Alejandro Filio, no sé dónde, en Barcelona, en algún sitio, cantando este tema que es precioso..

Yo tengo la versión en audio cantada con Silvio. Y entonces, ellos cada uno donde esté, y yo acá, tomando mis mates bien argentinos, y jugando con la compu un poco, hago este milagro, este chiste, esta licencia de la tecnología que ahora está a mi alcance a golpe de algunos clics:

Estimado y sufrido público, con ustedes, con solo dar el clic correcto, a tres voces, Silvio, Alejandro y VeRa, cantando el estribillo de Brazos de Sol...


EL QUE AVISA NO ES TRAIDOR: este post NO ES una reseña más del libro de Piscitelli. Pienso que ya tiene demasiados comentadores, y del resto, que se encargue Amazon.com. Listo.

Mi método nocientifico de conocer

Mi método para degustar esos pedacitos de vida que me van seduciendo es una mezcla de Doña Petrona C. de Gandulfo y Dr. House, a saber: pruebo los ingredientes, desarmo la receta original, pellizco aquí y allá y veo como sale mi propia salsa. O bien: extraigo un fragmento vivo, lo analizo un poco, conjeturo, trato de imaginarme los antes y después, las tramas que cruzan...pero mientras tanto hago algo con eso. Biopsia condimentada a lo VeRa Rex. Ese es básicamente mi estilo de conocer.
En ese plan leo salteado materiales de lo más eclécticos y mezclo viejo y nuevo con despareja suerte, y encuentro a veces perlas, soluciones, nuevas preguntas, gente, voces, pasos adelante.


Receta- biopsia de "Nativos digitales....bla"

  • En la tapa: AULA XXI

Es lo primero que me causó sorpresa...que dijera AULA. Palabra asociada irremisiblemente a escuela, escolar, pupitre, tiza. No importa que diga después XXI... AULA tiene peso específico suficiente. Y si a alguien le quedan dudas todavía, que se las sacuda ni bien se tope con la tapita verde del libro. Estás por abrir la puerta de un AULA, querido lector, nada de clics por aquí y por allá, nada de dibujitos, nada de animaciones. No se me distraigan. Esto es un aula, señores. No metan bulla, sh. Ahí viene el profesor... (Ese de camperita verde es el profesor? el de los pelos simil Einstein? ah, pues vamos a ver...)


  • Frases de niños en los inicios de cada capítulo:
Frases que no tienen ninguna correlación con la vida digital, pero son simpáticas muestras de que son...frases de niños (y los chicos son ocurrentes y frescos, y usan las palabras como bloques de armar, ingenuidad pura, simplesentido siempre, for ever and ever)
Mi mamá dice que yo de peque pregunté por qué había que comer "a la hora del almuerzo" en lugar de comer "a la hora del hambre". Que a todos les pareció profunda mi cuestión. ¿Yo era genial o futura existencialista? Lo dudo. Era chica, nada más. Nativa de la inocencia, eso sí.
  • Gerundios por doquier
Mis profesores de literatura me decían que no se encabezaba un artículo (ni redacción, ni descripción, ni poema, ni frase de apertura, ni, ni, ni! ) con un gerundio.
Bueno "Nativos..." está lleno, plagado, atestado de inicios gerúndicos. A ver, piensa Doña Petrona House, piensa: ¿a qué se puede deber? Conclusión preliminar: a que hemos ido deslizando, en los últimos (y anteúltimos) tiempos hacia un presente expandido en el cual, todo el tiempo nos contamos unos a otros "que estás haciendo" o "qué estás pensando" o "qué estas procastinando" (ja)
Uno dice, en la red de conversaciones "gestionando nuevos cursos..." o "pasando a modo desconectado..." y los ojos -pantallas- que nos ven entienden perfectamente bien ese "estar siendo".
Yo le perdono los gerundios...y más (ver items siguientes)

  • La teoría del espejo retrovisor
Omnipresente Mc Luhan, reaparece en el libro con su teoría que reza "avanzamos hacia el futuro mirando hacia atrás" . Excelente analogía para los neomedios entrando al sistema educativo de la mano de la sociedad y el poder: una increíble inercia fuerza a los nuevos lenguajes y dispositivos a desempeñar el papel de los viejos. Me vino rápidamente, como en molde, a la memoria, el discurso de un vendedor de pizarras digitales interactivas que destacaba las bondades del artilugio frente a un grupo de directivos y docentes remarcando que esta tecnología "volvía a poner en el centro de la escena la voz del maestro" ¡Piel de gallina! Todos felices y contentos, se relamían fagocitándose de antemano el poder disruptor de la PDI.
  • Los docentes
Esos seres extraños y terribles, odiosos y dignos de amor, irreductibles y despedazables, los docentes y la seducción danzando en muchisisisisimas páginas del libro. Posibles actores de un cambio, cuñas endurecidas que lo obstaculizan y corroen, tibios, exigidos, disculpados, de todo, como en botica.
Los docentes aparecen interpelados en muchas esquinas de la lectura. Una de las llamadas que más me encantó fue la llamada a volverse expertos en competencia comunicacional, en inteligencia emocional, y en seducir con su discurso / valor / contenido.
Cuando este año iniciamos las clases en Educare, les pedí a los alumnos de 2do, 3ro, 4to año que pensaran una palabra para representar esta institución donde estudian, esta carrera que han elegido. Que mientras yo hablaba la mantuvieran "en memoria volátil" para decirla al final de mi charla. "No la cambien, no importa si se repite". Muchos dijeron "ideas", varios dijeron "familia", alguien dijo "oportunidad", un profe (el queridísimo "comandante") dijo "pasión". Nadie dijo lectura, ni estudio, ni ciencia, ni paradigma. Yo diría que estos docentes, y estos futuros docentes, van por la buena senda. Y entonces, si la tecnología acompaña, mejor.
  • Ex-plicar / Im-plicar[se]
Ex-plicar: estoy afuera. Im-plicar: tengo que estar, innegablemente, dentro.
Cito: "La mayoría de los docentes se consideran responsables exclusivamente de la explicación de los contenidos, no de la implicación de los alumnos"
Sentencia que me catapultó hacia atrás en varios años, al momento en que me topé en mi carrera con un raro librito cuyas letras (tipografías, uso de las negritas y destacados, mix de imágenes y fragmentos de textos) estaban muy por fuera de la lectura "clásica" universitaria. El libro se llama "Mutaciones en educación segun Marshall Mc Luhan" y es del año 1975 (!) El autor, un brasileño, de Oliveira Lima, sentenciaba parecido: "El docente es el único profesional que puede atribuir su fracaso a sus destinatarios. Si el profesor fracasa es porque el alumno no estudió, jamás es por su culpa" o "Las escuelas gastan cada vez más múltiples energías preparando a los alumnos para un mundo que ya no existe"
Este libro fue muy resistido entre mis compañeros, y al año siguiente se retiró como material de cátedra. Una pena.
Y pues, las preguntas son: ¿Son los docentes una caricatura exacerbada del maestro autoritario de The wall? ¿o una versión mal paga del profesor de literatura de la sociedad de los poetas muertos?
¿Solo explican porque no saben hacer más que eso? ¿O porque se espera de ellos eso, que mastiquen los contenidos académicos y se los metan en el buche predigeridos a los parvulitos?
Quizás las pistas andan cerca. Hay que afinar el oído dormido.
  • Neologismos/Lenguaviviente/ Versos Alejandrinos
Soy la menos indicada para decir esto, yo que me la paso pegándole golpes al sacrosanto idioma del Quijote. Pero una de las marcas en el orillo del libro de Alejandro es la variedad y profusión de palabras inéditas, no sé si aceptadas por la RAE, pero palabras contrahechas y repegadas, palabras gringas entreveradas con criollas, barbaridades, cóctel de idiomas. Mucho ensamble de palabras, mucho jugueteo con los paréntesis y los guiones (Repito...soy la menos indicada para sorprenderme con esto....)
Pero, ya está dicho: le perdono los gerundios, y tambien los versos alejandrinos. A mí no molestan, por el contrario, aligeran el ritmo al leerlo.


