Vi las dos escenas con diferencia de dos cuadras, y de unos pocos minutos.
Una era una nena como de unos seis años. Pálida, cabello largo, medias can-can rosas y botitas cortas. Iba de la mano, en medio de mamá y papá. Ellos iban atentos a su charla, medio metro más arriba.
La niña caminaba con los ojos deliberadamente cerrados. Lo hacía como un juego: lo supe por la sonrisa complacida en sus labios, por la forma en que sostenía las pestañas unidas, por la manera de adelantar un pie y luego el otro, disfrutando de esa sensación de estar a salvo, de andar por plena calle Corrientes con los ojos cerrados y saber que todo está bien. (He visto chicos que hacen algo parecido, caminando hacia atrás...)

Cruzando dos esquinas, también un grupo de tres personas: ella y él en los laterales, charlando en lo alto, y en medio un anciano tomado de sus manos, con paso endurecido y frágil, que avanzaba alternando el peso entre ella y él. Se detuvieron a mirar algo, un detalle, un sitio que significaba algo (yo solo vi un estacionamiento de autos en proceso de demolición, pero vaya a saber qué vio la memoria del viejo en ese mismo punto) Los dos escoltas miraron, asintieron, reanudaron la lenta caminata.

No sé qué conclusión sacar. No sé por qué mi mente unió las dos escenas. Si alguien tiene alguna sugerencia, que pase por caja.

2 comentaron esto...:

Valeria Roxana Rico dijo...

Vera: Llegué hasta aquí, esta vez, leyendo un artículo sobre el uso de la informática en educación, aunque ya te conocía virtualmente por Patricia Rexach, que tiene un link hacia tu blog. Trabajo con Patricia, y la admiro muchísimo.
Ahora, estoy admirando tu escritura. Te cuento que yo soy profe de filosofía,por lo que este post me llamó la atención porque me recuerda a la capacidad de asombro y admiración que menciona Jaspers como origen de la actitud filosófica. Pero acá va mi comentario, que por eso llegué hasta acá:

Tu mente, tus emociones, unificaron esas dos imágenes, por tu comprensión, tu capacidad de admiración ante las situaciones mínimas que son justamente las que le dan sentido a nuestros días. Descubrir la belleza de cuadros tan cotidianos como el que describís, requiere de la aceptación de los propios sentimientos, que muchas veces reprimimos por considerarlos superfluos. En las dos situaciones que nombrás se representan dos de las etapas de la vida donde necesitamos un otro u otros que nos acompañen, nos orienten, nos contengan: la niñez y la ancianidad. En realidad, creo que durante toda nuestra vida necesitamos contención, pero como adultos intentamos ser fuertes, contenedores, independientes. En la adultez contenemos a los demás, sobre todo a nuestros niños y ancianos. Pero también a veces necesitamos que nos abracen...
La nena que se dejaba guiar, tanto como el abuelo que cruzaba acompañado, necesitan de estas manos que orientan y acarician para poder seguir adelante. Por su futuro, en el caso de la nena; para disfrutar de la vida que nos queda, en el caso del anciano...

Te felicito por tu blog y por tu apreciación tan íntegra de la belleza...

Valeria Rico

VeRa dijo...

Patricia es mi hermanita...my sister...
Qué locos caminos tiene la red, eh?

Bueno, gracias por tu interpretación. Algo así había pensado... pero quería hilar más fino.

Volvé cuando quieras... me interesa mucho la filosofía.

(mi hija dice que seguirá esa carrera...el mundo está re loco, si señor... jaja)

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