
Así es que me enrolo en esas filas. Si un día, dentro de poco o mucho, me piden las credenciales diré que soy prietocastillista...de la primera hora!
No sé si tengo un imán, si mi rostro es demasiado amigable en ocasiones, si doy el phisique du rol de la persona compasiva y de buen escuchar. Como sea, es un hecho objetivo que personas que apenas conozco se sientan en confianza de contarme sus penas, confiando Dios sabe por qué en mi bondad y mi sano consejo.

Entonces estamos aquí: el chico que acarrea los muebles y hace recados, una suerte de todoterreno de las oficinas, ante la mínima insinuación de que tiene cara de compungido el día de hoy, suelta el carrito pesadamente sobre la alfombra, suspira y deja caer los hombros con aire de derrota y finalmente susurra "tiene razón, ando mal... pero es que siempre me culpan de todo a mí"
Te culpan de todo, vamos a ver, de qué todo, hey, hey, no me vengas con ese cuento...
El rostro se le ensombrece "En serio. Me culpan. Aunque yo no haga nada. Es algo que me pasó desde chiquito. Me culpan a mí, se me cagan de risa..."
Este es el instante en que mi banco de recuerdos se activa, con un ruido como de cuchillos afilándose, y se dibuja en letras transparentes delante de mis ojos la lunfarda "rajeeemos..."
Pero llega tarde el aviso: ya se largó la filípica y el rosario de lamentaciones, y los ejemplos de nimiedad infinitesimal, y las conjeturas alocadas que lo sitúan, siempre, indefectiblemente, como la víctima de una especie de confabulación mundial. La cara sigue llena de sombras pero se ha vuelto grotesca, y la enumeración de rencillas diminutas entre hermanos o pibes del barrio tiene ribetes almodovarianos. Ay. Que un mal rayo me parta: me está dando risa.
Me esfuerzo por seguir el hilo del lamento pero mi atención revolotea sobre los cómicos microespasmos de su cara y sus manos. Me tiento,me tiento, soy una desalmada, que alguien pase justo ahora y me rescate.
Magnífico: pasó la jefa. Hizo un gesto de "bajen la voz" y señaló la puerta contigua, donde se celebra alguna reunión importante. Sh. Perfecto.
Pero la confesión estaba a punto de llegar a su clímax, y el fulano no se deja amedrentar por un pedido de silencio, asi que arremete, enronquece la voz de sufrido y larga:
"lo que pasa es que me tienen podrido tomándome siempre de chivo respiratorio, viste?"
De chivo respirat...? Tomándote de qué? (no, por favor que no lo diga de nuevo)
"de chivo respiratorio, me toman, sí, como lo oís, siempre soy yo el chivo respiratorio cuando pasan las cosas..."
Pongan cámara lenta (2,5 segundos): trato de fruncir los labios y me tiemblan como si flamearan. El cuello se me hincha, como en un cacareo espantoso. Ladeo la cabeza, miro para otro lado. Me apriero la nariz como ante la inminencia de un estornudo.
Suelten la cámara lenta: no doy más. Le apoyo la mano en el hombro, lo miro con los ojitos llenos de lágrimas por el esfuerzo de contener el estrépito de la risa. El me mira con desconcierto y horror. "pero qué....? pero de qué...?" atina a balbucear cuando la carcajada estalla desconsiderada, límpida, redonda.
Justo ahí se asoma de nuevo la jefa, mira hacia adentro con desaprobación, se topa con los ojos del chivo (¡del chivo respiratorio!) que atontado e incomprendido asiste al show de mi obscena tentación de hilaridad. Ella le repite el mudo mensaje de "si-len-cio!"
Él hace un gesto con todo el cuerpo, a medio camino entre la sorpresa ofendida y la ira: flexiona un poco las rodillas, se señala el pecho con ambas manos, tocándoselas dorso con dorso, sube los hombros... Es la gota que colma los mares: "No te digo, che!? siempre me toman de..."
No pude escucharlo más: huí.
Despavorida. Mi risa de loca rebotó en las paredes, se me antojó que en estilo burbujas amarillas...
Después le mandé a decir que le debía una explicación, que estaba todo bien, que le iba a dar a leer una cosa que vi en internet. (le tiene respeto reverencial y yo soy una bestia pagana)

Entonces, te lo explico:
Se llamaba chivo expiatorio a un chivo, ni más ni menos, que según la tradición judía, había que sacrificar cada año, cargado con collares y tientos que representaban los pecados de cada persona del pueblo. Así, cada uno dejaba entre los cuernos del pobre bicho, un collarcito, una serie de cuentas, una trenza: en ellos el chivo se llevaba sus culpas, para ser borradas.
Lo largaban en el desierto, para que no fuese a volver, donde seguramente moría de hambre y de sed. Expiaba las culpas de todo. Era algo así como el pagomisculpas.com de la antigüedad.

Ya ves que de respiratorio, nada.
O casi nada: las culpas, propias o ajenas, normalmente te quitan el aire, no te lo dan.
Todo el día, casi toda la noche, en los brevísimos tiempos de fluir entre una obligación y la que le sigue, en esas treguas blancas o grises que me dan los viajes en combi, en subte, en colectivo, mi mente bulle de ideas. Burbujean desesperadas, explotan en la superficie como celestes glóbulos preñados de sensateces, o de estupendos delirios.

