Cito la cita de Savater, que me llegó vía el comentario de Leuma:

"Ten confianza en tí mismo. En la inteligencia que te permitirá ser mejor de lo que ya eres y en el instinto de tu amor, que te abrirá a merecer la buena compañía"

Lapidario y sin muchas vueltas, el consejo no sólo me asigna buen puntaje en inteligencia e instinto, sino que me obliga casi, a obtener buenos resultados en consecuencia.

Tener confianza es tener fe. Y la fe es un bálsamo exótico, una cualidad con pocos matices: se tiene, o no se tiene, sin grises. Entonces confiar en uno mismo, en sus instintos o inclinaciones, tendrá también ese talante blanco/negro.
Hasta lo de la inteligencia íbamos bien. Ya lo otro se me hace más espinoso.

Entonces, cuando la compañía que encuentro no es tan merecedora...será que no he seguido el instinto de mi amor? ¿O será que, al seguirlo, encontré justamente la compañía que me merecía, y que finalmente no es "tan buena"?

Me causa espanto esa posibilidad.

Cuando empecé a escarbar en la complejidad de estos asertos, de inmediato recordé la fábula de la rana y el escorpión. Ambos confían, ambos se arriesgan...ambos se ahogan.

Me parece escuchar razonar a la rana,cuando el escorpión le pide transbordo:
"¿Me crees loca o tonta? Te conozco bastante para saber que actuarás de un modo irracional y me envenenarás en cuanto la ocasión te sea propicia."
El escorpión argumenta a su vez: "No me conoces tanto! Confía en mi..! Necesito cruzar el río, y el agua me aterroriza... no te picaré! No soy suicida!"

Bueno, parece que el instinto de amor de la generosa rana le hizo merecer una compañía que aniquiló su propia vida. Aquí es la parte en que todos decimos que el escorpión fue un ingrato y un estúpido, y que la rana se pasó de ingenua. Pero dejamos la cosa ahí (¡total! que se ahogaron los dos!) y es justamente en ese punto donde deberíamos empezar a pensar: será que algunos actuamos siempre -ciegamente, románticamente- como crédulas ranas y otros lo hacen siempre como escorpiones ventajeros? ¿Cuánto de responsabilidad le toca a la rana por haber depositado su confianza en quien no la merecía?¿Cuánto al escorpión por no haber advertido que "su naturaleza" lo haría actuar de manera kamikaze? ¿Se podría pensar otro final para estos inevitables cruces de ríos?

Navegando por la red me encontré una interesante explicación a la conducta de los dos animalejos (está aquí)

También vino a mi mente el recuerdo de ese juego de la infancia que llamábamos "el muñeco de goma". Dejarse empujar, dejarse llevar, dejarse caer, confiar: ese era el truco para la diversión.

Si uno sentía miedo, trastabillaba y pum: se terminaba el juego.

Era lo mismo, ya veo.

Uno aprende todas las grandes lecciones en la infancia, pero solo puede entenderlas con el paso de los años.

2 comentaron esto...:

Leuma dijo...

Gracias por la referencia, es curioso porque hace un tiempo puse un post sobre "El otro cuento de la rana y el escorpión", justo con el enlace que pones tú basándose en la confianza-desconfianza y en el miedo. Quizá no te falló el instinto sólo quisiste tener lo inalcanzable o cambiar lo que la vida te ofrecía tal cual, Un beso

VeRa dijo...

Es que casi siempre las fábulas, tan cerradas ellas, tan moralinitas, tan ejemplificadoras....se me dan mal
Como la cigarra y la hormiga
La zorra y las uvas
La liebre y la tortuga
que se yo...
me ponen a pensar, pero de otra manera
Es que me identifico un poco con los defenestrados de las historias
Salut, Leuma, nos seguimos leyendo

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