Memoria digital: cruel compañera. Me arroja sobre un archivo del 6 de febrero, sobre una charla de MSN. Tiempo de filosofía a la fuerza, Heráclito y Parménides y su corte de locos seguidores. Ese día K.A. estaba desolado y presentó su renuncia. Dijo no puedo más con esto, yo me rindo, yo no voy a poder y por qué a mí. Yo argumenté con todas las razones que tenía a mano, forcejée un buen rato con su desánimo hasta que entendí que la razón no servía de nada.
Entonces (gracias, memoria digital, extensión de mis axones más allá de lo físico) narré para K.A. una metáfora más o menos así:

Un amigo me regaló esta idea: es que uno va por la vida como por un río. La vida transcurre remando por ese río. Hay gente que rema a favor de la corriente (porque su camino es hacia allá)
A otros...nos toca remar contra corriente (porque nuestro norte es otro)
Entonces aunque uno piense "mierda, qué difícil es la vida para mí!!" lo cierto es que ESA vida es para todos el mismo y único tiempo.... el mismo y único río... y aquí estamos: JUNTOS en este mismo río.
De a ratos (como ahora, 6 de febrero de 2007) se vuelve torrentoso, y turbulento, y uno que encima va contracorriente putea en veinticinco idiomas. En esos momentos aparece la idea de renunciar, de dejar de sufrir ese esfuerzo, de sacarse el peso, la obligación...
Pero también, llega un día en que la vida cambia. El río tumultuoso se serena... sobreviene la quietud, la dulce calma. El tiempo de revancha.
Cuando eso pasa, los que siempre navegaban con el apoyo de la corriente, ahora, en la mansa tersura estática, avanzan poco y nada. No saben avanzar si no es dejándose arrastrar...
En cambio, los que nos partimos la espalda tratando de sostener el botecito durante el revolcón, los que hicimos el aguante, río arriba, como el salmón...ahora que las aguas se inmovilizan... ah, qué serena paz... nuestro remo hiende el agua y avanzamos el doble que aquellos que iban simplemente dejándose llevar por el devenir.

El punto, entonces, será no desesperar cuando las aguas se agitan: sostener, bancar, ponerle garra. El truco de los que vamos río arriba es fortalecernos.
Y cuando está todo calmado, remar. Y cuando arrecia la tormenta, remar. Avanzando mucho o sólo resistiendo: remar, remar, seguir remando. Nunca renunciar.
Hasta la victoria siempre.

Dedicado a K.A., que ese día no se rindió y hoy es victorioso. Y a mí misma, por contarle esta historia, que quiso darle animos para seguir remando.

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