Fin de la receta

Posología y forma de administración: a piacere
Efectos colaterales: aún no estudiados ni previstos.
Diagnóstico preliminar: Sabroso.
Advertencia: No es un plato de digestión rápida.

Una frase (de muestra): "E la nave va"
Sé que mi blog está mudando (de piel, de tripas, de corazón)
Me dan ganas de hablar y contar otras cosas, menos literarias acaso, más mundanas, más trabajólicas.
Pero sigo acá en lugar de abrir otro blog donde me devore el vértigo parsimonioso de "estar al día", de actualizar, de visitar a otros para conseguir seguidores. Nunca quise eso, y sigo sin quererlo.

Este es un aviso, una horrible disculpa anticipada a algunos visitantes. Lo que seguirá es el estilo, la autoimpuesta condición de escribir sin edición (como cayó, quedó) que es al mismo tiempo regla de hierro y libertad de lengua (¿de tecla?)

Puede que todo lo demás se convierta en otra cosa.
Puede que no.

Metamorfosis iniciando...cuenta regresiva caníbal: 100, 50... 10, 9, 8... 5, 1...
No iba a iniciar esta miniserie de posts así, pero en fin.
Fiel a mi autoflagelación blogoliteraria, que consiste en NUNCA editar los posteos, escribir como sale, soltar lo espontáneo (porque para detenerme a redactar tengo otros tres trabajos) me siento por fin con este tema y sale así "no todos los Hugos son Pardos"
Una paráfrasis no autorizada de que de noche todos los gatos son pardos, supongo.

A Hugo Pardo lo conocí de nombre por su blog (lo tengo en mi recorrido, desde hace tiempo) y en persona hace poquitos días, después de una charla que dio en la baqueteada aula 108 de Comunicación, en la UBA.

Dijo dos o tres cosas que me dejaron ganas de seguir conversando, pero claro, se me iban ocurriendo mientras volvía para mi casa. Ese maldito delay de mi cerebro...que se pone a restallar la fusta sobre mis cansados axones cuando ya no estoy de cuerpo presente donde debería. Bueh.

En su perfil en la red Infonomía, a la pregunta "¿que puedes ofrecer?" Hugo responde:
"Serendipia reiterada y focalizada, es decir capacidad de invención/descubrimiento amplificada y energía para trabajar en un nuevo campo de investigación como los mobile devices y las aplicaciones Web 2.0" (¡fa!)
Y alguien que es capaz de garantizar serendipia merece unos momentos de análisis, calculo.
Aquí los tiene, de mi parte.

La charla pasó revista a los siete principios de la Web 2.0. Bueno, como es "casi" mi tema en una materia que dicto, me parecían superconocidos los siete. Me sé hasta el orden, por poco
Lo que miré en ese momento fue otra cosa: las caras de los alumnos. Atentos, quietos, sólo subían y bajaban las cabezas tomando furiosas notas (analógicas, salvo dos o tres).
Cada vez que en la conferencia aparecía la frase "bueno, ustedes ya saben esto" yo miré ese bosque de rostros. No asentían, no negaban. Trataban de mantenerse a salvo poniendo expresiones neutras (recurso por excelencia del estudiante universitario masivo, seguir siendo un punto, uno más, una gestalt de ojos-nariz-boca que toma apuntes...)

Pero cada vez que Hugo afirmó "ustedes esto YA lo saben" ví pasar, en un destello ínfimo, en un instante digno de la publicidad subliminal, una expresión de susto por el mar de caras.
Acaso fuera "bueno, si ya lo sabemos, a qué repetir?" O acaso "ah, si?"
Pero me pareció, más de una vez, que el fantasma que flasheaba decía "no, carajo, yo NO lo sabía".
Me hizo pensar en cuántas veces uno, en conferencias, para no ir a menos en la consideración del destinatario, procede asumiendo que todos saben lo que no todos saben.
Pensé también en cuántas veces hablamos de los principios de la web 2.0, quienes los conocemos al menos un poco, dando por sentado que a todos les parecen justos y ad hoc.

En algún momento de la charla, Hugo habló de que una de las "nociones críticas" sobre la web 2 es que -paradójicamente- no se aguanta la crítica. No se puede criticar a la web 2.
La web 2 es buena, es libre, es democrática, es divertida y es moderna. Y si no te gusta la web 2, te tenés que callar.
No es políticamente correcto criticar cualquier objeto, aplicación o dispositivo que lleve el sello de ser dospuntocero.
(Le doy la derecha: eso efectivamente sucede. A mí, aunque me seduce mucho el fenómeno, me causa escozor intelectual esta actitud de muchos nuevos gurúes...)

A causa de esta tolerancia cero a la crítica, me parece que muchos jóvenes -muy nativodigitales ellos, muy facebookeros, muy conectados- se suben a la moda de las tecnologías y se excusan de preguntarse qué harán con ellas.
A causa de ese temor de quedar afuera que sentimos los naturalizados (porque, vamos, ya nos colgó el sambenito el apreciado Marc Prensky, tenemos más de 30, no somos nativos por mucho que nos esforcemos en gestionar bien nuestra información vital) es que a veces nos enrolamos en esta misma complacencia de lo nuevo porque es nuevo, de lo 2.0 porque es 2.0...
Tenemos tanto miedo de que nos acusen de obsoletos o de resistentes a la innovación, que no osamos contradecir a nadie que proclame que si no estás en las redes sociales -digitales- no existís.
Ponemos la misma cara de terror imperceptible ante el tono asertivo del "esto ya lo saben" pero nuestro terror es equivalente a "Dios mío, con que venía por ahi la cosa?"
Ahora bien: dos asuntos (más) que sucedieron en la conferencia, que me gustaría entrelazar aquí.
Uno fue un consejo contundente, basado en uno de los famosos siete principios.

SIMPLICIDAD, chicos y chicas.
No se enrosquen en el diseño cargado, en el formato 100x100 pulido, en complicados y estériles métodos de protección. Comuniquen de la manera más simple posible cosas que valgan la pena.
Incluso volvió a dar ese consejo en la rueda de preguntas del final.
Mejor SIMPLE, ligero, despojado, pero con buen contenido. Sabor, significado, valor.

Otro fue también un consejo, pero no-contundente. Me supo más bien a confesión (con-fesión: dar fe, declarar aquello que uno cree) y a un impulso de decírselo a quienes, por lo que fuera, se granjearon en ese momento la confianza.

Esto fue más o menos así:
"Que este país funciona mal, o no funciona, eso lo vemos. Que estamos acostumbrados a quejarnos, bien" (si mal no recuerdo, dijo que los argentinos somos muy quejicas, una palabreja espantosa, merecedora de la boca de Ned Flanders.) "que está muy bien quejarse y no callarse pero que eso no nos libra de la responsabilidad de hacer algo en este sentido"

Y decirlo ahí, en ese espacio, y ante esa parva de gente que miraba y anotaba con ojitos golosos, me pareció un gol de media cancha.

Por ahora, sumo en este post estas cuatro puntas
  • La de "Ustedes ya lo saben" (no, no todos lo saben, a ver qué hacemos con esto, ni ser pedantes, ni enladrillar más alto el muro nativos/inmigrantes, ni dar por supuesto que el mundo es mi pequeño, pequeñísimo mundo)
  • La de apuntar a lo simple y ligero. Simple, simple, simple.
  • La de generar contenidos de valor. Simple y de valor, en lugar de retorcido y soso. "El arma competitiva más potente es el conocimiento"
  • La de asumir una responsabilidad en este escenario.

