Me reencuentro con la voz de Charly en el teléfono, por causas y azares, porque el trabajo nos amontona como hojas secas en pálidas esquinas, porque el tiempo te lleva y te trae, porque sí.

Como dice Benedetti , que
la política conduce a la cultura...nos contamos brevemente y sin muchos artificios nuestras actualidades.
Yo sé que Charly se reía de su mala suerte porque parece más adaptado el que se ríe. Sentí las astillas en el filo ronco de su voz.
Yo también me reí un poco, como Pierrot, como enseñan algunos Maestros orientales... me reí sin ganas y como por obligación. Recité los cuatro o cinco sucesos importantes de mis últimos tiempos, despojándolos de adjetivos para que se parecieran más a las noticias.
Pero de improviso, en medio de la risa y la ironía, se coló la frase "Nos engañaron vilmente, Verita...los que nos hablaron de la experiencia... los que aseguraron que uno se endurece con el tiempo... los que dijeron que aprendés a manejarte con el amor"
Nos engañaron vilmente.
¡Nos engañaron!
(Como aqui mismo...ven un cuadrado uds?)
Analizo y desmenuzo, no sólo la charla, también lo que la charla puso en movimiento en mi interior. Sé que es cierto: que no sirve la experiencia previa. En mi caso, al menos, no sirven ni siquiera mis propias prevenciones, mis autopromesas.

Sólo una amarga confirmación: he aprendido a confiar menos. Sí: yo que era la reina de la credulidad, la que abría la puerta de par en par, la que dejaba su agenda despatarrada sobre la mesa, la que elegía siempre la versión más cercana a la inocencia.
Me da pena -por mí misma- comprobar que esta es la lección que me va quedando.
Desconfiar.

Hay quienes aseguran que esta sensación que me nubla seguido la vista se llama "madurar". O se llama "principio de realidad". Si esta es la madurez de los que "realmente aprenden", no la quiero. Si madurar equivale a una anestesia de los afectos, con la añadidura de la desconfianza, elijo otra vez el sambenito de la ingenua.
Charly, que tiene una gracia especial para narrar sus desventuras, remata la cadena de confidencias con una frase memorable: "A mí me miran el culo y YA me duele...será que recibí tantas patadas...?"

La verdad, me arranca unas cuantas carcajadas. Si no fuese por ese sentido estoico y buena leche, ciertos momentos de la vida tendrían un patetismo imposible de sobrellevar sin devenir en seres vengativos, o resentidos o crueles.
A los que dijeron que el tiempo te endurece, un aviso: sólo es una apariencia. No te endurece nada. Mejor dicho: nada que valga la pena.
Mejor así, supongo. El día que sienta de veras el corazón de piedra, prefiero que me llamen a "entregar el equipo".
Qué joder.

4 comentaron esto...:

Anónimo dijo...

largá la chancleta Rexach y basta de sufrir...Que se apaga la luz...........

VeRa dijo...

Jajajaja

Usted tiene la mano en el interruptor, válgame dios y los santos evangelios??

qué juventú perdida...

Jonás dijo...

Me siento raro contestando a esos comentarios Vera, como estando desubicado, pero como diría Wright

"La juventud no es más que un estado de ánimo."

O algo así, no lo recuerdo textual. Tambien cierto tema de Arjona habla con filosofia impecable sobre el tema.

Espero no haber escrito fuera del margen :-S

VeRa dijo...

raro?
en internet sólo somos "alguien"

Está todo bien, tengo mi personalidad electrónica (dice mi hermano Hernán)

Será que la juventud es SOLO un estado de ánimo?
Mmmm...no lo creo.
La ingenuidad lo es.
Lo mismo que la pérdida de esa misma ingenuidad.
Qué pena tan grande (Sabina dixit)

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