...y cuando nos cruzamos, casi por azar y él preguntó que cómo había estado, tanto tiempo, una parte de mí quiso decirle, en un lúcido rapto de honestidad y ternura, que lo seguía extrañando.

Sólo eso.

Pero en cambio dije que bien, que muchas gracias, que yo también me alegro y cosas así.

La cortesía es una forma desdichada de ser cobardes.

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