Ya saben: háganlo simple, transmitan algo con sentido, y sean responsables por las consecuencias.


¿Pensará más o menos así Hugo Pardo?

Vaya usted a saber...


Próxima entrega: reflexión pascual sobre los walled gardens y los jardines de la victoria. Lo voy pensando, prometo escribirlo cuando encuentre el punto.

El aprendiz

2:24 a. m. | 0 Comments

Esta es la historia de un joven que quería ser Zen y andaba por los caminos del reino en busca de un Maestro.... sin hallarlo...
Pero mientras lo buscaba, sin desalentarse nunca, soñaba : "voy a ser zen...a caminar por las nubes...a dominar el aire..."
Resulta que un buen día encontró en su camino a una mala mujer que acertó a escuchar sus cavilaciones. Era una joven amargada y ambiciosa, y de pocos escrúpulos, de manera que arteramente se presentó como alguien capaz de enseñarle a ser Zen y a caminar por las nubes, y a dominar el aire.
Claro que para transmitirle semejante secreto, exigía a cambio de 7 años de servicio.
El joven aceptó con mansedumbre y cuando se cumplieron los siete años, humildemente se acercó a la mujer y le pidió que le revelara el secreto.
Por cierto, ella no lo sabía en absoluto pero se había acostumbrado a tener un siervo tan callado y eficiente (él sólo pensaba en la perfección)
Para salir del paso, inventó la excusa de que aún no era tiempo, que su alma no se había purificado lo suficiente en el servicio...que si aún le interesaba ser zen, y caminar por las nubes, y dominar el aire...debía servirla por siete años más.
Así sucedió. También sucedió que la negación del secreto se repitió tres veces.
El joven se hizo viejo...ya no era tan buen servidor, a causa del desgaste sufrido.
Ya no era una ayuda, y pronto sería una carga.
Para el corazón negro y venenoso de la abusadora, el acuerdo llegaba a su fin.
Dispuesta a deshacerse de él sin la menor piedad, tras 21 años de esclavitud del aprendiz, no tuvo mejor idea que inventar un ritual. Le dijo que le sería revelado el secreto si era capaz de trepar, solo, a la copa del árbol más alto del parque.
El marido de la tramposa suplicó por la suerte del anciano esclavo, pero su clamor llegó tarde, grasiento de cobardía e inútil después de tantos años de crueldad.
También él, con la complicidad de su silencio, se había beneficiado de esa situación.
Pero el anhelo del aprendiz era indoblegable, y allá fue, tembloroso y pálido, trepando por las ramas con dificultad, como un pajarito demasiado cansado.
Cuando llegó a lo más alto....ahí donde el viento lo bamboleaba como a una hoja seca, miró hacia abajo buscando explicaciones.
-"Debes soltarte de las ramas!"-gritó la mujer
-"No quiero ver morir así a ese inocente"- gimió el esposo, cubriéndose la cara con las manos.
El aprendiz no lo pensó dos veces y separó sus manos nudosas y castigadas de las ramitas casi transparentes de las que se asía. Dudó sólo un instante, parpadeó... en ese momento descubrió con sorpresa que ya era capaz de caminar entre las nubes...y de dominar el aire...
Con perezosa alegría empezó a alejarse, rasgando suavemente el silencio de pánico que había atenazado las gargantas de sus dos carceleros.
Siguió por el cielo haciéndose más y más pequeño.
Antes de diluirse por completo entre nubes, dicen que se volvió y exclamó:
"Gracias a los dos...por esta maravillosa enseñanza"

Y he aquí el único secreto: que no existe magia, que no existe secreto, que la voluntad de aprender nos hace tomar lecciones de las situaciones más duras y ejemplo de las personas más execrables....
Como ya sabemos, allá en las lejanas arenas del tiempo mítico, los incansables ciudadanos griegos pasaban sus días poniéndose de acuerdo en las sucesivas versiones de los padres e hijos, amores, desventuras y pasiones de sus dioses y semidioses.

Los semidioses o héroes eran una especie curiosa de sujetos: hijos de la mezcla -frecuente- de dioses y mortales, venían a ser algo así como la certificación de que los Magnos del Olimpo se dignaban bajar a darse una vuelta por los bajos mundos cada tanto.

Estos semidioses se distinguían por un rasgo físico, o por portar un objeto. Su genealogía se atesoraba celosamente, y cada región tenía su héroe local, con el cual, gracias a los lazos de familia, todos tenían algún grado de parentesco. La teoría de los seis grados de separación (aún sin ese nombre) se cumplía a rajatabla, porque todos querían ser parientes del héroe, aunque fueran parientes lejanos o parientes pobres.

El resultado era un magnífico acuerdo de identidad o pertenencia: en este pueblo TODOS somos parientes de Hércules (o de Teseo, o de Psique, o de Aquiles) y sanseacabó.
Bastaba con pertenecer al pueblo o a la región para ser una hebra de aquella red.
No importaba tanto el "acerca de mí" como el "acerca de mi red de gente".

Pero vaya usted a saber, quién sabe si esos oscuros e ignorados habitantes del mundo normal y comuncito no soñaban también con tener sus 15 minutos de inmortalidad, su invitación a las bacanales del Olimpo, aunque más no fuera una sola vez...

Esta costumbre que tengo de anudar el pasado y el presente... me puse a pensar qué de esta costumbre aparece en las redes en las que me muevo.
En mi barrio: nada. Vivo más tiempo fuera de mi casa que dentro, no me sé los nombres de todos mis vecinos. Si alguno de ellos fuese un semidiós, yo, tan fresca.
Pero en los barrios de la Red...hum....veamos...

A la consabida y superanunciada muerte de los blogs se anticipó una movida de inflación de los egos bloggeros mediante cientos de artilugios para "captar" lectores (o "pasadores")
Fusilar los contenidos mediante repeticiones insulsas. No decir nada. Decir lo que otro dice añadiendole un simple "vía tal" ( y mucho mejor si "tal" es "famoso", o "conocido", un semidiós si se puede...)

En los blogs de la segunda o tercera vuelta empezó a ser más importante el "acerca de mí" que el contenido. Empezamos a disculparnos unos a otros por la falta de originalidad y nos convencimos mutuamente de que era igual de bueno "compartir" lo que se le ocurrió a otro blogger más inspirado, o con más tiempo libre para andar por la red pescando novedades, que pensar y difundir una idea propia.

En Facebook esa tendencia se acentuó: ¿quiénes son tus amigos? ¿tenés amigos conocidos? ¿a ver quién escribe en tu muro?
No importa que la celebridad haya aceptado tu solicitud junto con otras 27 el día de hoy (y 32 de ayer, y 45 de mañana...) "La mancha digital" como dice Alejandro Piscitelli, aparece como un zarpullido. Mi fotito de 55 pixeles, junto a otros 55 democráticos pixeles de...que se yo... Martín Varsavsky, por ejemplo.
¿Me ves ahí, ahí al lado?
Si me ven, existo. Es la modalidad que parece venir al galope en este nuevo mundo que se reinventa cada tantos días sin resuello.
Ya no necesito recordar mi pueblo, mi región, mis antepasados ilustres. No importa si no han bajado dioses a mi barrio a aparearse (qué cochinos) con efímeros mortales.
El barrio está en las nubes ahora. Qué bien dicho... computación en la nube, vamos hacia allá...
Ahora resulta que me valido si muchos me ven (o me leen, o me siguen)

La marca del semidiós te alcanza en forma de añadidura en el Facebook, de seguidor en el Twitter. La mancha que te toca y te trastoca puede ser una etiqueta que te catapulta a la derecha de una celebridad durante un día completo. Un suceso afortunado que dispara tu blog o tu perfil a la primera plana de un diario (eso equivale a miles de visitas, los anunciantes se relamen con golosa fruición).

