Puede que haya hecho lo suyo la noche, destemplada, húmeda, agridulce...
Puede que el mutuo sentimiento de comprensión.
Puede que muchos eventos se hayan sumado, imperceptibles o evidentes. La conjunción de los planetas, o el sinceramiento de las emociones.
O la casualidad, o el deseo.
La crónica dice que hubo besos y chocolate, que hubo palabras de profundo entendimiento, que hubo un nudo en una garganta, y manos que buscaron caminos, caminos conocidos, que increíblemente parecieron renovados.
Que ella pensó y lo dijo -¡cree que lo dijo!, no recuerda bien, estaba algo mareada- que le gustaba ese estado de confianza, casi más que el chocolate y los besos. Ella dice que el día siguiente caminó todo el tiempo con esa impresión dulce y ardiente en la memoria, en la piel, en las yemas de los dedos. Pero fue sin angustias, sólo con la concesión de una tierna añoranza. Y que se acordó persistentemente de ese chiste de su amiga Lala "¡Dios! ¡Gracias por hacerme cuerpo!"
.:.Los ángeles se pierden las noches de buen sexo. Pobres..:.

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