
Escucho, acorralada por el espanto, las sangrientas nuevas que difunden, con una especie de morbo inconfesado y horrendo, los noticieros y los diarios.
Hablan de niños maltratados, muertos, sufrientes. Hablan de niños y de niñas que desaparecen en medio de una siesta de primavera y no reaparecen jamás. O reaparecen, sembrados como nieves tempranas, en agujeros, en fosas de vergüenza, en sitios donde no debieron estar nunca.
Mi hija se demora en volver y me consume el fuego helado de la angustia de pérdida. Cuando llega a casa, presa de una emoción que es noventa por ciento susto, le grito, la asusto, le vaticino espantos y dolores.
La encuentro llorando momentos más tarde.
Se parece tanto a mí, me sobresaltan esos instantes de reconocimiento. Dice entre mocos y lágrimas
"¿Por qué nos tocó vivir en un mundo así?"
Quiero abrazar a mi hija, a mi hijo, a todos los que son hijos míos en mi corazón, quiero guardarlos de las amenazas de ese mundo donde existen personas siniestras...quiero que desaparezcan los violentos, los que convierten las veredas en peligros, los que convierten los caramelos en veneno, los que convierten el amor en un festín de sangre...

Pruebo a poner "niños" en el buscador de imágenes del Google y una nueva cachetada se suma a las de las noticias: mas de la mitad de las fotos de "niños" son niños que padecen: en guerras, en países pobres, niños lastimados, desnutridos, victimizados, golpeados, abandonados, castigados, sucios, vulnerados...usados como bestias de trabajo, como carne de cama y como blanco del disparo de la perversión.
En mi cabeza está Maná cantando con voz lastimera:
Y hoy me pregunté después de tanta destrucción ¿Dónde diablos jugarán los pobres niños?
Ay! Ay Ay! ¿En dónde jugarán?
Se esta pudriendo el mundo ...Ya no hay lugar