El gran terror contemporáneo es el anonimato, dice William Deresiewicz en El fin de la soledad (yo lo lei en el blog de Dolors... es que leemos a los que leen los que nos leen...)
Pero ¿será tan nuevo ese terror?
¿No sentirían los humildes habitantes de la Grecia concreta el mismo sinsabor de pasar inadvertidos si no tenían alguna marca de celebridad, algún conocido ilustre de quién presumir?

Quién sabe si esas intrincadas catalogaciones de dioses, semidioses, héroes, ninfas, sátiros, musas....uffff.... no son el anticipo clásico de la folksonomía.

Y así la celebridad de los héroes cobraba pleno sentido en las múltiples maneras en que un mismo híbrido de dios y gente podía ser etiquetado.
Uno podía sentirse dichoso de tener algo que ver con Afrodita, o desdichado por lo mismo...
Mira, princesa Aracné, condenada por Afrodita, nunca serás semidiosa...pero no sabes de qué monstruosa red te has salvado, sigue tejiendo...date por satisfecha.
A mi me gustan algunas canciones que no le gustan a nadie. Entiendo que una de ellas es "Generaciones", un tema de mi querido Silvio. Especialmente me gusta la parte que cuenta:
El viejo es muy viejo, su barba es azul,
el niño es muy niño, su risa está intacta aún,
y juegan al mundo, a la historia, a la vida...común
....común.

Un viejo -un abuelo, claro- jugando con un niño, que no se me ocurre otro que su nieto, o mejor: bisnieto, jugando a la vida. Es una imagen evocadora, una imagen capaz de causar nostalgia hasta por lo que nunca tuvimos. Para jugar no necesitan casi nada, porque juegan al mundo, y el mundo está lleno de cosas, por dondequiera que mires. En un espacio-tiempo de ciertas libertades cumplidas, de ciertas condiciones mínimas aseguradas, jugar es el lenguaje por excelencia de la niñez, especialmente cuando la risa está intacta aún.

Mis recuerdos de jugar en la infancia vienen pegados a las voces de mis tres hermanos, a la cantidad indefinida de gatos, cobayos, hamsters, que hemos tenido, a las muchas alternativas que le encontrábamos al jardín de casa, a los árboles, al carrito de madera que tan pronto nos quedó chico, a algunos juguetes de plástico, tela, madera. Yo tenía una perrita preferida, pero la dejaba en la casa de la abuela Nené, una perrita de plástico duro imposible de acunar o cambiar de posición, pero que yo adoraba y llamaba Tatuna. Y nadie pregunte por qué era perrita y no perrito. Los juguetes tienen sus propios temperamentos, no crean...
Mis hijos nacieron en una época de esplendor de la juguetería, supongo. Los estantes de las grandes jugueterías tienen una variedad de ofertas que tan sólo entrar a ver es un paseo de media tarde.
Es cierto que hay objetos tontos y que "juegan solos" (como se queja, ante quien quiera oirlo, mi viejo) Pero también hay cosas maravilladoras, de materiales nobles, resistentes, brillantes, manipulables y que invitan a la imaginación.

Recuerdo como si fuese ayer (ay!) a Pato, con unos pocos meses, menos de un año, intentando hacer que un telefonito lleno de artilugios volviera a producir un sonido. Él jugaba con cosas que imitaban el mundo real: un mundo de teclas, luces, sonidos, botones, antenas... Jugaba también con palos, bichos, piedritas, cajas.
A los trece, se ha vuelto experto en algunos juegos de Playstation. Pato, como muchos otros chicos de su edad y su entorno, mantiene un incomprendido idilio con los videojuegos. Las madres normalmente tenemos una de estas dos reacciones ante los idilios de nuestros hijos: indiferencia o celos. Lo mío era la indiferencia.
En los primeros tiempos de furor, había tratado de "enganchar" con los videojuegos y me habían aburrido mortalmente. Entonces cuando Pato me cuenta que descubrió trucos o que tal amigo hizo tal récord, yo asiento con la cabeza tratando de poner cara de que entiendo, mientras delante de mis ojos veo una escena que merecería ser subtitulada (para que yo entienda!)
Bueno, pero uno de estos días me senté con él a ver un juego de construcción: los sims.
En un momento el juego se detuvo (Pato "perdió el mando del Sim") y se me ocurió sugerirle que activara el otro mando: resultó. Esa sugerencia me dio el password para entrar a su juego, y me hice cargo de uno de los dos "sims" (un chico, pelos despeinados, flaquito, que Pato había customizado un rato antes)

Bueno, la secuencia transcurrió así:
  • Primer momento: voy mirando desesperadamente cómo hace Pato para que SU sim camine, entre a la casa, dé un saltito. Imito todo lo que Pato hace y como resultado... los sims se besan!! Y son dos varones!!! Horrorizado por la avanzada gay de "mi" sim, Pato me da dos o tres consejos para que me vaya a otra parte de la casa y mantenga a mi peligroso besuqueador ocupado.
  • Segundo momento: El juego se complejiza, surgen más personajes que van reclamando atención. Yo me esfuerzo por mantener los valores de mi personaje en equilibrio: lo hago comer, dormir, bañarse, con precisión militar. Pato logra conectarse con los recién llegados, no s en qué anda...me he concentrado en el mío.
  • Tercer momento: Pato mira mis valores, está todo armónico y controlado, se preocupa repentinamente largando un "uh, el tuyo está mejor que el mío..." No puedo con su angustia ahora, estoy abrumada atendiendo a mi sim que come, duerme, hace caca, se baña, saca la basura, compra carne. UF!! Sólo sobrevive y me tiene ocupadísima! Abandono... me estresa! no me divierte esto!
  • Cuarto momento: Pato me dice algo acerca de la pantalla y recién reparo en que se ha dividido y cada uno tiene su mitad. (perdí de vista el resto del juego...!) El sim de Pato aparece con una guitarra eléctrica en la mano. Y me avisa, de paso, que se puso de novio con la chica de los jeans ajustados ( ¿y eso? ¿¿cuando pasó??) Le pregunto cómo lo logró, porque yo no pude más que cumplir lo mínimo, y me clavó un análisis que puedo regalárselo a cualquier terapeuta que haya querido entenderme en estos 45 años:
"Es que te esforzás demasiado por mantener todo en equilibrio"

Conque era eso: yo traté de mantener. Él, de cambiar.
Mi estilo funciona pero no da como resultado nada nuevo, y paradójicamente, cuanto más estable el personaje, más aburrido el juego. Pato pone en peligro a su sim, lo lleva al borde del insomnio, deja que se le llene de moscas por no bañarse... pero se gana una guitarra. El juego se enriquece.

Yo saqué esa lección de jugar a "la vida simple". Que finalmente, ni jugando es simple.
Pero como al final me aburrí, me busqué un libro de CF y me hice unos mates.
Pato, también se aburrió al rato. La diferencia es que cuando se aburrió de jugar, se fue.

A seguir jugando.
Pensar que cuando era peque, la frase "estar en las nubes" era descalificante y peligrosa. Estás en las nubes en clase: tenés un uno. Estás en las nubes en la cocina: se hierve la leche. Estás en las nubes en la calle: bocinazo, el semáforo aún no había cambiado.

En la adolescencia estar en las nubes era más tolerado y tenía que ver con la ensoñación romántica el 99% de las veces.

Ahora estar en las nubes es no enterarte de que acaban de voltear a las torres gemelas (juro por Dios que me pasó) o no darte cuenta de que te pegaron un tajo en la cartera y se hicieron con tu magro salario.

Pero han aparecido en mi vida unas nuevas nubes, nubes de palabras que me enamoraron a primera vista. Me hablan, me hacen guiños, comparten su carga conmigo de inmediato. Han tenido su éxito, y su nombre estrafalario incluido, y su estampilla de ser muy dospuntocero. Patrañas, mis pobres nubes apalabradas.

