Hay gente por ahí que dice que repetir una palabra, una frase, una "afirmación" produce su efecto concreto y palpable.
Que lo que uno piensa y medita, se manifiesta.
Que "de lo que abunda en el corazón hablan los labios".

Yo siento mucho respeto por las palabras. No me tomo a la ligera ni los cumplidos, ni las adulaciones, ni los reproches. Me gustó, hace relativamente poco tiempo, descubrir una técnica de meditación que consiste en elegir una palabra que represente algo que debés "trabajar" en tu presente y escribirla en un lugar visible. Un lugar que mires, digamos, al despertar.

Mi jardín zen liliputiense...es allí donde escribo con una agujita, semana tras semana, mi "palabra para pensar".


Pero qué pasa: alguien descubre mi truco. Juega con mi truco, y de paso me pone a prueba (supongo) añadiendo al costado de MI palabra, una segunda que tenga relación con ella. Pero claro, el sentido se subvierte totalmente, el efecto de esta segunda palabra es quitarle protocolo a la primera...robar una sonrisa, tal vez.

Ese mismo gesto (pescar un momento de descuido, buscar una herramienta adecuada, dejar una marca identificable) me recuerda a mí misma, hace muchos -demasiados!- años atrás.
El no lo sabe. Bueno, no lo sabía hasta ahora. (Otra vez mi boca insensata...)

Yo solía pensar en la posibilidad de tener que abandonar la casa en la que vivía. Se me antojaban esas fantasías trágicas y sin fundamento. Que alguien vendría a ocupar mis espacios, a tirarse cara al techo en el pasillo, a acurrucarse en la misma esquinita de mis lágrimas.
Entonces, con lo que hubiera a mano (un lápiz, un clavo, una birome...) escribía una palabra. Mi nombre, a veces. Una palabra que me recordara ese momento, como por ejemplo "lluvia" o "visitas". La escribía muy, muy pequeña. Si me veían, se venía el reto.
Pero yo pensaba: la nena que venga a esta casa, se va a fijar en estos recónditos lugares.Va a encontrar estas señales, va a pensar en otra nena que se llamaba Vera, que sembraba palabras como quien siembra dátiles en el desierto.
Palabras para que piensen en mí.



4 comentaron esto...:

Anónimo dijo...

Creo, alguna vez, en alguna ocasioón, te lo he dicho. Cuando alguien piensa en tí se genera una corriente, un flujo, una unión de energías, que van tejiendo esa red que nos liga a todos.
Es una de las formas del yoga, unirse a través del pensamiento y el recuerdo.
Yoga=Unión
No lo has olvidado, verdad?

VeRa dijo...

y tú eres...?

(quien yo creo? por qué no firmas?)

Anónimo dijo...

Ahh, yo lo único que sé del Yoga
que es el papá del Yopo.
Sirve eso?
Digo...como 2da. palabra.

Humor, humor(como escasea)

Besote

H.H.

VeRa dijo...

jajajajajaaaaaaaa


cómo me gusta ese pekeño golpe del sinsentido... no llega a ser traicionero porke ya lo estoy esperando...

pero claro...el yoga, el yopo, el yobaca... son entes de los ke Ud entiende mucho
;)

Beso

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