Con suerte despareja, pero con terquedad y estoicismo, sigo posteando aquí pedacitos de mi espíritu. Algunas veces es complejo, porque me veo a mí misma repitiendo consejos -que no tomo-, ideas que me persiguen -sin alcanzarme- y palabras ...algunas misteriosas como talismanes, otras profundas como océanos, algunas livianas y delgadas como aleteos de libélulas...

Y , asimismo, algunas veces me tropiezo de nuevo con gente que dice las cosas de un modo que realmente se entienden y realmente causan ese impacto en quien las escucha o lee.

Por eso, y porque estuve pensando muchísimo en cómo es ese arte de encontrarse con los otros que construyen nuestro tiempo vivido, replico aquí algunos fragmentos de Cabral (no el soldado heroico, sino el cantautor... )

Es un texto que se llama "La vida es el arte del encuentro"


Sé que la palabra no es el hecho, pero sí sé que un día mi padre bajó de la montaña y dijo unas palabras al oído de mi madre, y la incendió de tal manera que hasta aquí he llegado yo, continuando el poema que mi padre comenzó con algunas palabras.

Nacemos para encontrarnos (la vida es el arte del encuentro), encontrarnos para confirmar que la humanidad es una sola familia y que habitamos un país llamado Tierra. Somos hijos del amor, por lo tanto nacemos para la felicidad (fuera de la felicidad son todos pretextos), y debemos ser felices también por nuestros hijos, porque no hay nada mejor que recordar padres felices.

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De mi madre también aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede empezar de nuevo, ahora mismo, le puedes decir basta a la mujer (ó al hombre) que ya no amas, al trabajo que odias, a las cosas que te encadenan, a la tarjeta de crédito, a los noticieros que te envenenan desde la mañana, a los que quieren dirigir tu vida, ahora mismo le puedes decir basta al miedo que heredaste, porque la vida es aquí y ahora mismo.
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Si quieres recuperar la salud abandona la crítica, el resentimiento y la culpa, responsables de nuestras enfermedades. Perdona a todos y perdónate, no hay liberación más grande que el perdón, no hay nada como vivir sin enemigos. Nada peor para la cabeza y por lo tanto para el cuerpo, que el miedo, la culpa, el resentimiento y la crítica que te hace juez (agotadora y vana tarea) y cómplice de lo que te disgusta. Culpar a los demás es no aceptar la responsabilidad de nuestra vida, es distraerse de ella. El bien y el mal viven dentro de ti, alimenta más al bien para que sea el vencedor cada vez que tengan que enfrentarse.

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El día que Cris, una maestra y compañera y por supuesto...una amiga! cumplió sus (ta y tantos) años yo le regalé este texto, porque algo hizo que nos encontrasemos en esta vida ella y yo, quizás solo para que algunas veces, en algunos momentos muy terribles de mi vida, ella pusiera su mano en mi hombro y canturreara "a brillar, mi amor"... Creo que nunca supo cuánto me ayudaba ese gesto...a seguir, a pelearla, a no aflojar...

Pienso que quizás a otras personas, no sé cuantas, no sé si apenas 4 o 5 más, les pueden "llegar" las frases y gestos que yo trato de tener con ellos.

Este es uno de ellos.


Sé que la palabra no es el hecho... es un puente para el encuentro.
Aquí está mi puente, débil o robustísimo, según soplen los vientos.
No tiene puertas.
Adelante.

4 comentaron esto...:

Anónimo dijo...

Pasé, leí y me gustó.
besos
Auguy

Susana dijo...

Belíssimo!!!

VeRa dijo...

Gracias a ambos

Salut y adelante

Cristina (por celu) dijo...

Por fin pude leer tu página!
Me encantó, te quiero mucho y a brillar

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