Ellas son (suenen trompetas) las nubes de tags.

Niñas mimadas de los blogs de gente seria, que escribe sobre Tecnologia (sin tilde) o sobre Redes, o sobre cosas importantes como Marketing Viral o sobre cosas medio pajaronas como curiosidades en google.
Las nubes de tags nos revelan, a golpe de ojo, de qué va la cosa apenas entramos a un sitio o a un blog, de puro curiosos. A mí me han ahorrado tiempos enormes: miro la nube de tags y veo un enorme palabrón que destaca por ejemplo Conferencias... huyo velozmente y sin culpa ni pudor. Un sitio que tiene la palabra arte o diversión en su nube, me llama a permanecer. Y así...

Ahora, he dado un paso más. Me dispuse a usar la herramienta de las nubes de tags para que otras personas se sirvieran de ellas como lo hago yo: como referentes y disparadores de ideas, algo así como mirarle los zapatos a los caballeros (esa es una manía mía, que puedo hacer) o, cuando se está conociendo a una persona, fijarse en algún mínimo detalle revelador (no sé...si se sienta al borde o en el centro de la silla, si levanta la voz cuando cree que tiene razón, cosas de ese estilo)


Entonces inventé un artilugio bastante digno del rip, mix & learn que también es parte del estilo 2.0. Lo aplicamos por primera vez en un seminario para estudiantes de matemática, después lo usé en un curso de Internet y educación, y ahora lo estoy reciclando para evaluar una serie de talleres y ponencias.

Es así:

  1. Uso un formulario en googledocs para hacer las preguntas que originarán la nube

  2. Reúno todas las palabras recogidas en el docs, las ordeno (casi siempre con alguna herramienta tipo office, bueno, cualquiera que tenga una funcion "ordenar") y si algunas se pueden agrupar, las agrupo. Por ejemplo si aparecen las palabras: feliz felices felizmente pongo "felicidad" tres veces y ya. Ok, es un poco de canibalismo, pero así funciona mejor
  3. Vuelco todas las palabras en la web de TagCrowd y dejo que se forme la nube de etiquetas.
  4. Por último la capturo, a veces la coloreo (a veces no...) y la expongo donde se la pueda ver/admirar/apreciar/servir de puntapie inicial.
Aqui va una nube de muestra, tan sólo miren y ensayen respuestas... ¿a qué pregunta responderá?

vacíos

1:25 a. m. | 2 Comments

Las dos sillas están vacías.
Una, porque él no ha llegado.
Otra, porque ella se fue.
Entonces las tardes grises son más grises: porque él, que no llegó, no llega nunca, porque no trae su dulce carga de abrazos, su aroma de pan tostado, sus ojos de estrellas atardecidas.
Y porque ella no regresa multiplicada en oportunidades de volver a estallar de júbilo, porque ella no se repite en otras, porque ella se ha convertido en una mala sombra que engendra rencores rancios y empaña hasta la felicidad pasada.
Sobre el doble dolor se teje, con agujas de letras, un delgado hilo de comprensión.
Son almas las que hablan y sueñan, y comparan heridas, y suspiran su paralela soledad. Sus vacíos simétricos y opuestos se sientan largamente en las sillas heladas, y desayunan penas en una peligrosa rutina de simulación.
Ella que dice ya no te espero, pero miente y espera, mordiéndose los labios para evitar el derrame tóxico de su amor .
Él que se mortifica porque el amor no le sale ni juntando fuerzas para imitarlo. No miente, no hace falta: una afilada espina púrpura clavada hasta los huesos es el recordatorio.
Entre los espacios en blanco, caracoleando, se cuela un viento sucio y tibio. Trae más nostalgia, más ansias. No parece haber consuelo por aquí.
Se sufre por amar demasiado, se sufre por no lograr amar... Las sillas impecables siguen vacías, un eterno día en greyscale se abate sobre las almas.

Cerca -tan cerca- el rocío está besando con delectación de amante unas hojas tiernas.
Bastaría levantarse de la silla y estirar los dedos, sólo eso, ese breve gesto, y la primavera volvería a comenzar.
La diosa tecnología no habla español. Esa frase la leí, en mis tiempos de estudiante universitaria, en un apunte de política educativa. De Las venas abiertas..., de Galeano, sí. Me trencé a pelear un poco con el profe, quien luego sería mi colega y más tarde mi amigo. Que se pasan de xenofóbicos, hey. Que no se gana nada con cerrar los ojos. Que mejor aprendamos también inglés y en todo caso, metámonos en su terreno y ganémosle el punto desde adentro. Que me harta la huevada de que no pueden usar tecnologías porque las instrucciones están en inglés. ¡Si vienen llenas de dibujitos! ¡Las puede seguir cualquiera, che!


(Y me duró el enojo)


Hoy andaba buscando data sobre ese neogénero de escritura que se parece a los consejos de cocina de Doña Petrona, y que se identifica como "píldoras informativas". Y entre muchas cosas bastante entretenidas (en el paseo me olvidé del propósito inicial de la búsqueda, como suele suceder) me topé con un artículo que hablaba acerca del buen diseño o de las buenas prácticas en el diseño, que deben tratar de seguir las instrucciones para hacer algo.

Una píldora informativa acerca de las píldoras informativas.

Abordaba asuntos tales como si es conveniente que sea sólo texto, o sólo gráficos, si las instrucciones de ensamblado de un objeto conviene iniciarlas con la imagen del objeto completo, o si es mejor hacerlo "aparecer" pieza por pieza. Y más.

Criticaba algunos errores frecuentes al transmitir instrucciones (los cuales me parecieron, curiosamente, interesantes sugerencias didácticas) tales como dar conceptos por supuestos, omitir pasos en la descripción, o esperar al final para advertir lo que puede pasar de no seguir esa secuencia...
Y -frutilla del postre- una mención especial para un caso curios y práctico (así catalogado)

Se trata de un envase de medicamentos, de uso crítico para la salud, dirigido a una población con un alto índice de analfabetismo (iletrismo, dirían los puristas, ok)

Este dispositivo se utilizó (¡dicen!) para distribuír la ayuda humanitaria en Afganistán.
Permítanme la itálica de humanitaria, pero me sale de las tripas.
Se trata de un envase que habla. Le dice al paciente qué contiene el envase, cómo usar el remedio, con qué frecuencia, las contraindicaciones, los efectos colaterales, la fecha de vencimiento.
Para mi mal galardón el artilugio se llama Rex.

Ok, pero la idea es buena, admitámoslo. Más allá del costo (que imagino, alto) la idea tiene lo suyo. Pensemoslá para ciegos, por ejemplo. Para ancianos, que tienen dificultad para leer. Para iletrados, bueno, finalmente, también.
Este envase tenía un dispositivo que permitía ser escuchado en pashto, la lengua local de Afganistán. Grabada por una voz humana, con su tono afgano, para más datos.
Y creo que de fondo le ponían una musiquita que empezaba asi: Oh, say can you see by the dawn's early light... porque la diosa tecnología no habla español.
(Naa...esto último es mentira)
(Creo)
(Ups! Estoy dando ideas!)

El viernes pasado me compré (y el domingo terminé de leerlo...ay!) el último libro de Daniel Pennac, que se llama en español "Mal de escuela"

Lo compré porque era de Pennac, no porque hablase de escuelas (al mismo tiempo compré otros tres de la más diversa calaña...para compensar...jaja)

Chagrin d´ecole no sé si es exactamente "mal de escuela". Chagrin se parece más a "malestar" o "disconformidad" o "disgusto"

Un libro dedicado a los alumnos que la escuela considera un fracaso: los malos alumnos, los que no entienden nada, los que repiten de año, los que están sentados en la clase pero nunca "están" allí.
Daniel Pennac habla en primera persona, mezclando su exquisito manejo de la gramática (francesa!) con las anécdotas familiares totalmente creíbles o los minúsculos microcapítulos del libro (de menos de una carilla) donde se permite agregar una simple aclaración.

