Y entonces, como quien despierta de golpe de un largo sueño, caés en la cuenta.
¿Los besos no eran sólo para el fin de semana?
¿Entonces había también besos dulces y embriagadores para los lunes, para los jueves, para los viernes al mediodía?

El alma no lo sabía en concreto, pero estaba ya harta de los besos impúdicos de sábados de trasnoche, cansada de besos furtivos, mezquinos, sucios...
Pero en el frío nocturno del martes, se abren de pronto, como una hendija imprevista por la que se cuela el sol, los labios que traen sus besos de mitad de semana.
Peligrosos. Tentadores. Llenos se sentido. Amorosos. Lúcidos. Ricos. Atados de pies y manos.
Besos que creíamos que ya no merecíamos disfrutar.
Besos que veíamos prodigarse a los otros, en esos tiempos de autocompasión en los que todo lo bueno pasaba a nuestro alrededor, sin detenerse...
Voy a dormir con el sabor de estos besos, con una inocencia que, por suerte, vuelvo a estrenar por enésima vez.

4 comentaron esto...:

Anónimo dijo...

Peligrosos, tentadores,¡¡ de donde sacaste...atados de pies y manos!!
Indudablemente tienes el don de poder traducir en palabras, entre otras cosas, aquellos actos que para el común de nosotros, son solamente eso, contenidos sin un continente expresable.
Gracias por permitirme leerlo.
H.H.

carlitos dijo...

me encanta... quizas tengamos conexion (11 besos...)

VeRa dijo...

EY HH!!!
solo "leerlos"?

(carays!)

VeRa dijo...

kien será ese Carlitos de los once besos?
Vaya ke numero mas estrambotico!

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