La torsión

Mi firma es como un lacito que se desarma en el aire.
"Parece un perro corriendo, profe" me dijo una vez un alumno "pero es linda"
Yo tomé un curso de psicografología que me encendió en los ojos una golosa atención, incapaz de sustraerse a anticipar algo de la personalidad tras cada firma, tras cada letra angulosa, filiforme o henchida.
Curiosamente, y aunque traté de "sanarla", mi firma ostenta un rasgo típico del sufrimiento amoroso, que en grafología se conoce como "la torsión". Sólo que la he disimulado bastante, y entonces toma el aspecto como de cierto arte de la filigrana. Duele la torsión, pero parece danza...
Diría mi amigo chileno, que es una vez más mi capacidad de ser creativa con el dolor...

Las formas malditas
De verdad renunciaría con todo gusto a la creatividad de mis modestos dolores de amor. Pero por algo no lo consigo. Intuyo que una vez que las probamos,drogas adictivas, no somos capaces de despellejarnos las manos para quitarnos estas formas malditas del amor entregado.
Habrá quienes aprendan de los malos tragos y logren endurecerse antes del siguiente magullón.

Habrá quienes se amargan la saliva y deciden volverse más cínicos o mas pragmáticos.

Los que practicamos -en el amor- la torsión con un diminuto regusto de belleza solemos revolvernos en una suerte de morbo masoca que nos empuja ciegamente, dañosamente hacia el motivo de nuestras penas y lloros.

Esto se lo conté al chileno también: tuve un novio que había cometido la torpeza de compartir conmigo su correo electrónico. Cuando me dejó, le mandé esos mails negros... densos... profundos... llenos de dolor y sangrando mis heridas... La respuesta fue silencio, y silencio y un poco más, atronadoramente: silencio.

Entré a mirar...ejerciendo una vez más esas formas malditas contra mí misma. ¿Y qué hallé? Nada digno de ser recordado. Salvo, el siniestro destino de mis mensajes: todos, toditos, todos en la papelera.
Yo me había esmerado en apretar la torsión de mis fibras cardíacas, destilando lo mas puro y refinado de mi pena...y él simplemente lo echó en la basura!
No me sirvió de nada ver ese paisaje, pero alcanzó para añadir algo de sal en la cortadura, para sentirme miserable y sin valor.
Y uno se ve así: sabiendo que no hay nada bueno en ello, apretamos la soga que nos ahorca, nos adherimos a la peor parte de lo que nos ha quedado en el canasto de la ropa sucia...

Placeres mínimos y la tecla Suprimir

Entonces...dónde empiezan los consejos? Aquí mismo, para mí misma: este es el año en que me propuse trabajar menos y tener efectivamente -realmente- tiempo libre.
Y no hablo de tiempo para aturdir la cabeza, para sentir un vértigo rabioso de "fin de semana". Sólo...tiempo de libertad: para hacer panqueques con mis hijos, para ir a tomar mate a la placita, para mirar libros en Corrientes, para dormir 14 horas si me lo pide el cuerpo, para el platito de empanadas con los amigos...
Para sentarme a escribir, por puro placer hedonista...
Para pasear por Internet, pero solo para divertirme...
Para emocionarme leyendo (o re leyendo) los mensajes de gente querida...Como dijo el mago Gandalf "no todas las lágrimas son amargas" y muchas veces es una forma de consuelo y humanizante alivio eso de soltar unas lágrimas por un sentimiento noble...
El otro sanísimo consejo es borrar las huellas que nos atan a las formas malditas del amor. Huellas digitales, claro, que las hay: las fotos, los mensajes, las muescas de sus sombras en la pantalla. Borrarlas, borrarlas sin demora, borrar los accesos directos que nos transportan a ese pasado, aunque nos lleven a un pasado feliz, porque en la línea siguiente reconoceremos el anticipo de la sombra que no supimos vislumbrar.Borra, arranca, elimina, desmaleza: duele pero purifica.
Quemar los puentes, porque por ellos sólo nosotros deseamos transitar. Los que nos dejaron se han ido hace ya tiempo y lo que allí queda para nosotros es solo el autoflagelo y la compasión de los idiotas.
He descubierto que las personas que no se atreven a amar con pasión y entrega, por mas que sean buenas gentes, terminan portándose mal con aquellos que los rodean y en especial -¡siempre sucede!- mucho peor con aquellos que los aman. Analizándolos mucho concluyo que la causa de esta conducta loca suele ser el miedo.
Miedo a involucrarse, miedo al esfuerzo de tener que "remar" para que la relación crezca, miedo a aburrirse, miedo a engañar, miedo a ser engañados....miedo ...miedo...miedo...
Y contra el miedo del otro no hay mucho por hacer. Sólo ponerle nombre. Y acaso ubicarlo en el estante que le corresponde: vos tuviste miedo, mientras tanto, yo me tiré al agua. Y bue..

La natación de los náufragos

Hay algo que no entiendo bien: por qué cuando uno sube un avión le explican todo lo que pasaría si el avión se cae? Eso por que no te lo enseñan al sacar el pasaje? Uno sube a un bote de paseo y el capitán insiste en que todos nos pongamos los chalecos salvavidas y fijemos la vista en los botes de emergencia, mientras replican la pantomima del hombre al agua buscando el silbato en su chaleco para pedir ayuda. Eso solo sirve para ponernos en pensar en la muerte, en lo feo, en la posibilidad del dolor inminente.
Estrategia civilizatoria al fin: el miedo te atornilla a tu asiento mejor que el cinturón de seguridad.
Los viejos marineros, los más sabios, repiten en cambio este refrán "No luches contra la mar, únete a ella"
Creo que si se le puede dar un consejo tranquilizador a un náufrago es que acepte su condición tratando de no desesperar, y se deje fluir. De nada servirán justo ahora, justo en el momento de la pérdida, del barco hundido, de lo irremediable, los pataleos e intentos de reflotar la nave.
El estilo más adecuado de natación de los náufragos es el menos elegante: hacer la plancha, flotar...calmarse para encontrar la aceptación. Titanic o canoa de astillas, pero hundido al fin ¿a qué sumar más llantos?
Mejor empezara practicar la alquimia, transformar el esfuerzo doliente, la frustración, la bronca, en una tranquilidad que nos energice. Para arrancar de nuevo. Si no hay tranquilidad no hay creatividad posible.
Al menos eso dice Krishnamurti.
Ese es todo mi secreto, querido amigo. Soy una maga rebelde con el gremio, que revela sus trucos y los comparte cuanto puede.
Si yo puedo sacar de mis dolores bellos párrafos o fuerzas sobrenaturales, todos pueden. Incluso usted, usted amable lector, usted fidelísima lectora, usted, de los ojos escrutadores.
Paradoja final
Para dejar de sufrir hay que sufrir un poco.
Es una extraña paradoja, pero curiosamente funciona.
Y para entender el amor, primero hay que entender el amor.

Si no se entiende a la primera vez, intentas una más.
Y una más.
Y una más.

Y así, hasta el final de tus días.

3 comentaron esto...:

Walter dijo...

Leerte.... que placer.... que dolor... no se que decir de la papelera de tu novio... pero yo te quiero sin conocerte... aunque tambien a vecer pueda elegir el silencio

VeRa dijo...

No se puede decir nada de una persona que elige no amar.
Es un derecho...y nadie puede obligarte a amar a alguien, puesto que el amor es como la Fe: sucede, o no sucede.

simplemente.

Gracias por leer

Anónimo dijo...

"para entender el amor, primero hay que entender el amor"

eso salió simple y profundo

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