El señor Pennac era un mal alumno, un adoquín, un zoquete (como traducen al español su francesísimo "cancre") y nos cuenta su dolor y el padecimiento del mal alumno en el engranaje impoluto de un sistema planificado sólo para el éxito.
En su libro habla de su pasado de "cancre", de la desesperación familiar por su ineptitud, de los cuatro profesores que "le salvaron la vida" (¡qué inspiradores esos cuatro colegas!) del amor que lo lanzó hacia la posibilidad de la confianza y el éxito, de su preocupación luego, como profe, por esos alumnos "especiales", "duros", "zoquetes".
Habla con fe de sus métodos eclécticamente no convencionales, de los alumnos que lo reconocen por la calle, en bares, en aeropuertos, en librerías... Es vivificante leer su metamorfosis.

Habla, en cambio, con cinismo o tristeza confesa, de la Escuela de la República. Esa escuela pública, gratuita, académicamente rica y democratizadora que Francia levantaba como estandarte en Mayo de 1968.

Al respecto, Pennac dice:

"Mayo del 68 era un movimiento anticonsumista, pero cuando sus efectos fueron desvaneciéndose y la sociedad francesa adoptó formas más liberales, entonces irrumpió el consumo de masas también en la escuela. Los niños y los padres pasaron a ser clientes y consumidores. Y la escuela no tiene nada que vender. Imparte saber, transmite conocimiento, algo que es necesario pero que raramente se desea. Hoy muchos chicos parecen un escaparate al servicio de diversas marcas. Los que tienen libertad de espíritu respecto a esa clientelización de la enseñanza son los que saben resistir mejor los espejismos del consumo".

En el libro dedica un capítulo entero a hablar del discurso del marketing que travestido de nuevos lenguajes empuja, impregna, provoca y juega sucio para colonizar sin objeciones los -magros- tiempos de la escuela. "La escuela tiene que abrirse a la publicidad, pues esta terminará siendo un tipo de información, materia prima de la instrucción" Pennac escucha esa frase en un programa radial que aboga por liberar a los niños del "guetto escolar" (qué amables, qué modernos, qué buena suerte que están los marketineros para decirnos a los maestros que somos unos parias del sistema...)
Y no se trata del lamento borincano de un viejo profesor despotricando por lo mal que hablan los chicos, producto de escribir sms en código, o porque se han perdido las buenas costumbres de los viejos tiempos... diría que Pennac está justo en la vereda de enfrente de ese modelo. Bueno, yo también. No me espantan los adolescentes vagos para leer y diestros en los videojuegos, pero tampoco creo que son el prototipo de una nueva inteligencia.
Son, por el contrario, víctimas del chagrin d´ecole. Resignados o peleadores, son los pibes que bostezan con descaro o te miran con unos ojos que no dejan resquicio de duda: no te miran, no te oyen, no entienden un pepino de lo que estás hablando, "te dejan la cara y se van". Se aburren, se vacían, sufren el mal de escuela, pero sus profes también lo sufren.
Lo malo es que los profes se han olvidado
Se han olvidado de que un día ellos tampoco sabían.
No sabían cómo se reconoce un objeto indirecto, no sabían en qué año nació Kepler, no sabían qué función tenían los estrógenos (no, profes de ciencias, en serio, hubo un tiempo en que NO lo sabían!) y así...hasta el infinito.
El mal alumno, o el que está en la luna, o el que no avanza, o aquel que manifiesta o silentemente expresa que nuestra materia o especialidad le importa un rábano porque no tiene nada que aportar a su vida.... ese debería ser nuestro alumno ideal.
Así lo entiende también Daniel Pennac, que se queja de que los profesores han perdido el sentido de la ignorancia.
Me hizo acordar a un brillante consejo de Seymour Papert, que aconsejaba a quien enseñara a usar la computadora a otro ponerse en cuclillas a su lado. A su altura, mirando juntos la pantalla. No tomes el teclado por él, no le quites el mouse y lo hagas: sólo baja desde tu altura (en mi caso, el pedido es casi chistoso) y ubicate a la par. Y mientras lo haces, mira el problema cómo lo hubieras mirado cuando aún no sabías.

En síntesis, a medida que iba leyendo la transformación del "zoquete" Daniel Pennachioni en el profesor y literato Daniel Pennac, se me fueron apareciendo en frescas hileras de recuerdos algunos profesores y maestros que servirían de ejemplo para ambos extremos del péndulo. Tuve suerte: me acordé antes de los buenos que de los malos.
También el recuerdo de compañeras y compañeros de estudio estigmatizados como "malos alumnos". Me pregunto qué será de ellos hoy (mmm... deberé bucear en Facebook...jaja)

Un gusto precioso este libro. No le doy 5 estrellas porque sería un insulto al mal alumno que lo ha escrito. Le doy 4, pero las cuatro mejores, las cuatro que quiera, las cuatro que le marquen el norte dondequiera que esté.

Y unos links:
Aquí, una entrevista a Daniel Pennac acerca de este libro.
Una carta de Rimbaud a su maestro Izambard, devenido pronto en su mentor literario.
Otra entrevista, a Jacques Ranciere, filósofo marxista que rescató la figura de Jacotot, en su libro "El maestro ignorante"

El experimento

12:56 a. m. | 5 Comments

Estoy perdida
alejada
enganchada
seducida
ida
dejándome llevar por la corriente
soy un cornalito, sí, sí...
soy una más en esto
soy "amiga" de gente que no he tocado en mi vida
estoy en el torbellino

Soy juez -y parte- del experimento
(¿la doble condición anula su validez?)
Ando poco por mi propio blog...
Maldición....va a ser un día hermoso...!

Son los efectos de esta nueva droga
que llaman FACEBOOK


El experimento de enredarse en una red en la que todos los peces quieren ser capturados resulta, como poco, inquietante. A mí me ha reavivado atávicos miedos y curiosidades que creía sepultadas por la evolución...

Facebook me parece un monstruo a medio camino entre lo humano y lo tecnológico, tiene algo fascinante y aterrador la mezcla. Me siento un poco el doctor Frankenstein, un poco, no mucho, ya que la criatura muta a los saltos, día tras día, se devora lo nuevo y lo vomita convertido en muy otra cosa, naturaliza las declaraciones más humillantes como "tal y y tal han dejado en claro en Facebook que estan comprometidos" (y con un icono mínimo de corazoncito -el summun plus de la cursilería- Facebook declara que esa persona está casada aquí, porque aquí lo dice, y basta con eso, la palabra del usuario tiene categoría de ley....tiemblan las filosofías clásicas, mientras los lacanianos se regodean con las punzantes cadenas de significantes caídos....)

Braceo con dificultad por el mar atestado de nombres y de caras y de tests que no me interesan y de personas a las que no les importo pero "que quizás conozca". Me ahogo de a ratos, volviendo estúpida y porfiadamente a la orilla, prendida de un ancla que dice "inicio" y que me engaña con ilusión de libro del Génesis universal que lo explique todo. Trago saliva, trago letras, trago botones y clics, interminables, enrollados, sucesivos, solidarios con el nuevo tic que ostenta mi dedo índice. Me enfado, me fastidio, me divierto, me sorprendo, intento -sin el menor éxito- reducir mi tiempo en este sitio que no es ni siquiera un sólo sitio, sino una telaraña pegajosa y tentadora de nuevas puertas que abrir...