Plop, plop, plop, se sacuden unas a otras, se empujan, se aferran con sus torpes y pringosas manecitas a la línea de largada. Me dicen: "En cuanto vuelvas al blog, escribe primero sobre mí"

Son vanidosos y pagados de sí mismos mis tópicos bloggeros. Vanas copias de mis recuerdos, hormigueantes sensaciones, maltrechos deja vu que se me escapan como aire de fantasmas tan pronto tengo -como ahora- mis cinco minutos de teclado libre.

Las pongo en fila para fusilarlas, no voy a escribir sobre ninguna de ustedes: Bang! estás muerta, idea sobre la sangre de las moscas. También vos, número 17. Un tiro de gracia que le rasgue el trasero para que muera ignominiosamente, a la idea sobre los dos borrachos de la calle Corrientes.

Listo...oíd el ruido de rotas cadenas... Me vuelve a circular el aire, respiro mejor, hice espacio en el pozo transparente del que brotan las palabras enganchadas unas con otras. Siento el borboteo del agua fresquita que se vierte con delicia en mi mente, haciendo remolinos en la nada...
El veneno se está diluyendo, queda apenas una punzada violeta en los bordes de la herida, aún abierta sobre la mano que más escribe. En un gesto infantil, impensado, un resto de la naturaleza que nos gobierna cuando bajamos la guardia, llevo los labios a la línea carmesí. El sabor se acidula un instante y vira violentamente: "te atrapé" me parece escuchar.

Y de nuevo, de nuevo, de nuevo, de nuevo... otra vez la ponzoña. La ronda infernal de las ideas que quieren ser paridas se pone en marcha como una noria interminable. Mi cabeza me envenena. Me envenena de historias y de voces y de fotos que se mueven.
No me puedo escapar de ellas.
He de escaparme hacia ellas, sin remedio.

"Primero se llevaron a los negros, pero a mi no me importó

porque yo no lo era.

Enseguida se llevaron a los judíos,pero a mí no me importó,

porque yo tampoco lo era.

Después detuvieron a los curas,pero como yo no soy religioso,

tampoco me importó.

Luego apresaron a unos comunistas,pero como yo no soy comunista,

tampoco me importó.

Ahora me llevan a mí

pero ya es tarde.

Bertold Brecht

Y después lean la brillante reflexión de Hernán, en Orsai.

Parece que hay personas que tienen el dudoso talento de protetizar sin querer la mala suerte.
Y sin desear el mal, sino, en general, lo contrario.
Como un sol que brilla tanto, tanto, que atrae hacia sí las plumosas nubecitas de la tarde y remata el día primaveral con una tormenta memorable.
Pongamos, por caso, que alguien alaba mi estilo blogger literario y sugiere, con prudente y cariñosa actitud, que piense en hacer una copia de resguardo. Pongamos que me resisto a la operación del acopio, porque soy dadivosa, porque lo dejo para más adelante, porque me vuelvo un poquitín inmortal , y esos son los instantes en que una siente que nada malo podría pasarle...
¿Y bien? ¿Qué sucede?
Blogger se manda un terremoto digital y mi preciosa reserva de palabras trenzadas con fotos, con espacios, con tiempos... se despedaza como un barquito de cartón pintado.
Pongamos por caso, que el vaticinador se empeña en convencerme de que puedo ponerme a escribir cosas sabrosas, creativas, cosas que no me enchalecan la risa sino que la difunden como un viento de arenas multicolores. Pongamos que le creo. Pongamos que digo la "S" de la palabra "Sí", que me doy permiso, que me siento en mi compu y hago tronar los nudillos y enderezo la espalda porque VOY A ESCRIBIR.
¿Y bien? ¿Qué sucede?
Que las demandas furibundas del trabajo me atornillan por horas a orillas de otras pantallas, que el sueño que no dormí pasa a cobrar su cuota, acariciándome los párpados con sus dedos blancos y empolvados, como dulces garritas de talco... Y las ideas...las ideas que parecían formar fila en mi mente en momentos absolutamente inoportunos (por ejemplo, mientras el jefe me trata de transmitir una idea acerca de la conversión de pesos a euros), esas ideas impúdicas o burbujeantes, melodiosas o desafinadas, ideas embriagadoras, exitosas, dignas de aplausos o de complicidades... Dónde se van? ¿Dónde se han ido, las muy resbalosas?

En alguna parte del Antiguo Testamento, en ese menjunje de libros feroces, un Dios colérico y celoso, ese Dios que incendiaba las zarzas con su relámpago parlante, dice a sus seguidores un anatema espantoso: "Lo que temes, te vendrá"
Algunos estudiosos insisten en ver en esa predicción tan sólo la advertencia de no temer: no temas, porque si temes a algo, eso que temes se producirá. Otra vez la metáfora del sol demasiado potente que se ahoga en las nubes que enamora...
O la voz de la madre preocupada que augura al chico energético y saltarín "Te vas a caer, eh?"
Y el chico, ¿¡qué remedio queda?! se cae nomás, porque la palabra que advierte tiene la misma fuerza que la palabra que predice sin titubeos.
Y bueno: quiero escribir y no tengo tiempo. Quiero escribir y no tengo ideas. Quiero escribir y no tengo lectores...
Cierto es que el universo de los escópicos y paseanderos de blogs es diminuto y mezquino, basta con salir de escena una semanita para caer en las huestes de los desgraciados, desgraciados que han perdido la gracia, el encanto, la frescura vital. Pero también así, de un solo saque, puede volverse armónico y contenedor, como el abrazo que esperábamos sin saberlo.
Si fuese bruja, lanzaría un conjuro. Si fuese ángel o hada, un desparramo de estrellitas blancas, lloviendo su bendición sobre todos los dedos que ahora, en este preciso instante, en algún punto de la tierra, escriben para que otros lean.

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