René

12:03 a. m. | 4 Comments

Ok: será ahora mismo.
Llevaba mucho tiempo planeando escribir aquí sobre René.
Un hombre que pude conocer poco, pero que supe apreciar casi enseguida.

René tiene 76 (quizás ya 77? qué pena, no me acuerdo su cumpleaños...) cuatro hijos, muchos nietos, un taller donde sabe hacer casi de todo, una curiosidad envidiable y unos ojos muy lindos. Tiene una mirada compleja, que según cómo la enfoques, te puede parecer de cariño tanto como de desaprobación. Cuando René habla, mecha palabras en alemán y a veces en francés, y como le sale recontranatural, en él no parece esnobismo.
Cuando era joven, me contó, remaba mucho. Ahora lee mucho, y mira esos programas con cosas de ingeniería, que a él, al ingenioso, le parecen comprensibles y amenas.
Yo sé que un día René leyó mi curriculum que estaba por ahi, a la salida de una impresora. Lo leyó con detenimiento, me imagino. Quizás analizando, quizás imaginando qué tipo de persona describían esas páginas con datos. No dijo mucho, pero sentenció "No ha perdido el tiempo"
Caray, curiosamente, pocas veces han elogiado así mi seguidilla de estudios u ocupaciones.

René sabe de matemáticas y de tazas de té. Sabe lidiar con el torno y prepara unas tostadas que te curan en salud. Sabe decirte cómo viajar de acá hasta allá, y de ahí hasta más allá, sólo dale 5 minutos y te traza el itinerario.

Una tarde yo llegué a su casa y lo ví encaramado en el techo, limpiando las agujas de pino que tapaban las canaletas y causaban goteras. Me dio vértigo verlo en las alturas y pregunté por dónde iba a bajar. Por la escalera, dijo previsiblemente. Y de buenas a primeras, y calzando mocasines nomás, se aferró a las varillas de hierro como buen marinero, y empezó a descender como si nada. Sentí admiración y miedo, miedo de que algo saliera mal, miedo de que René se lastimara. El miedo me despertó, como en cascada, los demás sentimientos.
Me di cuenta de que veía en él a un padre que me hubiera gustado tener.

Y eso que no hubo abrazos, ni regalitos, ni confidencias. No sé, son cosas que te pasan, que están allí servidas en tu mesa, como pancitos horneados por el azar, como piedritas en el camino de regreso a alguna parte...

El última día que nos vimos "oficialmente" con René, yo estaba rota en pedacitos de lágrimas, y era de noche, y oscuro. Por una suerte de estupidez pudorosa, por sentir vergüenza de estar sufriendo, por escapar a esa última humillación que consiste en que otros vean tu pena, me oculté de su rostro (y de su mirada escrutadora). Igual se dio cuenta, quizás sabía que era el día del adiós, quizás estaba sobre aviso más que yo...

Cambiamos pocas palabras, y un segundo antes de salirme de su vida, él dijo "Podés contar conmigo, siempre"

Cierto que mucha gente dice esa frase.
Cierto también -ambos lo sabíamos- que no haríamos uso de ese salvoconducto nunca más.
Sin embargo, fue dulce en decirlo.

Vamos, como sea, me debía las ganas de escribir sobre René.
Me lo cuento a mí misma, pues es probable que él nunca vea estas torpes letras.
Y no es que necesite recordarlo. Uno no recuerda a quienes no ha olvidado.

Es que algún día iba a ser el día de René. Que sea hoy. Salud, Renecito. Auf Wiedersen

4 comentaron esto...:

Anónimo dijo...

Ups...
Hacía tiempo que no pasaba por estos lares.
Buena descripción del tipito.
Beso
H.H.

El Griego dijo...

Buenas y Santas, Vera.

Me quedé cavilando en tu post... Pero ya se sabe que no todo lo decible es conveniente... Como siempre, un placer leerte. Me tome la libertad de vincular tu pagina con mi blog, se que otros disfrutarán como yo de leerte.

Hasta mas ver, Vera.

VeRa dijo...

Qué puntería la suya, H.H.

No le diga tipito, che, más respeto que podria ser su padre.

VeRa dijo...

Epa Griego!
Gracias...
Voy a mirar....(la curiosidad mató al gato...jejeje)

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