La mejor parte es que las neuronas se me desentumecen y se frotan, impúdicas y móviles, axón-dendrita, dendrita-axón, rociándose unas otras con delgadísimos puentes nuevos, casi que las siento crepitar y contarse micronovedades.... Piensa, piensa, conecta, teje ideas, veramarina, no es tiempo perdido...es puro goce y comunicación. Usar es comunicar, dice Alejandro, y la forma de uso es la poética de esta red...

Dice un antiquísimo proverbio que lo último que los peces investigarían sería el agua.

Y bien, bocones anaranjados koi, estamos un paso adelante de ustedes, pues. Nadando, flotando, mirando con deleite y susto, totalmente sumergidos en el experimento facebook.

Noticias de ayer

12:52 a. m. | 2 Comments

Del 16 de noviembre de 2008, hace innumerables horas y días, un post imperdible de Hernán Casciari.
No copio y pego nada, hay que leerlo. Vale la pena.
A golpe de clic.
...gozan de buena salud.
Así dice la famosa frase. Así lo he asumido en esta bella y soleada tarde.
La verdad, mi intención fue entrar a Blogger, colgar un cartelito simpático aqui que diga "BLOG LEGALMENTE ABANDONADO"

Me convencí de que los ciclos, y las rutinas de pleamar, bajamar...y que los procesos que se inician y se terminan...y de cuánta razon tienen los estudiantes de educación física cuando repiten ese latiguillo de "matar el juego antes de que muera"

Asi que: entré a darle muerte al blog.
Fría y siniestramente, ungida de todas las razones de la razón, que, lógicamente, el corazón no comprende.

Me sacudí de los dedos, con breves, precisos, estudiados, discretos movimientos ondulatorios, los polvillos de los posteos intimistas que me asaltan a veces, en sitios y momentos absolutamente no propicios.

¿A quién le importa si lo escribo o no? Son puras tonterías. Observaciones nimias. Conclusiones para una sociología de lo inútil.

Cuchillo-mouse en mano, silenciador en la boca de la pistola de teclas, entré de costadito por la puerta del fondo, pensando en ultimarlo de dormido, así, cobardemente, encogiéndome de hombros por las dudas, colgándome de los labios la expresión de "lo maté porque era mío"

Pero estaba despierto.
Y soñando.
Como un perrito faldero incapaz de traicionar, casi saltó de alegría al verme entrar. Ladino sentimentalismo, me hizo recular.

Entonces tomé los pinceles y las escobas, le pegué una barrida, le acomodé los colores, levanté las sillas caidas, hice cálculos sobre mi tiempo libre... de cambiar un poco, de qué se yo qué sarta de menudencias escritas.

Parece que el blog se ha portado como un buen amigo que olvida las pequeñeces y los rencores, y entonces la tarea me dio placer, relax, iniciativa.

No prometo mucho.
No prometo nada, mejor.
Pero dejaré abierta esta ventanita de mi mundo, por donde me entra aire fresco cuando necesito ventilar el espíritu.
Tanga era el nombre de una prenda de vestir que usaban los guaraníes. Específicamente, las mujeres guaraníes.
Era una pilchita mínima, dos triángulitos enfrentados que cubrían la zona genital y se ataban a los lados de ambas caderas. Hacía muchísimo calor, no era necesario abrigarse más. Infiero que el motivo de cubrirse no era la vergüenza sino alguna cuestión de la vida diaria: las mujeres trabajaban muchas veces en cuclillas en el suelo, y ciertas exposiciones podían resultar peligrosas. Los varones no llevaban ropa alguna.
(Bueno, imagínense el corolario de la historia después de la conquista: hombres y mujeres fueron obligados a "cubrir sus vergüenzas" con una prenda llamada tipoy, una camisola sin mangas, un rectángulo seguramente más incómodo, pero totalmente cristiano y civilizado)
En fin, la tanga era, sin discusiones, la ropa de vestir de las mujeres. Ropa exterior, si le cabe la clasificación.
Con el tiempo y la moral y las buenas costumbres, y el pudor y el recato y el qué dirán, la tanga fue quedando en la zona morbo-prohibida de mirar que era la ropa interior.

Y digo que era porque ya no lo es.

Ahora la ropa interior tiene una producción y una parafernalia de variaciones que elegir un conjunto de bombacha y corpiño te puede llevar una tarde entera.

Porque resulta que ahora la ropa interior está pensada para que aparezca con mayor o menor disimulo a la vista de todos. Hay remeritas de espaldas preciosamente unidas, y las niñas no se preocupan por cruzar igualmente las tiritas de sus corpiños, sino que las dejan asomar sobre los hombros como diciendo "¿ven? tengo corpiño abajo de la musculosa"
Las tangas se llevan todos los laureles en cuanto a exhibición, planificada o no. En conjunción con el pantalón de tiro bajo, las tanguitas multicolores y multimateriales asoman con impudicia aquí, allá y más allá. Y más acá (ay!)
El clásico juego perverso de los niños de hacerle a un compañero "calzón chino" nunca resultó más simple y a la mano. Niñas con tanga: calzón chino asegurado.

Y qué decir de la moda "sexy" para los varones de mostrar el elástico de sus calzoncillos. Especialmente los que tienen alguna marca top impresa o bordada en ese borde, se pavonean adelantando un pelín la cadera, en un gesto inequívoco de "jé. Qué marca de calzones estoy pelando, soy un ganador"

Lo malo de esas modas es que se diseminan y fluyen con un vértigo sorprendente, y a poco de andar vemos resultados vomitivos de la combinación "pantalón de tiro bajo/ tanga" y horribles culos caídos de los cuales sobresalen no solo los elásticos sino también medio calzón arrugado, que se apoya sin reparos en el cinto del pantalón de jean...
Chicos: mirarse al espejo, antes de salir de casa, please...
Pensar que no hace tanto, la admonición de nuestras madres y abuelas, el método infalibe para que accediéramos a darnos otra ducha o cambiarnos de ropa interior era: "Mirá si te pasa algo en la calle y tenés la ropa sucia...!"
O sea: que alguien te viera la bombachita o el calzón (y también las medias, claro está!) era una situación horrenda que sólo se podía justificar si uno sufría un accidente.
Recuerdo que más de una vez me preguntaba, con implacable lógica: "pero...si me pasa algo en la calle...si sufro, en efecto, un accidente... ¿qué importa si la ropa interior está limpia o roñosa...? Quién se va a detener a mirar si la tanguita blanca está impoluta o no?"

Pero, nada, no había caso: el prefantasma de la gente observándome con ojos desaprobatorios era más fuerte. Ma sí, me cambio...por las dudas.

Ahora pensamos qué ropa interior nos pondremos por otros motivos. Por ejemplo porque la misma debe combinar con los zapatos o con la vincha del pelo. Porque ha dejado de ser interior. Se convirtió en un cebo , en un distractor, en una etiqueta a la vista, en un portador de nuestra cédula de identidad, en un anticipo de nuestras costumbres sexuales.

Nos exponemos. Permitimos que las vendedoras nos humillen afirmando "usás push-up, no?"
Coleccionamos en la memoria cientos de imágenes de cientos de personas que desconocemos por completo, a las que les hemos visto el nacimiento de la -antes- pudorosa rayita del culo.
Elegimos los calzones de nuestros hijos varones mirando la estampa del elástico, en lugar de registrar a ojo de madre si el algodón es berreta o duradero.

Y digo yo, no es que dimos la vuelta completa, pero me gusta pensar que a la larga les ganamos la pulseada a los puritanos que obligaron a las bellas y frescas hembras guaraníes a esconder la tanga debajo de un vestido, dentro del cual, casi seguro pobrecitas, se morían de calor y sudor.

Ahí tienen, caballeros de la Santa Bombacha: está de nuevo al aire, haciendo de las suyas.
Tangas, tangas para todas.
Que asomen esas tiritas.
Y olé.

Ctrl + Z

2:43 p. m. | 2 Comments

-I-
Tal vez nunca nació. Tal vez siguió el consejo de su pragmática madre y estudió finanzas, y se olvidó de la lírica.
Puede que haya tenido un pequeño tropiezo en sus inicios, -digamos, una crítica inmerecidamente ácida- y haya desistido sin más.
Tantas fatalidades pudieron haber sucedido para que no se conozca a un poeta que estremece de emoción a los hombres simples y arranca suspiros de melancolía a las mujeres que sueñan amores verdeazules...

-II-
Ella estaba a punto de doblar en la esquina. En ese caso, él hubiera cruzado con ella una mirada oscuramente dulce, nocturna, espesa como miel silvestre. Ella, deshecha en susto y amarga premonición, hubiera escapado lejos, muy lejos, se hubiera hasta mudado de país por causa de los presagios de esos ojos lechuzos de quien un tiempo después fuese su inquisidor y su verdugo.
Pero siguió de largo. No sucedió ese instante que hubiera salvado su vida, y la de sus cinco o seis hijos soñados.

-III-
Al maestro se le ha metido la duda en las entrañas, ese tembleque de la incertidumbre, la fea sensación de estar cometiendo una injusticia al imponer un castigo al estudiante cabizbajo, de dedos entintados y mechones castaños en agitado desorden. Vacila sintiendo el peso de una culpa que –sabe bien- sobrevendrá. Y cuando está por despegarse el labio blanco, para dispensar la salvedad, escucha claramente, con masticada sordina, que el despeinado repite la frase prohibida con fastidio, con ira, con desparpajo, con provocativa torpeza.

-IV-
El grillo saltó hacia el pasto un minimicroinstante después de lo debido: las garras del gato lo capturaron con golosa maldad, para juguete del ocio de esa siesta.

-V-
Una gota de más en la mezcla, y el tono de la tela viró a un magenta brillante, sin vuelta atrás.

-VI-
Dije que sí, que lo haría, y ahora el arrepentimiento me da tres vueltas al cuello y se ajusta con firmeza de constrictor.
Dije que no, que no lo haría. Y ahora cómo regreso a este territorio de lo posible para intentarlo.

Sugiero al dios detrás de dios que mueve las piezas,
que considere la utilidad de un menú Deshacer

(no hubiera dudado)

Todos los que escribimos blogs mentimos.
Mentimos mentiras blancas, mentimos con audacia o con discreción. Mentimos con inocencia. Con incomodidad. Con alevosía.
Decimos, por ejemplo, que no importa si leen el blog tres mil personas o tres, que escribimos por otras motivaciones.
Que la ceguera de correr detrás de unas estadísticas se la dejamos a los papanatas de la televisión.
Bla.
Blabla...
Consuelo de escritor aficionado: autoconvencerse de las propias mentiras.
Digo la verdad en forma compulsiva”
Esto también es cierto de mí misma. Pero no por moral, sino porque no puedo evitarlo (siguiendo ese mismo patrón es que no fumo, es que no bebo: no es fruto de ninguna virtud, es que lisa y llanamente no me dan ganas de hacerlo…)
Digo la verdad en forma compulsiva, y de pronto la verdad es que me odio por descubrir que he dicho varias mentiras. Que las dije con tanta vehemencia que fui la primera en créermelas. Que no es cierto que no me importa si me leen o no: ¡claro que me importa! Y algunos lectores duelen en su ausencia más que otros. Y extraño hasta a los desconocidos. Y deploro que mi cansancio físico me arroje lejos de estos caminitos de letras.
Tengo la alegre desgracia de trabajar muchas horas en proyectos que me gustan casi tanto como si fueran recompensas en sí mismos. Trabajo y me divierto, trabajo: invento mundos. Trabajo y se me ocurren más motivos para seguir. Escribo cada día millones de noticias, redacto, ilustro, fusiono imágenes músicas, objetos, tenso hilos por donde las palabras echan a correr como locas filas de hormigas atareadas.
Transida de un cansancio sin resuello, me duermo –tarde, tarde, horrendamente tarde- cada día, y dos minutos antes del sopor del primer sueño, siento en los huesos la sabrosa marca de extenuación eufórica del día.
Entonces, algunas noches o madrugadas, con un vaho de culposa necedad, pienso en mi blog semiabandonado. Mi recreíto mental, mi gimnasio de neuronas, mi ventilación del intelecto educativo. Están creciendo yuyos en las esquinas del blog, y nadie viene a ver, y nadie asoma… y el que asoma ve que nada ha cambiado en semanas…
Los cibernautas son malos amantes (regalo esta sentencia, libre de impuestos, a la primera mujer recién llegada a la Red que lea esta página naranja) Malos amantes que no se aguantan la espera, que enderezan la proa hacia otros mares, que te mienten con infantil descaro, que te dicen que siempre te leen…
Me niego a fidelizar lectores con artilugios de marketing berreta (ah, pero si alguien lo hiciera por mí…) Nunca quise poner un contador de visitas (ahora que sé que me he mentido, entiendo que no lo hice para evitarle a veramarina una decepción…)
Pero como también caí en la cuenta de que todos los que blogueamos, mentimos….bueno, es que me sigo sintiendo entre colegas. Mudos, paseantes, envidiosos, anónimos, exiliados de sus microtiempos, cada cual en su cuadradito, párpados cenicientos que barren ojos enrojecidos, fugaces, veloces, sombras cibernéticas, pasan y no vuelven, jugando ese juego absurdo y cruel de nuestra infancia.
La mala sangre se espesa cuando, por el motivo que sea, doy con un blog que me parece francamente soso, o quemado de obviedades, cuando aterrizo en melosos hellokittysitios, rebosantes de poemas vulgares o en bitácoras tautológicas y replicadas, refritos en los cuales es imposible distinguir una idea original… y compruebo que tiene un tránsito de mensajes apabullante.
Claro, claro que me importa. Claro que me pone molesta, cómo no.
Por eso me puse a ver donde está la trampa. Porque un blog maravilloso y bien servido (como el del prrofesor Potachov, por decir uno) que reciba montones de visitas, excelente. Pero los otros, los demás millones de clones…. Debe ser un truco, eso dice mi intuición!
Bueno: que no es tanto una trampa, como una distribución sin equidad. Los bloggers más comentados son personas con muchísimo tiempo libre. ¿Y qué hacen, estos publicadores inquietos? Pues visitan otros blogs. Con devoción pueril, con un cuidado minucioso, visitan y firman, firman y visitan. Dan una ronda cada día más amplia. Esparcen la semillita de su nombre y no se sientan a esperar; siguen esparciendo. Después la recogen: una permuta in eternum va ligando los espacios de los visitadores-visitados.

Qué decir, es bastante interesante la trampa del buen Blogger. “Saluden a los vecinos” diría mi vieja, allá lejos y hace qué se yo cuantos años “porque es buena educación y porque nunca se sabe si un día los vas a necesitar

La trampa del buen Blogger había sido pura reciprocidad, como en los viejos tiempos.

Más arte

10:12 p. m. | 0 Comments

Esta es una foto que me autosaqué sin querer, probando cosas en la Mac Book, en el trabajo (en uno de los)
Me gustó porque salí con una cara que es mezcla de concentrada y sorprendida. Porque era tarde y estaba cansada, y probaba cosas a una sola mano (comprobable porque la izquierda la tenía ocupada sosteniéndome la cara. ja.)
Después le quité el fondo escolar y me saqué a dar una vuelta por la naturaleza. Me quedó linda, o más bien: me gustó así.
Y como ando artística ultimamente, aquí va:

Todo es arte

3:39 a. m. | 0 Comments

Este es uno de los tantos e-toys que pululan en la Web2. No es lo que se dice un Picasso, pero me pareció divertido hacerlo. Mis "arigatós" al joven japonés que se dedica a hacer bailar papelitos pintados en la red.

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